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Posts Tagged ‘Viaje al pasado’

Kung Fury (David Sandberg, 2015)

17 diciembre 2015 1 comentario

Kung_Fury-771388099-largeKung Fury‘ (David Sandberg, 2015) es un loco cortometraje financiado mediante crowdfunding que mezcla todo lo que fascina a los que se han criado con el cine de los 80, así que los viajes en el tiempo no podían faltar.

Lo cierto es que la película no se trabaja en exceso el modo de viajar en el tiempo. Así, el protagonista (y otros personajes) viajan en el tiempo a través de unos extraños portales que aparecen frente a ellos, uno generado mediante un ordenador con tecnología de los 80 y otro creado por el martillo de Thor.

Estos portales (como mucha de la ciencia ficción) deja de lado la ciencia para viajar al futuro; pero si quisiéramos darles una explicación podríamos decir que son entradas a agujeros de gusano que conducen a otro punto concreto del espacio-tiempo. Serían entradas microscópicas a agujeros de gusano microscópicos (que sí podrían existir y servir para viajar en el tiempo) expandidos y hechos practicables gracias a energía, bien sea la generada mediante el ordenador de Hackerman o por el martillo de Thor. Se trata de dos fuentes de energía distintas que emularían a la que sí serviría para hacer practicables los agujeros de gusano: la materia exótica que, hasta el momento, sólo es una teoría bastante válida; pero que no ha podido comprobarse.


Acabar con el Kung Führer

Pero en la ciencia ficción, lo interesante suele ser lo que hacemos con los viajes en el tiempo más que la física real de estos viajes. Y aquí tenemos uno de los clásicos del viaje en el tiempo: matar a Hitler. Eso sí, un Hitler bastante especial.

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¿Pero quién viaja en el tiempo y por qué? Pues la cuestión es que Hitler ha viajado a 1985 y ha matado al jefe de policía y a varios agentes. ¿Qué busca? Busca a Kung Fury, un policía que resulta ser el elegido para dominar el más alto Kung Fu. Hitler (en la película un maestro del Kung Fu) está obsesionado con ser el elegido y ha viajado al futuro para matar a Kung Fury y convertirse en el nuevo elegido. Más tarde ya veremos cómo sabe quién es y dónde encontrarlo. La cuestión es que Kung Fury decide viajar a la Alemania nazi para acabar con Hitler antes de que éste viaje al futuro y cometa los asesinatos.

Ya tenemos dos viajes en el tiempo, que se convierten en tres cuando el primero de Kung Fury sale mal y en vez de viajar 40 años al pasado viaja 1.000, a una extraña era vikinga (sí, aquí es donde intervendrá Thor para ayudarle a hacer el viaje correcto).

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En el pasado, y con la ayuda de Thor, su compañero Triceracop, dos vikingas armadas con metralletas, un tiranosaurio y Hackerman transformado en robot (sí, así de loco es todo en ‘Kung Fury’), el protagonista lucha contra los nazis y, finalmente, Hitler sucumbe (bajo su águila gigante dorada) aplastado por el gigantesco martillo de Thor.

La cuestión es que al levantar el martillo no hay nada. “¡No ha quedado nada!”, dice Triceracop, a lo que Kung Fury responde: “lo importante es que ya no está”, obviando lo que parece un simple error o cosa inexplicable como muchas veces hemos visto en la serie B y en mucho cine de más categoría.


Regreso al futuro

Pero no es sólo una casualidad o un guiño a los agujeros de guión. Sino que más tarde, de nuevo en 1985, tras ver una escena con el protagonista que ya hemos visto al principio de la película (hemos vuelto a aquel momento) y que vuelve a suceder igual, vemos a Hitler y su águila aparecer desde otro tiempo de una forma que (como cuando le hemos visto aparecer al principio de la película) hace referencia directa a la llegada temporal de la saga Terminator. Pero, ¿qué hace Hitler ahí?

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La cuestión es que el golpe de martillo de Thor es lo que ha enviado a Hitler a 1985. Le hemos visto llegar un par de días antes de la primera vez que le vimos en el presente al principio de la película. ¿Ha vuelto al futuro otra vez? No, se trata de la primera vez que viaja al futuro. Dos días después, matará al jefe de policía y Kung Fury viajará al pasado.

¿Cómo, si no, había conseguido viajar en el tiempo Hitler? El viaje al pasado de Kung Fury para matar a Hitler tras verlo en 1985 es lo que ha hecho que Hitler pueda viajar a 1985. Kung Fury le explica a Hackerman antes de viajar quién fue Hitler y que, misteriosamente, desapareció en cierto momento de los años 40. Así fue como desapareció, viajando al futuro. Lo que no sabía Kung Fury es que su viaje al pasado para matarlo antes de que viajara al futuro es precisamente lo que haría que viajara al futuro.

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Este final deja la posibilidad para una secuela, pero también nos presenta un bucle eterno que se irá repitiendo una y otra vez. Un bucle que se basa en la paradoja de la predeterminación (o predestinación) por la que nada tiene un principio y origen claro, sino que todo es cíclico y un acto del futuro provoca uno del pasado que provoca uno del futuro que provoca uno del pasado que… y así eternamente, ya que es necesario que siga el bucle para que todo sea consistente, puesto que ambos eventos son causa y consecuencia entre sí.

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El día en que los viajeros en el tiempo dejaron plantado a Stephen Hawking

14 diciembre 2015 1 comentario

Stephen Hawking ha reflexionado mucho sobre la posibilidad de viajar en el tiempo y ha cambiado de parecer a lo largo de los años. Más allá de las distintas teorías al respecto que ha formulado, como la Conjetura de Protección de la Cronología (de la que ya hablaremos otro día), Stephen Hawking hizo un curioso experimento hace unos años para comprobar si algún día existirán los viajes en el tiempo (al pasado).

A Hawking se le ocurrió una divertida idea: organizar una fiesta para viajeros en el tiempo. La fiesta se celebró el 28 de junio de 2009 en la Universidad de Cambridge. Estaba todo preparado: una pancarta para dar la bienvenida a los viajeros, canapés para todos, champagne, globos… pero nadie acudió, sólo Hawking. Y es que no había invitado a nadie. La fecha y el lugar de la fiesta se dieron a conocer al día siguiente de la celebración. La idea era que, tras anunciarla el día 29, si un viajero en el tiempo quisiera acudir podría hacerlo sin problemas viajando al pasado para charlar con él entre canapé y canapé. Pero la fiesta fue un fracaso, Hawking se quedó sólo, nadie viajó al pasado para ir a su fiesta.

Eso llevó a la conclusión de que los viajes al pasado no existen. Se trata de una versión particular de la Paradoja de Fermi, que nos hace preguntarnos, que si hay vida extraterrestre inteligente y tecnológicamente avanzada, por qué no hemos tenido aún conocimiento de vida en otros planetas. En este caso, si algún día llegan a existir viajeros en el tiempo, ¿por qué ninguno viajó al pasado para asistir a la fiesta?

hawk2Lo cierto es que su experimento no pudo confirmar la existencia de viajeros en el tiempo. Pero sólo con esta pequeña prueba (sin demasiadas pretensiones por parte de Hawking) es precipitado sacar la conclusión de que no existen los viajes en el tiempo, claro. Podríamos pensar, simplemente, que ningún viajero en el tiempo se haya enterado (ni se enterará) de que la fiesta tuvo lugar… o que estos viajeros no quisieron asistir por una u otra razón.

Obviamente, cuando Hawking dio a conocer la fiesta, él ya sabía que nadie había asistido. Pero tenía que anunciarla de todos modos, porque sino lo hubiera hecho esa hubiera sido la razón del fracaso de su fiesta.  

Las conclusiones de este experimento no han ido más allá, era más un juego que un verdadero experimento. Pero no era un mal intento para descubrir a un viajero en el tiempo. En el fondo, a Hawking le hubiera gustado equivocarse en sus teorías y que alguien hubiera entrado por la puerta aquel día de verano.

O quizá si acudieron a la fiesta y Hawking se lo calló…

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Cinco días para morir (Miniserie, Sci Fi, 2004)

11 diciembre 2015 Deja un comentario

Cuando vemos en el cine o la televisión un viaje en el tiempo, lo que estamos acostumbrados a ver es a alguien (bien el protagonista o el antagonista) viajando en el tiempo. Sin embargo, en la miniserie ‘Cinco días para morir’ (dirigida por Michael W. Watkins en 2004 para el canal Sci Fi) nadie viaja en el tiempo. Ninguna persona. Y es que lo único que viaja en el tiempo aquí es un misterioso maletín.

Es obvio que alguien ha enviado en el tiempo ese maletín, así que se trata de un viaje igual de interesante o más que en otras ocasiones. ¿Quién lo ha enviado? ¿Cómo ha conseguido enviar algo a través del tiempo? ¿De qué año viene? ¿Para qué lo han enviado? Lo que no nos preguntamos es a quién va dirigido y qué lleva el maletín, porque eso queda claro al principio y es lo que detona la trama.

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El misterioso maletín va dirigido al profesor de física J.T. Neumeyer y aparece junto a la tumba de su mujer mientras la está visitando con su hija el día del aniversario de su muerte. El maletín lleva el nombre del protagonista, así que decide quedárselo. El maletín (de metal, muy moderno) tiene clave, una clave que resulta ser el la fecha de la muerte de su mujer.

La cuestión es que tras acertar con la clave, Neumeyer ve que el maletín lleva dentro un expediente policial. Pero no uno cualquiera, sino que el maletín contiene el expediente de su propio asesinato, que tendrá lugar cinco días más tarde. ¿Cómo puede estar ahí un expediente de un crimen que aún no se ha cometido? Neumeyer primero pensará que es una broma pesada, pero la teoría de que ha llegado desde el futuro irá cobrando fuerza.

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¿Cómo certificar que un archivo con información viene del futuro? Sin duda, esperar a que lo que dice en él tenga lugar. Pero si la información es tu muerte… mejor no esperar. La cuestión es que muchas de las cosas que dice el archivo no cuadran. En las fotos del archivo, Neumeyer lleva un abrigo que no tiene y conduce un coche distinto al suyo. Además muere en un club de striptease en el que sería raro verle. Pero las dudas le llegarán cuando le regalen un abrigo como el de la foto y la compañía de seguros le de un coche de sustitución como el de la foto. Inesperadamente, todo empieza a indicar que ese maletín viene del futuro.


Cambiar la historia

¿Es el futuro inmutable? ¿Podemos cambiar algo que va a pasar si tenemos información suficiente? Esta es la pregunta clave que trata la serie y algo que los físicos y los teóricos del viaje en el tiempo se han preguntado mucho. Muchos han negado tajantemente que se pueda cambiar el pasado diciendo que no se puede viajar a él. Y muchos de los que han aceptado que es posible viajar al pasado, aseguran que algún tipo de fuerza cósmica nos impediría cambiarlo.

Y así mismo piensa un alumno del protagonista, un genio de la física. Él no dice exactamente que no se pueda cambiar, sino que todo ha de suceder como sucederá (o, podríamos decir, como ya ha sucedido en el futuro). Y si no es así, si lo lográramos cambiar, tendría lugar un desgarro en el espacio tiempo que sería terrible.

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Lo del desgarro terrible en el continuo espacio-tiempo es muy de ciencia ficción, pero no queda nada claro en la ciencia real. La posibilidad de modificar la historia (en el caso de poder viajar al pasado) dependerá de la propia estructura del espacio-tiempo y, por tanto, del paradigma que aceptemos como válido. Si vivimos en una línea temporal única e inmutable, será imposible; si esta línea única se puede modificar, se podrá cambiar, pero habrá que enfrentarse al temible efecto mariposa (de ahí el desgarro terrible), y si aceptamos la teoría de las líneas temporales alternativas… podremos cambiarlo, pero sólo en una de ellas.

Así, la lógica y la ciencia nos dice que puede que viajando al pasado no podamos modificar el presente del que venimos, pero nada debería impedir cambiar el futuro desde nuestro propio presente. Así, detrás de un recorte de presa del archivo en el que habla de su muerte, Neumeyer ve otra noticia no relacionada, la de un gran árbol que caerá por una tormenta matando a una mujer y a su perro. Esa es la gran oportunidad que tiene el protagonista para averiguar si el futuro es mutable: si logra evitar eso, también podrá evitar su muerte. Y así es, lo evita, lo que hace que se tranquilice.


El pasado se resiste a ser cambiado

Pero como hemos visto en películas y relatos, el pasado se resiste a ser cambiado. Así, un día después de haber salvado a la mujer del percance con el árbol, ésta muere en un accidente. La historia se ha equilibrado. No ha muerto de una forma, pero lo ha hecho de otra. Si de esto sólo ha podido cambiar las circunstancias pero no el hecho en sí, poco parece que pueda hacer con su propia muerte.

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La serie trata poco más las implicaciones del viaje en el tiempo y sus cinco capítulos van del profesor intentando evitar llegar al punto que dice el archivo y evitando a uno de los sospechosos de la lista de la policía, un mafioso que resulta ser el exmarido de su novia. Entre éste, que pondrá su vida en peligro; su hermano (del que hablaré después), que también tendría razones para matarle, y su alumno, que hará lo que sea para que no se desgarre el espacio tiempo, todo indica que sí va a morir. Al final, y aunque intenta evitarlo, el protagonista acaba en el club a la hora que decía el archivo; pero tras varios hechos que no describiré, se salva. Consigue cambiar el futuro.

Aquí llega la parte más ‘fantasiosa’ de la serie, un detalle tomado de ‘Regreso al futuro’ y otras películas de viajes en el tiempo. Tras salvarse, el archivo (con sus fotos, documento y recortes de presa) ha cambiado y ya no es de su muerte, sino de la muerte del policía y el mafioso que mueren en ese club en vez de él. Sí, el futuro ha cambiado, pero de ahí a que lo ya impreso y que ha viajado años en el tiempo cambie por arte de magia y lo sigas teniendo… hay un gran trecho que ningún científico avalaría. Pero, sin duda, es un buen recurso cinematográfico para mostrar cómo ha cambiado el futuro.

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Así, la serie concluye que el futuro no es inmutable y que con suficiente información sobre él, pese a que se resista a ser cambiado, se puede modificar. Pero, para ello, ha hecho falta un viaje en el tiempo. ¿Cómo ha podido suceder? ¿Quién lo ha enviado? ¿Desde cuando?


Un ayuda del futuro

Al final, concluyen los protagonistas que el maletín lo ha mandado desde varias décadas en el futuro (el papel es viejo, la marca del clip es de muchos años…) la hija del protagonista, cuyas iniciales son las mismas que las de él, así que pertenece a ella en el futuro. Pero, ¿cómo lo ha hecho? ¿Qué tecnología ha utilizado esta niña/mujer que también será física teórica?

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La serie no lo explica, pero un detalle sobre el maletín nos puede dar una pista. El hermano del protagonista, que también es científico, analiza el maletín y descubre que está hecho de nanotubos de carbono, una tecnología en la que ya se está trabajando en la actualidad, pero a la que le faltan muchos años para ser realmente eficaz para construir objetos útiles (el hermano del protagonista querrá ganar dinero utilizando la retroingeniería y patentando la tecnología con la que está hecha el maletín, algo a lo que se opondrá el protagonista y que pone en su contra al hermano).

La cuestión es que es más que aceptable que cincuenta años en el futuro los nanotubos de carbono ya sean algo habitual y que el maletín esté hecho así. No hay ninguna teoría concreta que relacione el manejo de esta tecnología con los viajes en el tiempo; pero un avance tan importante podría traer otros consigo que podrían cambiarlo todo.

Superman (Richard Donner, 1978)

3 diciembre 2015 3 comentarios

Superman-1978La película ‘Superman’ (Richard Donner, 1978) nos presenta uno de los viajes en el tiempo más curiosos, originales, naif e imposibles de la historia del cine. Y es que Superman, destrozado por la muerte de Lois mientras él trataba de salvar el mundo, entra en cólera, vuela hasta el espacio exterior y empieza a dar vueltas a la Tierra en sentido contrario al de la rotación del planeta.

Esto hace que la Tierra frene y, finalmente, que gire en sentido contrario. Al girar en sentido contrario, el tiempo empieza a ir hacia atrás, las presas destrozadas por los misiles de Lex Luthor se recomponen, el coche de Lois sale de la grieta y ella resucita y vuelve a estar bien. Superman hace que el mundo entero viaje al pasado sin que nadie se dé cuenta y logra salvar el mundo.

La primera vez que ves esta proeza (de pequeño), aplaudes a Superman; pero es obvio que es un sinsentido. En cierta manera, sí se viaja al pasado con este método: la rotación de la Tierra produce los días y las noches, así que si invertimos el sentido de rotación de la Tierra poco después del atardecer, veremos cómo el Sol vuelve a salir por donde se puso y poco a poco va subiendo hasta el mediodía. Técnicamente, hemos dado marcha atrás al tiempo.


Ayer… pero igual que hoy

Pero sólo viajamos al pasado en lo que al horario solar se refiere. Los hechos que se han producido en la Tierra permanecen inalterados y mientras el Sol retrocede y pasamos de las 20.00 horas a las 12.00 horas hacia atrás, la vida sigue transcurriendo en el sentido habitual. La flecha del tiempo no cambia. El único cambio es poco más que astronómico (bueno, seguramente habría una catástrofe física debido al cambio de rotación y al frenazo, pero eso es otra historia).

La cuestión es que aunque a Superman le va genial este método de viaje en el tiempo, éste no sólo es imposible (como muchos otros del cine, así que es algo que da igual, no objetaremos nada), sino que además no tiene sentido y no es un verdadero viaje en el tiempo. Pero, ¿y lo que mola? Lo acabo de ver otra vez y me ha vuelto a impresionar…

El principio de autoconsistencia de Novikov

30 noviembre 2015 8 comentarios

Si nos decidimos a viajar al pasado, puede que nos atraiga la tentación de cambiar algo, modificar algo del pasado para alterar nuestro presente. Hay varias teorías que nos hablan de la posibilidad de modificar nuestro presente por medio de un cambio en el pasado; pero hay una que nos habla de un cambio concreto: viajar al pasado y evitar, de alguna forma, que más adelante podamos hacer ese viaje al pasado.

El principio de autoconsistencia de Novikov (establecido a mediados de los 80 por el doctor Igor Novikov) nos dice que todo cambio que hagamos en el pasado tiene que ser consistente con el presente. Y en concreto nos habla de la mayor y más inasumible de las inconsistencias: si al viajar al pasado evitamos que podamos viajar al pasado, eso no nos permitiría viajar al pasado para evitar que podamos viajar al pasado. No podemos hacer algo viajando al pasado que nos impida viajar al pasado para hacer ese algo.

Así, el principio de autoconsistencia de Novikov nos dice que en un viaje al pasado no podemos hacer algo que, más adelante, nos impida hacer ese viaje al pasado. Y no podemos porque no sería una situación consistente, porque se rompería la causalidad. Si en nuestro viaje al pasado reciente pudiéramos evitar hacer ese viaje al pasado, ¿cómo habríamos podido viajar al pasado para evitarlo?


Las bolas de billar

Novikov era astrofísico teórico y cosmólogo, y su teoría tenía que tener una imagen más física, mecánica y real para entenderse sin problemas. Así, el siguiente ejemplo con bolas de billar ilustraba de forma bastante clara las premisas de su teoría.

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Si la bola, al llegar al pasado, golpea su versión pasada y le impide viajar, la situación no es consistente. La situación sería consistente si la bola no la golpea, si la golpea muy ligeramente sin desviarla demasiado o si ese choque y ese desvío es lo que permite que entre en el agujero (como muestra la imagen). ___Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Causal_loop_billiard_ball.svg#/media/File:Causal_loop_billiard_ball.svg

Imaginemos una bola de billar disparada a través de un agujero de gusano, algo que le permitiría ir hacia atrás en el tiempo. Al llegar al pasado, imaginemos que esta bola choca con su versión del pasado antes de viajar, provocando que varíe su rumbo y no entre en el agujero de gusano que la haría viajar al pasado.

Según la teoría de Novikov, este escenario no es consistente, no puede suceder, ya que no establece el bucle causal que hace posible el viaje. Si la bola, al llegar al pasado, golpea a su versión pasada desviándola e impidiéndole viajar al pasado, ¿cómo ha podido llegar ella hasta allí para golpearla y evitarlo? No podría, por lo que también le sería imposible desviar a su versión pasada. El principio de Novikov nos dice que sería imposible que la bola se desviase. Estaríamos ante una paradoja insalvable.

Son ese tipo de paradojas (como la famosa paradoja del abuelo, que tiene las mismas consecuencias, pero de un modo más retorcido) las que llevaron a Novikov hasta este principio. Así, Novikov vio que había diversas trayectorias de esa bola que, con las mismas condiciones iniciales, podían hacer consistente el bucle. Por ejemplo, la bola podía golpearse ligeramente, variando el rumbo, pero permitiendo la entrada en el agujero de gusano y apareciendo en el pasado para golpear ligeramente su versión pasada. Sin duda, una resolución consistente. Incluso ese desvío podría ser precisamente lo que dirigiera la bola al agujero de gusano inicialmente. Total consistencia.

Matemáticamente, la probabilidad de que al llegar al pasado la bola desvíe tanto a su versión pasada que le impida entrar en el agujero es cero. No puede suceder porque viola la causalidad. En cambio, la probabilidad del desvío mínimo que sí permite la entrada en el agujero es mayor que cero, es decir, posible.

Así, lo que se nos dice es que es posible afectar el pasado hasta cierto punto, pero no cambiarlo de tal modo que el bucle causal sea inconsistente. Un viaje en el tiempo nos puede permitir jugar con la causalidad, es decir, que un efecto se convierta a su vez en causa de él mismo; pero no podemos hacer que un efecto anule su propia causa.

Esta teoría requiere asumir que existe sólo una línea temporal o que otras posibles líneas temporales alternativas no son accesibles y sólo podemos afectar el pasado de nuestra propia línea temporal. Ya hablamos de estas posibilidades en el artículo sobre los paradigmas del espacio-tiempo. En este caso, nos encontraríamos ante una línea temporal única y fija o ante una línea temporal única y variable, pero con ciertas restricciones, es decir, que podemos modificar el pasado sólo hasta cierto punto; podemos hacer cambios intermedios, pero no finales.

Futurama 3×19: ‘Bien está lo que está Roswell’

26 noviembre 2015 1 comentario

Futurama‘, como serie de ciencia ficción, ha tratado el tema de los viajes en el tiempo en diversas ocasiones. De hecho, la propia serie se origina debido a un viaje en el tiempo, en este caso producido por la hibernación criogénica del protagonista, Fry, que viaja así al año 3000.

En este capítulo de la tercera temporada, titulado ‘Bien está lo que está Roswell’ (hay un juego de palabras en inglés que se pierde), Fry y sus amigos están en el espacio para presenciar el estallido de una supernova. Cuando va a explotar, Fry se pone a hacer palomitas, pero pone el recipiente de metal en el microondas. Como explica el profesor Farnsworth, “la radiación del microondas junto con los gravitones y graviolis de la supernova” hicieron que la nave viajara a través del tiempo hasta 1947.

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Para empezar, así como los gravitones sí existen (y pueden ser emitidos por los núcleos de una supernova) los graviolis son sólo una palabra graciosa. De todos modos, no está demostrado ni propuesto en ningún sitio que el choque de estas dos energías pueda hacer viajar en el tiempo, pero tampoco nadie ha dicho lo contrario.

Sea como sea, lo que provoca este choque de energías es un agujero de gusano, que sí es una teoría de viaje en el tiempo propuesta por los científicos. Han viajado a 1947 y ahora necesitan un microondas para poder volver a entrar en el agujero de gusano antes de que se cierre. Eso sí, en 1947 aún no hay microondas, así que tendrán que usar una antena parabólica de la época. Pero bueno, lo cierto es que la gracia crononáutica del capítulo no reside en cómo viajan, sino en lo que pasa durante su estancia en el pasado.

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El extraterrestre de Roswell

Ellos no se dan cuenta de que han viajado al pasado hasta que vuelven a la Tierra, ya que en el espacio todo está exactamente igual que mil años después. Eso sí, les sorprende el poco tráfico espacial y la capa de ozono, por ejemplo, inexistente en el año 3000. Y al aterrizar, Bender, el robot, como no quiere ponerse el cinturón de seguridad, sale disparado y se destroza. El equipo deja a Zoidberg, el extraterrestre, recogiendo los trozos y tanto Zoidberg como partes del cuerpo de Bender caen en manos del ejército. Y es que han aterrizado en Roswell en 1947.

Así, los protagonistas, tras ver un periódico de la época, llegan a la conclusión de que el platillo volante encontrado en Roswell en los 40 era el cuerpo de Bender y el famoso extraterrestre de Roswell es Zoidberg.

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De hecho, esto podría ser posible. Que lo encontrado allí en los 40 fuera algo del futuro que hubiera viajado podría tener sentido. Se desconoce su origen, así que podría ser del futuro. Y, de hecho, un extraterrestre sí que es. Ellos, en el año 3000 ya conocen la historia del extraterrestre de Roswell, pero nada impide que esa historia que conocen sea algo causado por un viaje que harán al pasado, provocando ellos mismos la historia. Se trata de la paradoja de la predeterminación, por la que dos eventos pueden ser causa y consecuencia de sí mismos en un bucle causal. Más adelante hablaremos de esta paradoja.


Fry es su propio abuelo

Pero ahí no queda su forma de inmiscuirse en el pasado. Como tienen que pasar ahí unas horas buscando un microondas, Fry quiere aprovechar para conocer a su abuelo, destinado en Roswell en esa época. El profesor le dice que no se acerque a él, que no influya en el pasado, por que si le pasara algo a su abuelo él podría no nacer. Se trata de la famosa paradoja del abuelo: si matas a tu abuelo en el pasado tú no podrías llegar a nacer y, por tanto, tampoco podrías viajar al pasado para matar a tu abuelo y no nacer.

El problema es que eso asusta mucho a Fry, que intenta proteger a su abuelo de accidentes. Pero a Fry no le salen muy bien las cosas, así que intentando protegerlo acaba poniéndole en más peligro, con lo que finalmente el abuelo muere. Pero Fry no desaparece. ¿Por qué?

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Como hemos dicho se trata de una paradoja sin solución (dentro de una línea temporal única y variable, otro asunto es si aceptamos la teoría de las líneas temporales alternativas). Nadie sabe qué pasaría en realidad. ¿Desaparecerías como en ‘Regreso al futuro’? ¿Crearías una línea temporal alternativa, por lo que no te pasaría nada y habría dos futuros paralelos? (Aquí planteamos posibles soluciones a la paradoja)

La cuestión es que Fry no desaparece y llega a la conclusión de que la prometida de su abuelo que él ha conocido en este viaje al pasado no debe ser su abuela real. Así que cuando su abuela busca consuelo en él, Fry cede y acaba acostándose con ella. Es más tarde cuando el profesor le hace ver qué sí es su abuela y que ahora, él mismo es su propio abuelo. ¿Es esto posible?

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Predeterminación y autoconsistencia

Aquí nos metemos en terreno peliagudo y en la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Él engendró a su padre que lo engendró a él que viajó al pasado para engendrar a su padre que lo engendraría a él. Este bucle causal es, según la física, totalmente posible y consistente. Algo que hacemos en un viaje al pasado causa que en el futuro viajemos al pasado y causemos nuestro presente.

Así, se rompe la paradoja del abuelo (el hecho de que al matarlo no naceríamos y no podríamos viajar para matarlo) y se cumple el principio de autoconsistencia de Novikov, que nos dice que no podemos hacer algo en un viaje al pasado que impida que en el futuro podamos hacer ese viaje al pasado. Al seguir teniendo abuelo (él mismo), sí nacerá y podrá viajar al pasado para ser su abuelo, como ha hecho.

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Y es que, de hecho, la única razón por la que Fry sigue ahí es que él siempre fue su propio abuelo. No ha cambiado la historia, siempre fue así, con él engendrando a su padre. Su viaje desde el año 3000 a 1947, años antes de nacer, ya formaba parte de su pasado cuando nació. Y es que resulta que, en este capítulo, no estamos jugando con una línea temporal única y variable, si no con una línea temporal única y fija, en la que no hacemos cambios en el pasado, sino que lo recreamos una y otra vez tal y como había sucedido. Cualquier cambio que hagamos en el pasado ya formaba parte de nuestro pasado.

Aquí, el cambio fue engendrar a su padre, ser su propio abuelo. Y es que siempre lo había sido. Sin duda, ahí hay problemas genéticos difíciles de resolver y de congeniar con las teorías expuestas. Pero, como dice el profesor Farnsworth al final del capítulo: “Si a la historia no le importa que nuestro degenerado amigo Fry sea su propio abuelo, ¿quiénes somos para juzgarlo?”


Vuelta a casa

Al final, rescatan a Zoidberg, Fry deja allí a su abuela embarazada y consiguen volver a su presente. Pero Bender no consigue subir a la nave. ¿Ha perdido el grupo a su impertinente amigo robot? Pues no, precisamente porque es un robot. Bender se ha quedado en el desierto de los años 40; pero como no envejece, ahí seguirá, enterrado, mil años después. Al volver a su tiempo, el grupo va a buscar a Bender y ahí sigue, a la espera de que alguien lo vuelva a montar. Otro tipo de viaje en el tiempo sólo apto para robots.

Por sus propios medios (Robert A. Heinlein, 1941)

23 noviembre 2015 Deja un comentario

18370412¿Quiénes somos? ¿Qué determina nuestro ‘yo’? ¿Lo que hacemos determina quién somos o quién seremos? ¿Podemos decidir lo que haremos?. ‘Por sus propios medios’ es, junto a ‘Todos vosotros, zombies’, uno de los relatos más famosos de Robert A. Heinlein. Aquí, Heinlein reflexiona mediante el viaje en el tiempo sobre la propia identidad y sobre el libre albedrío y recurre para ello a su amada paradoja de la predeterminación en un juego temporal impecable. Se trata de un relato complejo y apasionante sobre el viaje en el tiempo y sus paradojas.

Bob Wilson está en su habitación escribiendo su tesis. A su espalda aparece un hombre que le resulta familiar, pero no reconoce. Le cuenta que ha llegado por una puerta temporal, un círculo que parece flotar en su cuarto, y le pide que lo cruce. Wilson no quiere, pero tras unas copas se envalentona y dice que sí. Pero aparece un tercer hombre, que al parecer se conoce con el segundo, y le dice que no cruce la puerta, que es una trampa, que le están utilizando. Se pelean y Wilson cruza la puerta.

Esta es la situación inicial del relato, un punto de partida que el lector no acaba de comprender y al que se volverá irremediablemente. Al cruzar la puerta, Wilson aparece en un lugar extraño que resulta estar 30000 años en el futuro, y allí le recibe un hombre llamado Diktor, que le cura las heridas de la pelea, le da de comer y le deja descansar. Ese hombre, que también tiene una puerta temporal, le pide a Wilson que la cruce para cumplir una misión muy importante; pero no le explica cuál es ni lo que va a encontrarse al otro lado. No muy receloso y maravillado por la aventura que está viviendo, Wilson cruza la puerta y ahí es donde todo vuelve a empezar y todo empieza a cobrar sentido.


Regreso al pasado

Al llegar allí, reconoce su cuarto y piensa que está en otra época en la que su cuarto está igual que cuando marchó. Pero al mirar hacia el escritorio, ahí está él, escribiendo su tesis. Es entonces cuando se da cuenta de quién es él: él es el hombre que apareció a su espalda y le pidió cruzar la puerta y el hombre sentado es él antes de saber nada sobre puertas temporales.

Y entonces Wilson empieza a repetir lo mismo que dijo aquel hombre que se presentó en su cuarto. Quiere variar, no decir lo mismo, él tiene libre albedrío; pero acaba diciendo lo mismo, la situación le lleva a ello.

Y es que no puede variarlo. Eso ya ha pasado y decir lo que dijo le llevó a cruzar la puerta. Sin meternos aún de lleno en la paradoja de la predeterminación, que es la que engloba todo el relato y explicaremos después, lo que también vive ahora Wilson es el llamado principio de autoconsistencia de Novikov.


El principio de autoconsistencia de Novikov

Esta teoría nos dice que en nuestro viaje al pasado no podemos (aunque queramos) hacer nada que impida que, más tarde, realicemos ese viaje al pasado. Wilson quiere variar su discurso, no quiere hacer que su yo anterior cruce la puerta temporal. Pero no lo puede evitar. Y es que ya ha cruzado la puerta. Si lo evitara, su yo pasado no iría al futuro y luego no volvería para evitarlo, y si no vuelve para evitarlo, ¿cómo lo evitó? No podemos impedir con nuestro viaje al pasado que podamos viajar al pasado. La situación no sería consistente, no sería posible.

Esta imposibilidad marcada por el principio de autoconsistencia se basa en el paradigma de que el continuo espacio-tiempo maneja una única línea temporal y no podemos hacer una modificación en el pasado de esa línea que no nos permita ir a ese punto del pasado a hacer esa modificación. Y si, además, consideramos que esa única línea temporal es fija, inmutable, Wilson se enfrenta a la predeterminación, la teoría que englobará todo el relato.

Así, ahí está Wilson, sentado a su mesa escuchando a su yo futuro (aunque él no lo sabe); pero cruzará la puerta al cabo de poco para volver y hacerse cruzar la puerta (como ya había pasado). No mucho después, Wilson lo habla con Diktor.

—Por eso te mandé hacia atrás… Para que pudieras aparecer antes por la Puerta.

—¿Eh? Espera un momento… Ya había aparecido por la Puerta.

Diktor meneó la cabeza.

—¿De veras? Piénsalo un poco. Cuando volviste a tu propio tiempo y a tu propio lugar encontraste ahí a tu yo anterior, ¿no?

—Mmmmm…, si.

—Él…, tu yo anterior…, todavía no había cruzado la Puerta, ¿verdad?

—No. Yo…

—¿Cómo podía haber cruzado la Puerta, a menos que tú le persuadieras para que entrara en ella?

A Bob Wilson le estaba empezando a dar vueltas la cabeza. Estaba empezando a preguntarse quién le hizo qué a quién y qué le ocurrió entonces.

—¡Pero eso es imposible! Me estás diciendo que hice algo porque iba a hacer algo.

—Bueno, ¿es que no lo hiciste? Estuviste aquí.

—No, yo no…, bueno, quizá lo hice pero no tuve la sensación de hacerlo.

—¿Por qué ibas a tenerla? Era algo totalmente nuevo para tu experiencia.

—Pero…, pero… —Wilson aspiró una buena bocanada de aire y logró controlarse. Después echó mano de sus conceptos de filosofía académica y extrajo de ellos la idea que había estado luchando por expresar—. Eso niega todas las teorías racionales de la causalidad. Me harías creer que la causalidad puede ser totalmente circular. Crucé la Puerta porque volví a cruzarla para convencerme de que la cruzara. Eso es ridículo.

—Bueno, ¿no lo hiciste acaso?

Wilson no tenía preparada una respuesta para eso.

Todo ello le lleva a reflexionar sobre el libre albedrío en el viaje al pasado. Sin duda, parece que puede decidir, pero sólo lo que ya decidió porque eso le llevó hasta ese momento y, en su momento, también estaba intentando decidir otra cosa distinta a la que había visto que pasaba.

El libre albedrío era otro asunto. No era algo de lo que pudiera reírse, pues le había sido posible experimentarlo directamente…, y, con todo, su propia y libre voluntad había trabajado para crear la misma escena una y otra vez. Al parecer la voluntad humana debía ser considerada como uno de los factores que creaban los procesos dentro del continuo: libre para el yo, mecánica para quienes la observaran desde fuera.


Yo, erayó y sereyó

La cuestión es que cuando Wilson está intentando convencer a su yo anterior de que cruce la puerta, aparece el tercer hombre. Y Wilson se da cuenta de que ese hombre es él mismo y no entiende por qué va a detenerlo; pero entiende que viene del futuro, de un tiempo en el que él aún no ha estado. Entonces llega la pelea y el Wilson que estaba sentado escribiendo cruza la puerta y los otros dos se quedan en la habitación.

¿Quién es Bob Wilson ahora? ¿El que estaba escribiendo fue al futuro y volvió para convencerse a sí mismo que cruzara; el que acaba de cruzar y volverá al pasado para convencerse de cruzar, o el tercero, que ha llegado para evitar que Wilson convenza a su yo pasado de cruzar? Esta mezcla es la que hace a Wilson (y a Heinlen) pensar sobre la propia identidad.

—Maldita sea, no puedes hacerme esto. ¿Qué fue de los otros dos?

—¿Los otros dos qué?

—Mis otros dos yo. ¿Dónde están? ¿Cómo voy a conseguir encontrar la salida de todo este lío?

—No estás metido en ningún lío. No tienes la sensación de ser más de una persona. ¿Verdad?

—No, pero…

—Entonces, no te preocupes por ello.

Somos quien somos en este momento. Nuestros otros yo de otro tiempo no somos nosotros, ya que nuestro propio tiempo hace que seamos quien somos, aunque quien fuimos (en el pasado) condiciona quien somos y quién seremos (en el futuro).

Y, en este caso, nuestro yo futuro influye en nuestro yo presente al viajar él al pasado. Pero, de todos modos, sólo tenemos la sensación de ser uno (nuestro yo de ahora), ya que sin viajes en el tiempo vivimos en un continuo temporal lineal. Y aún con viajes en el tiempo, sólo somos nosotros mismos en relación con nuestro propio tiempo, aunque tengamos delante de nosotros a nuestro yo de otro tiempo, aunque estemos en el tiempo de nuestro otro yo.

Somos nosotros mismos aquí y ahora. No somos quien éramos ayer. Podemos recordar varios yo: de niño, de adolescente, de ayer por la tarde; pero esos son nuestros yo de otro tiempo, no somos nosotros. Lo que nos une es la sensación de identidad debida a que nuestra memoria pasa del uno al otro de forma lineal.

Pero Wilson puede ver en un mismo espacio a los Wilson de otro tiempo. El viaje en el tiempo le ha permitido disociar el espacio-tiempo, que siempre está unido. Eso le hace dudar de su propia identidad, poder tocar a su yo de ayer. Nuestro yo de ayer siempre está ahí, pero no trastoca nuestra identidad porque está en otro plano temporal y son las cuatro dimensiones las que nos caracterizan.


Mis otros yo sin mí

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‘Por sus propios medios’ fue publicado por primera vez en la revista ‘Astounding Science Fiction’ en octubre de 1941. Heinlein lo publicó bajo el seudónimo literario Anson MacDonald

Con tantos Wilson en juego, será mejor ponerles número para identificarlos mejor. Wilson 1 es el del principio, que cruzó la puerta y luego volvió al pasado. Wilson 2 sería su yo pasado, que ahora acaba de cruzar la puerta. Y Wilson 3 es quien intenta evitar este círculo vicioso.

Y es que ahora Wilson 2 acaba de cruzar la puerta impulsado por su yo pasado y ya sabemos lo que hará. Pasará un tiempo con Diktor y viajará al pasado para convencer a su yo pasado para cruzar. Pero, ¿qué pasa con los otros dos Wilson, Wilson 1 (que ya ha cruzado la puerta una vez y ha vuelto) y Wilson 3, que no sabemos de donde viene?. Lo único que podemos tener claro es que lo que haga Wilson 1 ahora le llevará a ser Wilson 3 y volver al punto inicial para evitar que el primero de todos los Wilson cruce por primera vez la puerta.

Wilson 1 (el que estaba al principio escribiendo, cruzó la puerta y volvió para convencerse) se pelea con Wilson 3 y decide volver a cruzar la puerta. Allí se vuelve a encontrar con Diktor y le pide explicaciones por lo que ha sucedido y por el tercer Wilson. Diktor no le da las explicaciones que requiere, pero es entonces cuando le explica la verdadera misión: Wilson debe viajar al pasado y recopilar unas cuantas cosas que ya no hay en el futuro y que les reportarán riqueza y poder en el año 30000. Diktor le da una lista y le explica cómo funciona la máquina.


La máquina del tiempo

Detengámonos aquí un momento para analizar cómo funciona la máquina del tiempo de este relato. Obviamente, no explican científicamente cómo se logra viajar en el tiempo; pero sí hacen referencia a la cuarta dimensión (el tiempo) como si fuera una más que se puede recorrer con libertad e incluir en un diagrama de coordenadas para llegar a un lugar.

Cuatro esferas de colores tan grandes como canicas colgaban de unas varillas de cristal dispuestas formando los cuatro ejes principales de un tetraedro. Las tres esferas que formaban la base del tetraedro eran de color rojo, amarillo y azul: la cuarta, en el ápice, era blanca.

—Tres controles espaciales. Un control temporal —explicó Diktor—. Es muy sencillo. Usando el aquí y el ahora como referencia cero, mover cualquier control alejándolo del centro hace que el otro extremo de la Puerta se aparte del aquí y del ahora. Adelante o atrás, derecha o izquierda, arriba o abajo. Pasado o futuro…, todo eso es controlado haciendo mover la esfera adecuada en su varilla.

Y es que el tiempo no es más que otra dimensión necesaria para establecer nuestro yo y lo que hacemos. Imaginemos que queremos invitar a alguien a una fiesta. Esa persona no necesita tres dimensiones para poder vernos en la fiesta, sino cuatro. Hemos de darle la x (el ancho), la calle Mayor. La y (el largo), el número 24 de la calle. La z (el alto), el cuarto piso de ese número. Pero también hay que darle la t (el tiempo), las 22.00 horas. Porque sin este dato no puede acudir a la fiesta, llegaría tarde o pronto, pero no estaría en la fiesta. Y, a la vista está, es una coordenada que se puede recorrer con libertad, llegando a la hora adecuada.

Pues la máquina funciona igual. Sólo hay que ajustar las cuatro coordenadas y allí aparecerá el otro extremo de la puerta temporal.


¿Cerrar el círculo?

Wilson 2 (que ya ha cruzado al futuro, ha vuelto para convencerse de hacerlo y ha regresado con Diktor al futuro) ahora tiene la misión de volver al pasado a recopilar cosas que tiene en una lista. Pero no lo hace, desconfía de Diktor y decide viajar al pasado (cuando él mismo estaba sentado en su cuarto hablando consigo mismo) para evitar que su yo pasado cruce la puerta y así evitar todo este círculo vicioso.

He dicho que lo decide, pero ¿es así?. Lo cierto es que sabe que ya ha pasado (bueno, que pasará). Siendo el primer Wilson se vio aparecer, aunque no sabía de qué iba nada. Siendo el Wilson que había regresado para convencerse de cruzar también lo había visto, sabiendo que era un yo futuro, pero sin saber qué hacía allí. Ahora lo iba a hacer, y lo iba a hacer de la misma forma. Así, Wilson 2 se iba a convertir en Wilson 3.

En el cuarto todo pasa como había pasado. El Wilson primigenio había cruzado y el segundo Wilson del cuarto había vuelto al futuro, como había hecho él ya antes, para convertirse en él. Así, Wilson 3 (el que avisaba al Wilson primigenio de que no debía cruzar la puerta) se había quedado sólo en el cuarto. ¿Había cerrado así el círculo? Ahora era Wilson 3, los demás habían cruzado la puerta para convertirse en el siguiente Wilson y él estaba allí, donde todo empezó. ¿Qué podía hacer? Decide sentarse y seguir con su tesis, como si todo hubiera acabado y el círculo se hubiera cerrado; pero eso ya no es para él.

Así, Wilson 3 (que antes había sido Wilson 2 y Wilson 1 y el Wilson primigenio, aunque él era sólo él en ese tiempo) decide hacer lo que le ha dicho Diktor, recopilar las cosas de la lista; pero no hacerlo para él, sino para sí mismo. Las recopila, viaja al futuro y, sin que Diktor se entere (está con los Wilson pasados), viaja, desde el año 30000 (y pico, en el que vive Diktor), a diez años antes, donde se encuentra en el mismo lugar, pero sin rastro de Diktor. Allí podrá ser él quien viva bien en el futuro con todo lo recopilado y ya verá qué hace cuando Diktor aparezca.


Consecuencias que preceden a las causas

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista 'Astounding Science Fiction', donde se publicó por primera vez en 1941

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista ‘Astounding Science Fiction’, donde se publicó por primera vez en 1941

Es durante la recopilación de las cosas de la lista en la que vemos un buen ejemplo de consecuencias que preceden a la causas. Durante las diferentes veces que vemos a los tres Wilson en el cuarto provocando e intentando evitar que el Wilson primigenio cruce la puerta del tiempo, ese Wilson recibe una llamada de su novia en la que ella asegura que se han visto esa tarde, aunque él no lo recuerda.

Para él, había estado todo el día en el cuarto y no había visto a su novia. Pero es este Wilson que está recopilando las cosas de la lista unas horas antes de toda la escena en la habitación el que visita a su novia.

Así, la consecuencia de la visita (la llamada) Wilson la percibe antes de la causa (la visita). Es lógico, aún no lo ha hecho, le faltan varios viajes adelante y atrás en el tiempo. Pero como lo hará en el pasado, la causa habrá precedido a la consecuencia, respetando la flecha del tiempo.

Así funciona la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Cualquier cosa que haces viajando al pasado ya formaba parte de tu pasado, ya que lo estás haciendo en el pasado de una línea temporal única y fija y lo que se hace en el pasado (viajando desde el futuro) tiene que formar parte, por fuerza, del pasado que ha desembocado en tu presente. Él no había visitado todavía a su novia; pero como lo haría su yo futuro viajando al pasado, esa visita ya había sucedido en el pasado del Wilson primigenio, el del presente.


El futuro

Una vez diez años antes del tiempo de Diktor, Wilson descubre el mundo del futuro que le había anticipado en parte Diktor. Los Grandes, que habían dominado la Tierra, ya no estaban, y había personas que vivían en una sociedad muy distinta y que hablaban un idioma también distinto. Se logra comunicar con ellos gracias a una libreta con vocabulario que le había quitado a Diktor antes de viajar 10 años atrás. Y esa gente le empieza a considerar su líder, ya que vive en la casa de los Grandes (la futura casa de Diktor).

Y allí también reflexiona sobre el viaje en el tiempo y las múltiples dimensiones necesarias para llevarse a cabo.

Otra idea le hizo concluir irremediablemente que era probable que existiera al menos una dimensión más aparte de las cuatro que podían percibir sus sentidos, y esa idea vino de la propia Puerta. Llegó a ser muy hábil manejando sus controles, pero nunca consiguió hacerse ni la más vaga idea de cómo funcionaba o cómo había sido construida. Le parecía que sus constructores debían ser necesariamente capaces de situarse fuera de los límites que le confinaban a él para anclar la Puerta en la estructura del espacio-tiempo. El concepto se le escapaba.

Tenía la sospecha de que los controles que veía eran, sencillamente, la parte que asomaba en el espacio conocido por él. El propio Palacio podía no ser más que una sección tridimensional de una estructura más compleja, y ello ayudaría a explicar la naturaleza de su arquitectura, de otro modo inexplicable.

La lógica le lleva a pensar esto. Al igual que para dibujar unas coordenadas de tres dimensiones para un mapa tenemos que estar fuera del mapa, es necesario estar fuera de las cuatro dimensiones para moverse libremente por el tiempo de la forma en la que lo hacía la máquina, localizando las cuatro, visualizando la escena en una pantalla y, entonces, cruzando la puerta hacia ese sitio/momento.


Cerrando el círculo

En el futuro, pasan los años y Diktor no aparece y Wilson llega a pensar que está en un futuro alternativo, distinto. Pero un día, tras diez años en aquel lugar, alguien aparece en la sala. Un hombre, magullado, en el suelo. Y entonces, se da cuenta de lo que ha pasado. Ese hombre es él mismo, recién expulsado de su cuarto cuando estaba escribiendo su tesis. ¿Y Diktor? Él era Diktor.

Permaneció totalmente inmóvil durante un periodo de tiempo imposible de precisar, contemplando los dos objetos que no debían estar ahí, el sombrero y el hombre, mientras los vientos de la locura barrían su mente haciéndola vacilar. No le hacía falta examinar la silueta inconsciente para identificarla. Sabía…, sabía que era su yo más joven, impulsado de forma involuntaria a través de la Puerta.

No era el hecho en si lo que le hacía estremecerse. No había esperado que ocurriera, pues poco a poco había ido llegando a la conclusión de que vivía en un futuro distinto, un futuro alternativo al otro en que había sido originalmente transmitido por la Puerta. Con todo, había sido consciente de que podía ocurrir y el que ocurriera no le sorprendía.

Y cuando ocurrió, ¡estaba él como único espectador!

Él era Diktor. Era el Diktor. ¡Era el único Diktor!

Jamás encontraría a Diktor y no podría dejar las cosas claras con él. No debía temer su aparición. Jamás había existido y jamás existiría otra persona llamada Diktor, porque Diktor jamás había sido o sería nadie aparte de él mismo.

Wilson había llegado a entender que sus tres yo estuvieran en su habitación en cierto momento; pero no que ese hombre del año 30000 fuera él mismo. Pero ahora lo veía claro. Ahora llegaba el Wilson primigenio y él, Diktor, le enviaría al pasado para que todo el circulo siguiera girando hasta llegar a ser él, el que había vivido como un Rey en el futuro. Y mandaría al siguiente a recopilar todas aquellas cosas que le han servido estos años. Y finalmente acabaría diez años antes, empezando de nuevo para convertirse en Diktor.

Pensando ahora en ello, parecía obvio que él debía ser Diktor, y había muchas evidencias que señalaban en tal dirección. Y, con todo, no había sido obvio. Recordó que todas las similitudes entre él mismo y el Diktor habían surgido de causas racionales, normalmente de su deseo por imitar las características más ostensibles del otro y con ello consolidar su propia posición de poder y autoridad antes de que el otro Diktor apareciera. Por esa razón se había instalado en los mismos aposentos que había utilizado ese Diktor, para que así fueran suyos antes de su llegada.

Cierto que su pueblo le llamaba Diktor, pero eso no le había hecho pensar nada raro: llamaban con ese título a cualquiera que les gobernara, incluso a los pequeños jefes locales que tenía como administradores suyos.

En cualquier caso, había estado buscando a un hombre camino de los cincuenta, cuyo rostro recordaba vagamente después de diez años y del que no tenía imagen alguna. Nunca se le había ocurrido conectar ese rostro borroso con su cara actual, naturalmente que no.


El Jinn

Previamente, ya habíamos visto algún detalle que le acercaba a ser Diktor. Aquella libreta con vocabulario que le quitó a Diktor se había hecho vieja y él decidió reescribirla para que durase. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de que la libreta que le quitó a Diktor era la libreta que él mismo había reescrito (o reescribiría desde el punto de vista del momento del robo).

Esta libreta es lo que se ha venido a llamar un jinn, un objeto sin origen. A se convierte en B, que termina siendo el A que se convierte en B. Y todo porque nunca hubo A o B, sólo existe una realidad moviéndose en una línea de tiempo circular, sin principio o final. Esa libreta, el jinn, no tiene origen, nadie la escribió por primera vez y los conocimientos escritos en ella nunca fueron creados, sólo copiados.

Jamás existieron dos cuadernos de notas. El que tenía ahora se convertiría, tras haber sido llevado mediante la Puerta a un punto situado diez años en el pasado, en el cuaderno de notas del cual lo había copiado. Eran, sencillamente, segmentos distintos del mismo proceso físico, manipulados mediante la Puerta para que durante cierta longitud de tiempo corrieran paralelos uno al otro.

Como había hecho él mismo… una tarde.

Deseó no haber tirado el viejo cuaderno. Si lo tuviera a mano podría compararlos y convencerse a sí mismo de que eran idénticos, salvo por el desgaste de la creciente entropía sufrida.

Pero ¿cuándo había aprendido el idioma para poder preparar tal vocabulario? Naturalmente, cuando lo copió conocía el idioma y, en realidad, no le hacía falta copiarlo.

Pero lo había copiado.

Había dejado claro el proceso físico en su mente, pero el proceso intelectual que representaba era totalmente circular. Su yo más anciano le había enseñado a su yo más joven un idioma que el más anciano conocía porque el más joven, después de haber sido enseñado, creció hasta convertirse en el yo más anciano y fue, por lo tanto, capaz de enseñárselo.

Pero ¿dónde había empezado todo? […] ¿Quién escribió el cuaderno de notas? ¿Quién dio comienzo a la cadena?


La paradoja de la predeterminación

Lo que nos muestra de manera tan compleja y original este relato, como hemos dicho, es la paradoja de la predestinación (que alcanza su mayor esplendor en otro relato de Heinlein, ‘Todos vosotros, zombies’, adaptado al cine con el título de ‘Predestination’).

Según esta teoría, todo aquello que hagamos al viajar al pasado ya había sucedido en nuestro pasado y nos había llevado a ese punto de viajar al pasado para que pasara, porque teníamos que hacerlo ya que habíamos llegado a ese punto gracias a ese cambio. Es todo un círculo. Hemos pasado de A a B y entonces viajamos al pasado y provocamos A, porque es necesario que A tenga lugar para llegar a B y, entonces, poder viajar al pasado y provocar A. Todo es un círculo perfecto que tiene que seguir girando y no puede parar porque tanto A es causa de B como B es causa de A.

Como hemos dicho, la idea es que todo lo que haremos en nuestro viaje al pasado ya formaba parte de nuestro pasado antes de partir, ya que había sido hecho previamente (en el pasado) por nuestro yo futuro. Todo sucede en una línea temporal única e inmutable. Al viajar en el tiempo, éste deja de ser lineal para ser circular por lo que nuestro futuro y pasado se unen en un perfecto círculo causal.

Aquí, el Wilson primigenio viajó al futuro para volver al pasado a convencerse de viajar al futuro. Y luego viajó de nuevo al futuro y regresó al pasado para evitar lo anterior, algo inevitable porque ya había sucedido, es decir, iba a suceder. Y, finalmente, había vuelto al pasado a recopilar ciertas cosas para volver al futuro y situarse en un pasado más cercano a ese futuro. Tan cercano que, con el paso normal de los años, se convertiría en el hombre que le había mandado a convencer al Wilson primigenio (a sí mismo) de viajar al futuro para poder reiniciar todo el proceso. Y el círculo sigue girando…

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