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Estación Hawksbill (Robert Silverberg, 1967)

1 febrero 2016 Deja un comentario

Hawksbill Station - Robert SilverbergHace siglos, uno de los peores castigos impartidos por la justicia era el exilio, expulsar a los delincuentes de su propia tierra. Pero ¿y si se pudiera exiliar a alguien mucho más lejos, a un lugar desde el que no pudiera volver? Eso es lo que propone Robert Silverberg en su novela de 1967 ‘Estación Hawksbill’, una obra de ciencia ficción política en la que los disidentes y revolucionarios contra el Gobierno son expulsados… de su propio tiempo.

En esta novela se nos plantea una historia de Estados Unidos alternativa (en su momento hablaba del futuro, aún se podía dar; pero ahora casi todos sus hechos ya han quedado en el pasado y no han tenido lugar) en el que la democracia estadounidense se vino abajo a mediados de los 80 y subió al poder un Gobierno autoritario que reprime a los disidentes; pero que ha logrado calar en la población pareciendo benevolente y retomando el control de un país sumido en el caos.

Dos décadas después del cambio de régimen político, un científico financiado por el Gobierno ha logrado crear una máquina del tiempo unidireccional, es decir, con la que sólo se puede viajar al pasado. El Gobierno utilizará esta máquina para exiliar a los disidentes a una prisión situada a mil millones de años de distancia: la Estación Hawksbill.

Sin duda, no hay mayor destierro. Para esos presos, es como haber sido exiliados a otro planeta a una distancia insondable. Viven en un páramo donde no hay vida terrestre ni apenas marina y estarán allí hasta su muerte de forma irremediable. Un viaje sin retorno al pasado tan remoto es como desaparecer de la existencia.


Cambiar el pasado

Pero ¿mandarlos allí puede suponer un cambio en la historia de la evolución? ¿Sus actos podrían cambiar el pasado de alguna forma? Sin duda, la presencia de una gran número de personas en el pasado durante mucho tiempo tiene que tener consecuencias; pero los creadores de la Estación Hawksbill lo estudiaron bien para que no las hubiera. Jim Barrett, el protagonista, lo explica así:

—Buscaban una era en la que no pudiéramos dañar su medio ambiente. Eso significaba que tenían que mandarnos a un tiempo anterior a la evolución de los mamíferos, no fuera que por accidente agarráramos al antepasado de toda la humanidad y le retorciéramos el pescuezo. Y ya que estaban, decidieron escondernos en un pasado tan remoto que estaríamos a una enorme distancia de toda vida terrestre, siguiendo la teoría de que si matábamos a una cría de dinosaurio, podíamos afectar todo el curso del futuro. Su mundo.

—¿No les importa que atrapemos unos pocos trilobites?

—Es evidente que creen que no hay riesgos —dijo Barrett—. Los hechos parecen darles la razón. La Estación Hawksbill lleva aquí veinticinco años y no da la sensación de que hayamos alterado la historia futura de manera perceptible. Todo sigue igual, a pesar de nuestra presencia en este sitio.

Se trata de un pasado tan remoto y separado no sólo por tiempo, sino por cambios biológicos y geológicos tan grandes en la Tierra, que no parece que sus actos en el pasado puedan tener consecuencias directas sobre la evolución.


Restos de vida

Bien, quizá no pueden cambiar el rumbo de la evolución, pero su presencia allí dejará restos, lo que podría desconcertar a futuros arqueólogos y alterar la historia. Vida humana inteligente mil millones de años antes de que surgieran los hombres. Hahn, un recién llegado a la estación, se lo pregunta:

—He estado pensando en eso —dijo Hahn—. ¿Cómo es posible que nadie de Arriba haya encontrado jamás los restos fósiles de la Estación Hawksbill? ¿No les preocupa que alguno de los primeros cazadores de fósiles los encuentre en los estratos del cámbrico y arme un escándalo? Por ejemplo, alguno de los excavadores de dinosaurios del siglo XIX. Qué sorpresa se llevaría si encontrara chozas y huesos humanos y herramientas en un estrato más antiguo que los dinosaurios.

Barrett movió negativamente la cabeza.

—En primer lugar, ningún paleontólogo, desde el origen de la ciencia hasta la fundación de Hawksbill en el año 2005, desenterró la Estación. De eso hay datos: no sucedió, así que no hay de qué preocuparse. Y si la Estación apareciera después de 2005, todo el mundo sabría qué es y no pasaría nada. No habría ninguna paradoja.

—Además —dijo Rudiger con tristeza—, dentro de otros mil millones de años esta cadena rocosa estará en el fondo del Atlántico, con tres kilómetros de sedimento encima. Es imposible que nos encuentren.

Sin duda, es un panorama desolador. Sin duda les han condenado al mayor exilio del mundo. El viaje en el tiempo, usado para un fin inhumano.


Viajar al pasado

Aunque no explica el viaje en el tiempo en profundidad, esta novela sí que habla de la ciencia implicada en el viaje. Barrett, el protagonista y líder del grupo revolucionario que va en contra del nuevo Gobierno, habla con el científico que investiga sobre el viaje en el tiempo, que en su día también era parte de la revolución. Hawksbill, el científico, le explica que en teoría es posible viajar al pasado y que ya se ha conseguido, en el laboratorio, “invertir la senda temporal de un electrón y enviarlo hacia atrás un segundo“.

La novela se sitúa en un final del siglo XX alternativo, pero ese experimento no es ciencia ficción. De lo que habla Hawksbill es de una teoría propuesta por Richard Feynman para probar un modelo teórico de positrón en el que los electrones se mueven atrás en el tiempo con carga positiva. En este modelo, como explica Hawskbill en la novela, “el electrón, cuando se lo acelera, altera su carga y se transforma en positrón. Eso estaría bien, pero tiende a buscar un electrón que avanza por su misma senda y se aniquilan mutuamente”.

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Este diagrama de Feynman representa una neutralización electrón-positrón con el tiempo circulando de izquierda a derecha. Bajo una interpretación retrocausal, aquí el electrón no se destruye, sino que se transforma en positrón y se mueve hacia atrás en el tiempo. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Retrocausalidad

Es algo bastante complicado de explicar (y aun más de entender), pero lo importante es que el viaje en el tiempo en la novela tiene esta base científica, aunque Feynman y su colega John Wheeler no estuvieran buscando la forma de viajar en el tiempo cuando propusieron esta teoría. Al parecer, esta teoría ya ha quedado algo obsoleta, pero no lo estaba cuando se escribió la novela a mediados de los años 60. Sea como sea, lo que propone la novela es que esa teoría se ha podido llevar a la práctica con éxito. El viaje al pasado del electrón es una realidad.

Así, Hawksbill explica que en cuestión de un par de décadas podrán pasar de ese viaje al pasado de un electrón a poder enviar al pasado objetos macroscópicos y hasta personas. Sin duda, las dificultades para poder pasar de una cosa a la otra son mayores y tardarían más tiempo en superarse de lo que dice Hawksbill; pero, como él dice: “Lo que cuenta es la teoría. La teoría es sólida”.

Hoy por hoy, la teoría más aceptada por la comunidad científica para poder viajar al pasado (y aún está basada en conjeturas) es la utilización de agujeros de gusano, una especie de pasadizos en el espacio-tiempo de los que hablaremos en otro post más adelante. Pero lo cierto es que, totalmente válida o no, Silverberg aporta un buen grano de ciencia al viaje en el tiempo de su novela.

Una ciencia que se desvía un poco cuando el científico explica porqué no se puede viajar al futuro (hoy por hoy, lo más factible):

—Oh —dijo Hawksbill—, nadie podrá ir y venir por el tiempo. Las ecuaciones solo se refieren al viaje hacia atrás. Ni siquiera me he planteado el movimiento hacia adelante. De todos modos, no creo que sea posible. La entropía es la entropía, y no se la puede invertir, al menos en el sentido que yo empleo. El viaje por el tiempo será en una sola dirección, tal como nos ocurre hoy a todos los pobres mortales. Solo cambiará de sentido, eso es todo.

Hawksbill pone como obstáculo la entropía, que no se puede invertir. Y es cierto, la entropía, la tendencia al desorden en el Universo, que es lo que nos marca la flecha del tiempo y nos sitúa las causas antes de las consecuencias, no se puede invertir; pero es justo este hecho el que, en todo caso, impediría el viaje al pasado y no al futuro. El incremento de la entropía es lo que nos lleva al futuro ahora mismo. No tiene sentido que se ponga la entropía como obstáculo para viajar al futuro, en todo caso sería una barrera para viajar al pasado.


Viaje sin rumbo al pasado

La novela narra la historia de Barrett y otros personajes en su lucha política y su posterior ostracismo en el pasado, y en ella el viaje en el tiempo lleva ya años funcionando. Pero es interesante cómo plantea Silverberg la máquina del tiempo y los inicios del viaje temporal. Nos explica que la máquina que se utiliza para viajar al pasado es como un gran martillo de que sale un haz de luz por el que llega el viajero, que cae en una plataforma con forma de yunque. La cuestión es que el artefacto de salida desde el presente es igual que el de llegada en el pasado, hace falta una máquina de envío y otra de recepción.

Con los dos artefactos, se puede enviar a los presos desde el año 2029 a un año concreto del pasado. Sin embargo, los inicios no eran tan sencillos. Cuando empezaron a experimentar, no había un martillo y un yunque receptor, con lo que la máquina del presente no podía enviar con precisión nada a un punto concreto, ni del espacio ni del tiempo.

Así, al principio del proyecto (en 2005) enviaban material para construir la estación Hawksbill sin una certeza absoluta. Lo intentaban mandar siempre 1.000.000.000 de años en el pasado, pero muchas veces se desviaba un poco. Explica la novela:

Todo el tiempo aparecían materiales nuevos. Su meta era el año -1.000.000.2005 d.C., pero no llegaron hasta unas décadas más tarde. Ahora, en el año -1.000.000.2029 d.C., todavía seguían apareciendo cosas programadas para el primer año de funcionamiento de la Estación. La Estación Hawksbill necesitaba todo el equipo que podía conseguir, y Barrett no perdía ninguna oportunidad para recoger restos de envíos del futuro.

El relato usa años negativos después de Cristo para hacer entender que la distancia (en tiempo) del viaje en el tiempo era fija (mil millones de años antes según el año en el que estás). Así, si se enviaba algo desde el futuro ahora y luego algo un año después, la máquina receptora recibiría la segunda cosa un año después que la primera, porque cada envío se haría a un año después que la anterior entrega, el viaje al pasado siempre era de mil millones de años, no siempre al mismo año. Sin embargo, al principio, los envíos se desviaban un poco.

Así, los personajes salen de expedición cada año a ver si encuentran cosas nuevas enviadas desde el futuro. Lo curioso e interesante es que aunque salen cada año a buscar, no intentan encontrar nuevas cosas recién enviadas desde el futuro (esas cosas, ya se las van enviando al yunque de la Estación), sino cosas que se mandaron al principio del proyecto.

Ellos, los presos, enviados después que esos objetos útiles para la Estación, llegaron antes al pasado que esos materiales. Y años después de llegar allí, salen en busca de objetos que fueron enviados antes que ellos, aunque para ellos las cosas aparecen después.

Es un efecto fascinante y muy visual de la ruptura de la linealidad temporal provocada por la posibilidad de viajar en el tiempo. El antes y el después son difusos para un viajero en el tiempo, algo que el propio Barrett, así como el resto de presos, ha experimentado en sus propias carnes.


Futuro en el pasado/pasado en el futuro

La novela va narrando dos líneas temporales distintas: los sucesos de hace 1.000.000.000 de años, con los presos viviendo en la Estación, y los que tienen lugar de 1984 a 2006, periodo en el que Barrett empezó en el movimiento revolucionario y trabajó por la revolución hasta ser capturado y enviado a la Estación.

Dentro de la línea temporal habitual, la que todos vivimos, los sucesos prehistóricos suceden antes que los del siglo XX. Pero, curiosamente, para el protagonista, que vive en la prehistoria a sus 60 años (y desde hace más de 20), los hechos del siglo XX son el pasado, cuando era un joven revolucionario.

La línea temporal deja de ser recta y firmemente continua al lograr viajar en el tiempo. Así, en el pasado/futuro (el siglo XX), vemos cómo Barrett entró en el movimiento revolucionario y acabó preso. Y en el futuro/pasado (hace mil millones de años), vemos lo que le sucede en la Estación. Una prisión donde Barrett es el preso más respetado y a la que llega Hahn, un chico joven bastante misterioso.


Un visitante inesperado

En los más de veinte años que Barrett llevaba en la Estación, cada cierto tiempo iban llegando presos nuevos. Sin embargo, hacía seis meses que no llegaba nadie. Así que cuando llega Hahn es todo un acontecimiento. Él viene de 2029 y los presos tienen curiosidad por saber lo que ha pasado desde que fueron enviados a la Estación, algunos hace ya muchos años. Pero a Barrett no le encajan las pocas cosas que cuenta del futuro. No le parece un disidente político como ellos. Más tarde, descubre que escribe todo lo que ve en la Estación y, al leer sus notas, todo indica a Barrett y a sus compañeros que Hahn es un espía del Gobierno.

Pero, ¿para qué? ¿Qué más da lo que hagan si están allí atrapados para siempre? El Gobierno, al parecer no del todo inhumano, les envía algunos víveres y objetos para que sobrevivan en el pasado. Pero, ¿para qué es necesario un espía en un lugar como ese? Esa duda se disipa cuando descubren que una noche Hahn viaja al futuro con la máquina y vuelve a la Estación. La posibilidad que ni contemplaban de que se pudiera viajar al futuro, de que se pueda volver al futuro, trastoca todas sus teorías y todos sus planteamientos.


El tiempo retoma su orden

El destierro ya no es tal y ahora el futuro y el pasado están realmente cerca. Obviamente, pillan a Hahn por banda y le hacen confesar. Y sí, resulta ser un espía del Gobierno, pero no como lo habían imaginado. Hahn les cuenta que la revolución ha triunfado en 2029 y que le han enviado para ver cómo estaban, mandarlos al futuro (su presente, realmente) y cerrar la Estación.

La novela indaga en la psicología de los personajes, cómo les ha afectado el destierro y lo que supone para ellos, tanto el destierro como una posible vuelta al futuro. Pero centrándonos en el regreso al presente (esto no es una crítica de la novela, sino un análisis del viaje en el tiempo en ella) vemos cómo el pasado, el futuro y el presente vuelven a su orden.

Como hemos dicho antes, el pasado de Barrett está en el futuro de la línea temporal, y su presente (futuro desde el punto de vista del Barrett joven) está en el pasado de la línea. Sin embargo, si cierran la Estación y regresan todos a 2029, no viajan simplemente al futuro, sino que regresan a su presente, aunque nunca hayan estado ahí.

Barrett tenía 37 años cuando le enviaron al pasado en 2006. Ha pasado 23 años en la prehistoria, en el pasado. Ahora tiene 60 años y la posibilidad de viajar al futuro, a 2029. Pero no es simplemente una fecha del futuro. Es el presente, un presente en el que Barrett también tendría 60 años si no hubiera sido capturado. Barrett está viajando al futuro, un tiempo en el que nunca ha estado y donde todo es muy diferente al 2006 que dejó atrás; pero no es un viaje al futuro estrictamente hablando, es simplemente un regreso al presente que le correspondía.

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