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Nova reedita ‘La patrulla del tiempo’, de Poul Anderson

30 marzo 2016 5 comentarios

patrulla-del-tiempo-nova-ediciones-bEl sello Nova, de Ediciones B., lanza hoy al mercado la reedición de ‘La patrulla del tiempo’, la serie de relatos de Poul Anderson sobre viajes en el tiempo. La nueva edición consta de 736 páginas encuadernadas con tapa dura y sobrecubiertas que incluyen los once relatos sobre la patrulla del tiempo que publicó Anderson entre los años 1955 y 1995.

La edición incluye los títulos:

Patrulla del Tiempo” (1955), “El valor de un rey” (1959), “Las cascadas de Gibraltar” (1975), “La única partida en esta ciudad” (1960), “Delenda Est” (1955), “Marfil y monas y pavos reales” (1983), “El pesar de Odín el Godo” (1983), “Estrella del mar” (1991) y “El año del Rescate” (1988), “Time Patrol” (1990) y “Death and the Knight” (1995).

Ediciones B. ya lanzó en el año 2000 una edición recopilatoria de estos relatos, pero que no incluía los textos de los años 90. Se trata de la edición más completa que se puede encontrar en español y, además, cuenta con una ilustración de portada de James Gurney, mucho más atractiva que la de la edición del año 2000 y que ya fue utilizada en la novela de Edward Llewellyn ‘Salvage and Destroy’ (DAW, 1984).

Se trata de un clásico indiscutible de la ciencia ficción y una obra imprescindible para los aficionados a los textos sobre viajes en el tiempo. En Crononautas ya hemos analizado el primero de los relatos, Patrulla del tiempo, y poco a poco iremos desgranando todos los relatos de la serie.

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Patrulla del tiempo (Poul Anderson, 1955)

26 octubre 2015 3 comentarios
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‘La patrulla del tiempo’ (Ediciones B, 2000) incluye los nueve relatos de la serie, que se inicia con ‘Patrulla del tiempo’

La posibilidad de viajar en el tiempo abre la puerta a muchos peligros para el devenir de la historia, ya que ésta puede ser cambiada al realizar viajes al pasado. Por eso, no es descabellado pensar que si se llegara a dominar el viaje en el tiempo, los gobernantes harían algo para controlar esos cambios. Lo hemos visto en películas como ‘Timecop’ o series como ‘El Ministerio del Tiempo’. Y mucho antes se pudo ver en una serie de relatos y novelas cortas de Poul Anderson que se inició con ‘Patrulla del Tiempo’ (Time Patrol, 1955), en el que Manse Everard se enrola en una agencia del futuro que controla que nadie realice cambios en la historia.

Everard vive en 1954, momento en el que aún no se dominan los viajes en el tiempo. Pero eso no quiere decir que no pueda pertenecer a la Patrulla. De hecho, se presenta para un misterioso trabajo que resulta ser el de patrullero del tiempo, un equipo formado miles de años en el futuro y que recluta gente de distintas épocas. Tras varias pruebas y controles, le explican en qué consiste el trabajo y todo lo que hay detrás del viaje en el tiempo (cuándo se descubrió, quién ha organizado la Patrulla…) y le llevan a una estación de la Patrulla en el Oligoceno para su instrucción.

Esa base en el pasado ya lleva a una reflexión. ¿Si se construyó una base en el pasado, porqué no se han encontrado los restos? ¿Por qué construirla hace tantos años? ¿Aún perdura en algún lugar? Anderson explica el círculo perfecto que hace que todo funcione sin interferencias:

La Academia se encontraba en el Oeste americano. También estaba en el periodo Oligoceno, una época cálida de bosques y prados en la que los andrajosos antecesores del hombre huían de la amenaza de mamíferos gigantes. Se había construido hacía mil años; se mantendría otro medio millón —tiempo más que suficiente para graduar a todos los operativos que la Patrulla del Tiempo pudiese necesitar— y luego se demolería cuidadosamente para que no quedase ningún rastro de ella. Más tarde llegarían los glaciares, y habría hombres, y en el año 19352 d.C. […], esos hombres descubrirían la forma de viajar en el tiempo y volverían al Oligoceno para fundar la Academia.

Hombre sin origen

Es durante la instrucción que el propio Everard y algunos reclutas plantean cuestiones muy interesantes sobre el viaje en el tiempo y las consecuencias del cambio del pasado. Una de las reclutas no comprende que se pueda cambiar el pasado afectando al presente, pero sin afectarte a ti mismo al hacer el cambio.

—Creo que está describiendo una situación lógicamente imposible. Le concedo la posibilidad del viaje en el tiempo, ya que estamos aquí, pero un suceso no puede simultáneamente haber sucedido y no haber sucedido. Eso es una contradicción.

—Lo que sucede es algo así: supongamos que retrocedo en el tiempo e impido que su padre conozca a su madre. Usted no habría nacido. Esa porción de la historia universal sería diferente; siempre habría sido diferente, aunque yo conservara recuerdos de la situación «original».

—Bien, ¿y si hace lo mismo con usted? —preguntó Elizabeth—. ¿Dejaría usted de existir?

—No, porque yo pertenecería a una sección de la historia anterior a mi propia intervención. Apliquémoslo a usted. Si fuese usted a, supongamos, 1946 y actuase para evitar el matrimonio de sus padres en 1947, usted todavía existiría en ese año; no dejaría de existir sólo por haber influido en los acontecimientos. Lo mismo se aplicaría aunque sólo hubiese estado en 1946 un microsegundo antes de disparar al hombre que en caso contrario se hubiese convertido en su padre.

—Pero entonces yo existiría… ¡sin origen! —protestó ella—. Tendría vida, recuerdos y… todo… aunque nada los habría producido.

Kelm se encogió de hombros.

—¿Y qué importancia tiene? Usted insiste en que la ley de causalidad o, hablando estrictamente, la ley de conservación de la energía, sólo trata de funciones continuas. En realidad, las discontinuidades son más que posibles.

Esta explicación rompe lo que hemos visto en algunas películas como ‘Regreso al Futuro’. Puedes evitar que tus padres te engendren, y no nacerás. Pero tú, adulto que ha viajado en el tiempo, seguirás vivo. No desaparecerás a consecuencia de tus actos, ya que pertenecerás “a una sección de la historia anterior” a tu intervención, en la que sí habías nacido.

Al igual que puede haber dos ‘tú’ cuando te visitas en el pasado, puedes estar sin haber nacido (si no haber nacido se ha provocado después de que nacieras). Eso sí, en la nueva realidad temporal que has creado (y de la que no puedes escapar) nunca nacerás, no tendrás origen, serás un vagabundo en el tiempo.

Aunque el relato parece basarse en una línea temporal única y mutable, una forma de entender este razonamiento es bajo la teoría de las líneas temporales alternativas. Viajas al pasado y evitas tu nacimiento. Has creado una nueva línea temporal en la que no nacerás; pero tú, viajero en el tiempo, no desapareces, porque en la línea temporal original de la que viniste sí naciste, nadie lo impidió. Eso sí, no puedes regresar a esa línea temporal. Si viajas de nuevo al año del que viniste, será el futuro de la nueva línea temporal en la que nunca nacerás. El cambio no te afecta, pero vivirás en una línea temporal en la que serás un hombre sin origen.


La evolución, ¿en peligro?

Un cambio directo como matar a un padre antes de engendrar a sus hijos cambia su descendencia inmediata. Eso está claro. Pero ¿puede cambiar toda la humanidad futura? El protagonista reflexiona sobre esos cambios a largo plazo durante una cacería en el Oligoceno y la conclusión a la que llega su compañero es que no, que un sólo individuo no importa, que matar en el Oligoceno a un bicho no pone en peligro la humanidad ya que “un insectívoro por separado no importa, son todos los recursos genéticos de la especie lo que llevó al hombre“.

No se trata de una aportación de genes directa (de padre a hijo), que sí haría que fueses otra persona. Sino de esos “recursos genéticos” que nos definen como especie. Tras tantos siglos, todos somos descendientes de todos los individuos y no cambia la historia acabar con uno de ellos (otra cosa sería acabar con la especie). Sin duda, es un planteamiento mucho menos apocalíptico (no sé si más realista biológicamente, ¿hay algún genetista en la sala?) que el de ‘El sonido de un trueno‘, de Ray Bradbury, que nos condenaba a todos por un ratón muerto (ver artículo).

Estas portadas de 'Patrulla del Tiempo' y de las antologías de la serie muestran diversas interpretaciones del vehículo en el que se mueven y viajan en el tiempo los patrulleros

Estas portadas de ‘Patrulla del Tiempo’ y de las antologías de la serie muestran diversas interpretaciones del vehículo con el que se mueven y viajan en el tiempo los patrulleros

El pasado es obstinado

Aunque no vayamos a desaparecer como especie si matamos un bichito en el pasado, la Patrulla se encarga de que la historia no cambie sustancialmente. Y aunque el pasado se puede cambiar, se trata de un trabajo complicado. Explican que “es como si el continuo fuese una red de fuertes bandas de goma. No es fácil de deformar; tiende siempre a volver a su forma «anterior»”.

El continuo del tiempo se resiste a ser deformado por un pequeño cambio en el pasado. Uno tan directo como que tu padre no te engendre no deja margen al continuo a volver a su forma anterior; pero otros cambios pueden ser compensados por el propio tejido del tiempo, que tiene tantas ramificaciones entrelazadas que un sólo cambio no logra desenmarañarlas todas y darles otra configuración, cambiando completamente el futuro.

Esta resistencia del pasado la podemos ver, por ejemplo, en la novela de Stephen King ’22-11-63′ (de la que hablaremos también en este blog), en la que se incide en la idea de que “el pasado es obstinado” y se resiste a ser cambiado y lo duro que hay que trabajar para cambiarlo. Sin duda, es posible cambiarlo, pero no con un pequeño detalle que incluso podríamos cambiar sin querer. Desentrelazar el tejido del tiempo a largo plazo requiere cambios muy concretos y sin cabos sueltos. Y esos cambios son los que vigila la Patrulla del Tiempo.


La Patrulla del Tiempo

Así que la Patrulla es necesaria. Si se trabaja duro se puede modificar el continuo espacio-tiempo, y la especie dominante de la Tierra en el futuro (que son los que crean la Patrulla) no quiere que nadie cambie su presente y ponga en peligro su existencia.

Son conscientes de que es posible que su propia existencia haya sido provocada por un cambio en el continuo, pero quieren evitar que otro cambio les borre de la existencia. Por eso crearon la Patrulla del Tiempo, que busca indicios en la historia que puedan indicar que en cierto momento hubo una intervención extratemporal, alguna incongruencia, algún punto misterioso y demasiado coincidente que pueda haber sido consecuencia de la intervención de un viajero del tiempo. Se viaja hasta ese punto, se investiga, se sigue la pista al eventual viajero y se elimina ese cambio.


Hacer la misión para que siga hecha

La misión lleva a Everard, el protagonista, y a su compañero Whitcomb a la Inglaterra de la Edad Media. Una muerte misteriosa de un arqueólogo de finales del XIX al abrir una tumba medieval lleva a Everard a pensar que esa tumba guarda un secreto. En el siglo XIX descubrirán que el arqueólogo murió por un material radiactivo que había en la tumba. Al analizarlo, ven que es del siglo XXX y más tarde descrubren que la tumba era de un viajero en el tiempo que vivió en el siglo V, un hombre del siglo XXX que robó la máquina del tiempo a un patrullero.

Tras esas conclusiones, revisan los archivos históricos y ven que la máquina perdida se recuperó en el siglo V por dos patrulleros, los propios protagonistas.

– Fue finalmente recuperada en la Inglaterra del siglo V por dos patrulleros llamados, ¡ah!, Everard y Whitcomb.

—Si ya hemos tenido éxito, ¿por qué molestarnos? —El americano sonrió.

Mainwethering parecía asombrado.

—¡Pero querido amigo! Todavía no han tenido éxito. El trabajo está por hacer, en términos de su sentido de la duración y del mío. Y por favor, no den el éxito por supuesto sólo por los archivos históricos. El tiempo no es rígido; el hombre tiene libre albedrío. Si fracasan, la historia cambiará y nadie habrá registrado su éxito; no les habré hablado de él; yo no les habré informado. Eso sin duda es lo que pasó, si puedo usar el término «pasó», en los pocos casos en que la Patrulla ha registrado un fracaso. Esos casos todavía están siendo investigados, y si al final se consigue el éxito, la historia cambiará y siempre habrá habido éxito. Tempus non nascitur, fit, si puedo concederme un pequeño chiste.

Lo que van a hacer, como lo harán en el pasado, ya se hizo y ha quedado registrado. Pero, sin duda, tienen que hacerlo para que fuera hecho y quedara registrado. Si no lo hicieran o, por lo que fuera, fracasaran (el limitado libre albedrío dentro de los bucles temporales) harían cambiar la historia y siempre habría sido así.

Teóricamente, no pueden fallar. Ya se registró, se deciden a ir y lo hacen tal cual lo hicieron, es un circulo temporal perfecto avalado por la llamada paradoja de la predestinación (o predeterminación), por la que todo se repite pero todo se cierra como un círculo que requiere que todo se repita para que todo siga igual. ‘a’ lleva a ‘b’, pero ‘b’ lleva a ‘a’ para que ‘a’ luego lleve a ‘b’. Lo que haces en tu viaje al pasado ya formaba parte de tu pasadoFue hecho porque lo harás viajando al pasado, y lo harás en el pasado porque tuvo que ser hecho para que pudieras viajar y hacerlo. Un lío, sí, pero un círculo sin fin y sin fisuras.

Esta paradoja no deja espacio para el libre albedrío (existe, pero el que aplicas ahora en tu viaje es el que ya aplicaste en su momento, tu viaje ya sucedió en tu propio pasado); pero aquí, quien les supervisa la misión, explica que ha habido casos en los que el libre albedrío sí ha afectado al bucle.


Evitar los cambios

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Esta portada francesa de ‘La Patrulla del Tiempo’ no sólo muestra una versión del vehículo más propia de la ciencia ficción moderna, sino a personajes de diversas épocas como ejemplo de los distintos viajes de Everard

Al parecer, el hombre el siglo XXX que robó la máquina fue al siglo V y llegó a ser consejero del Rey. Le llamaron ‘hechicero’ ya que tenía una barra con la que lanzaba rayos que podían dividir rocas (un arma del siglo XXX inexplicable en el siglo V). Alguien le mató y se le enterró con sus pertenencias, entre las que se encontraba ese material radiactivo que mató al arqueólogo.

Al enterarse de eso y ver la tumba en el siglo V, deciden viajar tres años más atrás, hasta el momento en el que aún estaba vivo. Al llegar allí, logran audiencia con él y descubren qué hace allí. Ese hombre viajó al pasado para cambiar la historia… pero para bien, para construir un futuro mejor. Pero, aunque se trata de una misión elogiable, la Patrulla lo tiene que impedir y lo intentan arrestar. Sin embargo, durante el forcejeo, acaban matándolo.

De hecho, no había casi margen para que no muriera, ese hombre ya había muerto en el pasado de los protagonistas (la tumba estaba ahí antes, que en realidad es después), lo único es que no sabían que habían sido ellos (que serían ellos) lo que provocaron la muerte.

Y, en realidad, los cambios hechos en el pasado por ese hombre no habían llegado a tener verdaderos efectos; pero la Patrulla tenía que volver a viajar al pasado y matarlo para cerrar ese círculo y que no llegara más lejos. De hecho, no se había llegado a modificar el continuo, pero había sido así porque habían viajado al pasado y lo habían matado antes de que lo lograra. Así que lo que han hecho es viajar al pasado para provocar ese mismo hecho de su pasado, a cerrar el círculo.

Tras matarlo, los patrulleros se llevan todas las pertenencias del siglo XXX de ese hombre salvo el material radioactivo con el que lo enterrarán, ya que se tiene que quedar ahí para que el arqueólogo lo encuentre y muera, y ellos puedan dar con él y viajar al pasado para evitar los planes de ese hombre y matarlo. Volvemos a ese círculo de la paradoja de la predestinación que se tiene que dar una y otra vez.

Y, a su vez, observamos también el principio de autoconsistencia de Novikov, que nos dice que no podemos hacer algo en un viaje al pasado que impida que, más tarde, hagamos ese viaje al pasado. Si se hubieran llevado el material radiactivo, no hubieran podido localizarlo y no hubieran viajado para matarlo y llevarse el material radiactivo. No sería una situación consistente, no sería posible.


Fugitivo en el tiempo

Tras cumplir la misión, deben volver a la época victoriana para informar a su supervisor; pero Whitcomb, el compañero del protagonsita, no aparece. Everard intuye donde está. Y es que la novia de Whitcomb murió por una bomba en la II Guerra Mundial poco antes de que le reclutaran. Whitcomb sabe que no debe cambiar el pasado, pero no puede evitarlo.

Everard irá en su busca para evitar que cambie el pasado, ya que podría ser malo para el continuo y, además, le castigarían por ello. Y, de hecho, ni siquiera serviría para nada, por que enviarían a otros patrulleros para evitar que él hiciera el cambio. Sin embargo, una vez allí, él tampoco puede evitar salvar a una familia que moriría junto a la novia de Whitcomb y ponerse de su parte. Pero, ¿qué consecuencias podría tener haberlos salvado?

Al llamar a la puerta se preguntó qué representaría haber salvado a la familia Enderby. Esos niños crecerían, tendrían hijos propios; sin duda ingleses insignificantes de clase media, pero en algún lugar de los siglos por venir un hombre importante nacería, o no. Claro está, el tiempo no era muy flexible. Excepto en contados casos, los antepasados exactos no importaban, sólo la reserva genética y la sociedad humana. Aun así, ése podría ser uno de esos raros casos.

Tras salvar a esa familia, Everard va a ver a la novia de Whitcomb y al poco llega también él. ¿Qué deben hacer? A medio debate, otros dos patrulleros se presentan allí para evitar que la salven. En el futuro, sabían lo que habían hecho Everard y Whitcomb y habían mandado a dos patrulleros para evitarlo. ¿Significa eso que habían llegado a tener éxito?

Everard intenta convencer a los patrulleros de que les permitan cambiar el pasado, una excepción, y finalmente pide una audiencia con los Danelianos, los creadores de la Patrulla del Tiempo en el futuro, para pedirles que se lo permitan. Nada más pedirla, un Daneliano aparece en el cuarto.

Su apelación ha sido considerada —dijo la voz sin sonido—. Se conocía y se sopesó mucho antes de su nacimiento. Pero usted seguía siendo un eslabón necesario en la cadena del tiempo. Si hubiese fallado esta noche, no hubiese habido misericordia.

A nosotros nos constaba que Charles y Mary Whitcomb vivieron en la Inglaterra victoriana. También nos constaba que Mary Nelson murió con la familia que visitaba en 1944, y que Charles Whitcomb había vivido soltero y finalmente había muerto estando de servicio con la Patrulla. La discrepancia había sido percibida, y en cuanto incluso la más pequeña paradoja es una debilidad peligrosa en la estructura del espacio-tiempo, debía ser rectificada eliminando de la existencia uno u otro hecho. Usted ha decidido cuál será.

Everard ha pedido la apelación y en el futuro ha tenido lugar y se ha tomado una decisión. Él aún no lo ha visto, pero desde el futuro ya vienen para darle veredicto. Al ver que salvar a Mary no era crucial para la existencia y que Everard había hecho bien su misión en el siglo V (y que tendrá misiones importantes en el futuro, ellos ya lo saben) le permiten hacer el cambio y no le castigan severamente.

Pero, ¿cómo podía haber constancia, datos, de la muerte de la novia de Whitcomb y también de su salvación? Ella había muerto, pero tras el cambio de Everard se había salvado. Sin embargo, a ojos de la historia, pese a haberse hecho un cambio, tenía que constar su muerte. Los datos de su muerte por la bomba (reales inicialmente) habían sido falsificados para que todo siguiera igual que antes del cambio, para poder hacer esta excepción y que pudiera salvarse por la intervención de Everard. Se la daba por muerta tal y como tenía que suceder. Y a Whitcomb se le daba por desaparecido en combate. Mary desaparecía de la existencia dándola por muerta a causa de una bomba y todo seguía su curso. Así, ambos podían ser enviados cien años atrás y que vivieran tranquilos en otra época.

Supo que la historia ahora decía: «W.A.A.F Mary Nelson desaparecida, presumiblemente fallecida a causa de una bomba caída cerca de casa de los Enderby, que se encontraban en casa de ella cuando la suya propia fue destruida; Charles Whitcomb desapareció en 1947, presumiblemente ahogado por accidente.» Supo que a Mary se le había dicho la verdad, se la había condicionado para que no la revelase, y se la había enviado junto con Charlie a 1850. Y que vivirían su vida de clase media, sin sentirse del todo cómodos, durante el reinado de Victoria, que Charlie a menudo fantasearía sobre cómo le hubiese ido en la Patrulla… y luego miraría a su mujer y a sus hijos y decidiría que, después de todo, no había sido un sacrificio tan grande.

No se habla de las consecuencias que puede tener que Whitcomb y su novia vivan en el pasado ni de que tengan hijos. Seguramente serán una parte insignificante de la historia, como la familia que Everard salva. La cuestión es que se le permite cambiar el pasado ya que, sin duda, ya lo ha hecho. Se elimina una de las dos realidades y se sigue adelante. Una excepción que se le hace a Everard por su buen servicio, además de no castigarle severamente, lo que sirve para que Poul Anderson escriba más aventuras de este patrullero del tiempo que ya analizaremos más adelante en este blog.

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