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Por sus propios medios (Robert A. Heinlein, 1941)

23 noviembre 2015 Deja un comentario

18370412¿Quiénes somos? ¿Qué determina nuestro ‘yo’? ¿Lo que hacemos determina quién somos o quién seremos? ¿Podemos decidir lo que haremos?. ‘Por sus propios medios’ es, junto a ‘Todos vosotros, zombies’, uno de los relatos más famosos de Robert A. Heinlein. Aquí, Heinlein reflexiona mediante el viaje en el tiempo sobre la propia identidad y sobre el libre albedrío y recurre para ello a su amada paradoja de la predeterminación en un juego temporal impecable. Se trata de un relato complejo y apasionante sobre el viaje en el tiempo y sus paradojas.

Bob Wilson está en su habitación escribiendo su tesis. A su espalda aparece un hombre que le resulta familiar, pero no reconoce. Le cuenta que ha llegado por una puerta temporal, un círculo que parece flotar en su cuarto, y le pide que lo cruce. Wilson no quiere, pero tras unas copas se envalentona y dice que sí. Pero aparece un tercer hombre, que al parecer se conoce con el segundo, y le dice que no cruce la puerta, que es una trampa, que le están utilizando. Se pelean y Wilson cruza la puerta.

Esta es la situación inicial del relato, un punto de partida que el lector no acaba de comprender y al que se volverá irremediablemente. Al cruzar la puerta, Wilson aparece en un lugar extraño que resulta estar 30000 años en el futuro, y allí le recibe un hombre llamado Diktor, que le cura las heridas de la pelea, le da de comer y le deja descansar. Ese hombre, que también tiene una puerta temporal, le pide a Wilson que la cruce para cumplir una misión muy importante; pero no le explica cuál es ni lo que va a encontrarse al otro lado. No muy receloso y maravillado por la aventura que está viviendo, Wilson cruza la puerta y ahí es donde todo vuelve a empezar y todo empieza a cobrar sentido.


Regreso al pasado

Al llegar allí, reconoce su cuarto y piensa que está en otra época en la que su cuarto está igual que cuando marchó. Pero al mirar hacia el escritorio, ahí está él, escribiendo su tesis. Es entonces cuando se da cuenta de quién es él: él es el hombre que apareció a su espalda y le pidió cruzar la puerta y el hombre sentado es él antes de saber nada sobre puertas temporales.

Y entonces Wilson empieza a repetir lo mismo que dijo aquel hombre que se presentó en su cuarto. Quiere variar, no decir lo mismo, él tiene libre albedrío; pero acaba diciendo lo mismo, la situación le lleva a ello.

Y es que no puede variarlo. Eso ya ha pasado y decir lo que dijo le llevó a cruzar la puerta. Sin meternos aún de lleno en la paradoja de la predeterminación, que es la que engloba todo el relato y explicaremos después, lo que también vive ahora Wilson es el llamado principio de autoconsistencia de Novikov.


El principio de autoconsistencia de Novikov

Esta teoría nos dice que en nuestro viaje al pasado no podemos (aunque queramos) hacer nada que impida que, más tarde, realicemos ese viaje al pasado. Wilson quiere variar su discurso, no quiere hacer que su yo anterior cruce la puerta temporal. Pero no lo puede evitar. Y es que ya ha cruzado la puerta. Si lo evitara, su yo pasado no iría al futuro y luego no volvería para evitarlo, y si no vuelve para evitarlo, ¿cómo lo evitó? No podemos impedir con nuestro viaje al pasado que podamos viajar al pasado. La situación no sería consistente, no sería posible.

Esta imposibilidad marcada por el principio de autoconsistencia se basa en el paradigma de que el continuo espacio-tiempo maneja una única línea temporal y no podemos hacer una modificación en el pasado de esa línea que no nos permita ir a ese punto del pasado a hacer esa modificación. Y si, además, consideramos que esa única línea temporal es fija, inmutable, Wilson se enfrenta a la predeterminación, la teoría que englobará todo el relato.

Así, ahí está Wilson, sentado a su mesa escuchando a su yo futuro (aunque él no lo sabe); pero cruzará la puerta al cabo de poco para volver y hacerse cruzar la puerta (como ya había pasado). No mucho después, Wilson lo habla con Diktor.

—Por eso te mandé hacia atrás… Para que pudieras aparecer antes por la Puerta.

—¿Eh? Espera un momento… Ya había aparecido por la Puerta.

Diktor meneó la cabeza.

—¿De veras? Piénsalo un poco. Cuando volviste a tu propio tiempo y a tu propio lugar encontraste ahí a tu yo anterior, ¿no?

—Mmmmm…, si.

—Él…, tu yo anterior…, todavía no había cruzado la Puerta, ¿verdad?

—No. Yo…

—¿Cómo podía haber cruzado la Puerta, a menos que tú le persuadieras para que entrara en ella?

A Bob Wilson le estaba empezando a dar vueltas la cabeza. Estaba empezando a preguntarse quién le hizo qué a quién y qué le ocurrió entonces.

—¡Pero eso es imposible! Me estás diciendo que hice algo porque iba a hacer algo.

—Bueno, ¿es que no lo hiciste? Estuviste aquí.

—No, yo no…, bueno, quizá lo hice pero no tuve la sensación de hacerlo.

—¿Por qué ibas a tenerla? Era algo totalmente nuevo para tu experiencia.

—Pero…, pero… —Wilson aspiró una buena bocanada de aire y logró controlarse. Después echó mano de sus conceptos de filosofía académica y extrajo de ellos la idea que había estado luchando por expresar—. Eso niega todas las teorías racionales de la causalidad. Me harías creer que la causalidad puede ser totalmente circular. Crucé la Puerta porque volví a cruzarla para convencerme de que la cruzara. Eso es ridículo.

—Bueno, ¿no lo hiciste acaso?

Wilson no tenía preparada una respuesta para eso.

Todo ello le lleva a reflexionar sobre el libre albedrío en el viaje al pasado. Sin duda, parece que puede decidir, pero sólo lo que ya decidió porque eso le llevó hasta ese momento y, en su momento, también estaba intentando decidir otra cosa distinta a la que había visto que pasaba.

El libre albedrío era otro asunto. No era algo de lo que pudiera reírse, pues le había sido posible experimentarlo directamente…, y, con todo, su propia y libre voluntad había trabajado para crear la misma escena una y otra vez. Al parecer la voluntad humana debía ser considerada como uno de los factores que creaban los procesos dentro del continuo: libre para el yo, mecánica para quienes la observaran desde fuera.


Yo, erayó y sereyó

La cuestión es que cuando Wilson está intentando convencer a su yo anterior de que cruce la puerta, aparece el tercer hombre. Y Wilson se da cuenta de que ese hombre es él mismo y no entiende por qué va a detenerlo; pero entiende que viene del futuro, de un tiempo en el que él aún no ha estado. Entonces llega la pelea y el Wilson que estaba sentado escribiendo cruza la puerta y los otros dos se quedan en la habitación.

¿Quién es Bob Wilson ahora? ¿El que estaba escribiendo fue al futuro y volvió para convencerse a sí mismo que cruzara; el que acaba de cruzar y volverá al pasado para convencerse de cruzar, o el tercero, que ha llegado para evitar que Wilson convenza a su yo pasado de cruzar? Esta mezcla es la que hace a Wilson (y a Heinlen) pensar sobre la propia identidad.

—Maldita sea, no puedes hacerme esto. ¿Qué fue de los otros dos?

—¿Los otros dos qué?

—Mis otros dos yo. ¿Dónde están? ¿Cómo voy a conseguir encontrar la salida de todo este lío?

—No estás metido en ningún lío. No tienes la sensación de ser más de una persona. ¿Verdad?

—No, pero…

—Entonces, no te preocupes por ello.

Somos quien somos en este momento. Nuestros otros yo de otro tiempo no somos nosotros, ya que nuestro propio tiempo hace que seamos quien somos, aunque quien fuimos (en el pasado) condiciona quien somos y quién seremos (en el futuro).

Y, en este caso, nuestro yo futuro influye en nuestro yo presente al viajar él al pasado. Pero, de todos modos, sólo tenemos la sensación de ser uno (nuestro yo de ahora), ya que sin viajes en el tiempo vivimos en un continuo temporal lineal. Y aún con viajes en el tiempo, sólo somos nosotros mismos en relación con nuestro propio tiempo, aunque tengamos delante de nosotros a nuestro yo de otro tiempo, aunque estemos en el tiempo de nuestro otro yo.

Somos nosotros mismos aquí y ahora. No somos quien éramos ayer. Podemos recordar varios yo: de niño, de adolescente, de ayer por la tarde; pero esos son nuestros yo de otro tiempo, no somos nosotros. Lo que nos une es la sensación de identidad debida a que nuestra memoria pasa del uno al otro de forma lineal.

Pero Wilson puede ver en un mismo espacio a los Wilson de otro tiempo. El viaje en el tiempo le ha permitido disociar el espacio-tiempo, que siempre está unido. Eso le hace dudar de su propia identidad, poder tocar a su yo de ayer. Nuestro yo de ayer siempre está ahí, pero no trastoca nuestra identidad porque está en otro plano temporal y son las cuatro dimensiones las que nos caracterizan.


Mis otros yo sin mí

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‘Por sus propios medios’ fue publicado por primera vez en la revista ‘Astounding Science Fiction’ en octubre de 1941. Heinlein lo publicó bajo el seudónimo literario Anson MacDonald

Con tantos Wilson en juego, será mejor ponerles número para identificarlos mejor. Wilson 1 es el del principio, que cruzó la puerta y luego volvió al pasado. Wilson 2 sería su yo pasado, que ahora acaba de cruzar la puerta. Y Wilson 3 es quien intenta evitar este círculo vicioso.

Y es que ahora Wilson 2 acaba de cruzar la puerta impulsado por su yo pasado y ya sabemos lo que hará. Pasará un tiempo con Diktor y viajará al pasado para convencer a su yo pasado para cruzar. Pero, ¿qué pasa con los otros dos Wilson, Wilson 1 (que ya ha cruzado la puerta una vez y ha vuelto) y Wilson 3, que no sabemos de donde viene?. Lo único que podemos tener claro es que lo que haga Wilson 1 ahora le llevará a ser Wilson 3 y volver al punto inicial para evitar que el primero de todos los Wilson cruce por primera vez la puerta.

Wilson 1 (el que estaba al principio escribiendo, cruzó la puerta y volvió para convencerse) se pelea con Wilson 3 y decide volver a cruzar la puerta. Allí se vuelve a encontrar con Diktor y le pide explicaciones por lo que ha sucedido y por el tercer Wilson. Diktor no le da las explicaciones que requiere, pero es entonces cuando le explica la verdadera misión: Wilson debe viajar al pasado y recopilar unas cuantas cosas que ya no hay en el futuro y que les reportarán riqueza y poder en el año 30000. Diktor le da una lista y le explica cómo funciona la máquina.


La máquina del tiempo

Detengámonos aquí un momento para analizar cómo funciona la máquina del tiempo de este relato. Obviamente, no explican científicamente cómo se logra viajar en el tiempo; pero sí hacen referencia a la cuarta dimensión (el tiempo) como si fuera una más que se puede recorrer con libertad e incluir en un diagrama de coordenadas para llegar a un lugar.

Cuatro esferas de colores tan grandes como canicas colgaban de unas varillas de cristal dispuestas formando los cuatro ejes principales de un tetraedro. Las tres esferas que formaban la base del tetraedro eran de color rojo, amarillo y azul: la cuarta, en el ápice, era blanca.

—Tres controles espaciales. Un control temporal —explicó Diktor—. Es muy sencillo. Usando el aquí y el ahora como referencia cero, mover cualquier control alejándolo del centro hace que el otro extremo de la Puerta se aparte del aquí y del ahora. Adelante o atrás, derecha o izquierda, arriba o abajo. Pasado o futuro…, todo eso es controlado haciendo mover la esfera adecuada en su varilla.

Y es que el tiempo no es más que otra dimensión necesaria para establecer nuestro yo y lo que hacemos. Imaginemos que queremos invitar a alguien a una fiesta. Esa persona no necesita tres dimensiones para poder vernos en la fiesta, sino cuatro. Hemos de darle la x (el ancho), la calle Mayor. La y (el largo), el número 24 de la calle. La z (el alto), el cuarto piso de ese número. Pero también hay que darle la t (el tiempo), las 22.00 horas. Porque sin este dato no puede acudir a la fiesta, llegaría tarde o pronto, pero no estaría en la fiesta. Y, a la vista está, es una coordenada que se puede recorrer con libertad, llegando a la hora adecuada.

Pues la máquina funciona igual. Sólo hay que ajustar las cuatro coordenadas y allí aparecerá el otro extremo de la puerta temporal.


¿Cerrar el círculo?

Wilson 2 (que ya ha cruzado al futuro, ha vuelto para convencerse de hacerlo y ha regresado con Diktor al futuro) ahora tiene la misión de volver al pasado a recopilar cosas que tiene en una lista. Pero no lo hace, desconfía de Diktor y decide viajar al pasado (cuando él mismo estaba sentado en su cuarto hablando consigo mismo) para evitar que su yo pasado cruce la puerta y así evitar todo este círculo vicioso.

He dicho que lo decide, pero ¿es así?. Lo cierto es que sabe que ya ha pasado (bueno, que pasará). Siendo el primer Wilson se vio aparecer, aunque no sabía de qué iba nada. Siendo el Wilson que había regresado para convencerse de cruzar también lo había visto, sabiendo que era un yo futuro, pero sin saber qué hacía allí. Ahora lo iba a hacer, y lo iba a hacer de la misma forma. Así, Wilson 2 se iba a convertir en Wilson 3.

En el cuarto todo pasa como había pasado. El Wilson primigenio había cruzado y el segundo Wilson del cuarto había vuelto al futuro, como había hecho él ya antes, para convertirse en él. Así, Wilson 3 (el que avisaba al Wilson primigenio de que no debía cruzar la puerta) se había quedado sólo en el cuarto. ¿Había cerrado así el círculo? Ahora era Wilson 3, los demás habían cruzado la puerta para convertirse en el siguiente Wilson y él estaba allí, donde todo empezó. ¿Qué podía hacer? Decide sentarse y seguir con su tesis, como si todo hubiera acabado y el círculo se hubiera cerrado; pero eso ya no es para él.

Así, Wilson 3 (que antes había sido Wilson 2 y Wilson 1 y el Wilson primigenio, aunque él era sólo él en ese tiempo) decide hacer lo que le ha dicho Diktor, recopilar las cosas de la lista; pero no hacerlo para él, sino para sí mismo. Las recopila, viaja al futuro y, sin que Diktor se entere (está con los Wilson pasados), viaja, desde el año 30000 (y pico, en el que vive Diktor), a diez años antes, donde se encuentra en el mismo lugar, pero sin rastro de Diktor. Allí podrá ser él quien viva bien en el futuro con todo lo recopilado y ya verá qué hace cuando Diktor aparezca.


Consecuencias que preceden a las causas

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista 'Astounding Science Fiction', donde se publicó por primera vez en 1941

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista ‘Astounding Science Fiction’, donde se publicó por primera vez en 1941

Es durante la recopilación de las cosas de la lista en la que vemos un buen ejemplo de consecuencias que preceden a la causas. Durante las diferentes veces que vemos a los tres Wilson en el cuarto provocando e intentando evitar que el Wilson primigenio cruce la puerta del tiempo, ese Wilson recibe una llamada de su novia en la que ella asegura que se han visto esa tarde, aunque él no lo recuerda.

Para él, había estado todo el día en el cuarto y no había visto a su novia. Pero es este Wilson que está recopilando las cosas de la lista unas horas antes de toda la escena en la habitación el que visita a su novia.

Así, la consecuencia de la visita (la llamada) Wilson la percibe antes de la causa (la visita). Es lógico, aún no lo ha hecho, le faltan varios viajes adelante y atrás en el tiempo. Pero como lo hará en el pasado, la causa habrá precedido a la consecuencia, respetando la flecha del tiempo.

Así funciona la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Cualquier cosa que haces viajando al pasado ya formaba parte de tu pasado, ya que lo estás haciendo en el pasado de una línea temporal única y fija y lo que se hace en el pasado (viajando desde el futuro) tiene que formar parte, por fuerza, del pasado que ha desembocado en tu presente. Él no había visitado todavía a su novia; pero como lo haría su yo futuro viajando al pasado, esa visita ya había sucedido en el pasado del Wilson primigenio, el del presente.


El futuro

Una vez diez años antes del tiempo de Diktor, Wilson descubre el mundo del futuro que le había anticipado en parte Diktor. Los Grandes, que habían dominado la Tierra, ya no estaban, y había personas que vivían en una sociedad muy distinta y que hablaban un idioma también distinto. Se logra comunicar con ellos gracias a una libreta con vocabulario que le había quitado a Diktor antes de viajar 10 años atrás. Y esa gente le empieza a considerar su líder, ya que vive en la casa de los Grandes (la futura casa de Diktor).

Y allí también reflexiona sobre el viaje en el tiempo y las múltiples dimensiones necesarias para llevarse a cabo.

Otra idea le hizo concluir irremediablemente que era probable que existiera al menos una dimensión más aparte de las cuatro que podían percibir sus sentidos, y esa idea vino de la propia Puerta. Llegó a ser muy hábil manejando sus controles, pero nunca consiguió hacerse ni la más vaga idea de cómo funcionaba o cómo había sido construida. Le parecía que sus constructores debían ser necesariamente capaces de situarse fuera de los límites que le confinaban a él para anclar la Puerta en la estructura del espacio-tiempo. El concepto se le escapaba.

Tenía la sospecha de que los controles que veía eran, sencillamente, la parte que asomaba en el espacio conocido por él. El propio Palacio podía no ser más que una sección tridimensional de una estructura más compleja, y ello ayudaría a explicar la naturaleza de su arquitectura, de otro modo inexplicable.

La lógica le lleva a pensar esto. Al igual que para dibujar unas coordenadas de tres dimensiones para un mapa tenemos que estar fuera del mapa, es necesario estar fuera de las cuatro dimensiones para moverse libremente por el tiempo de la forma en la que lo hacía la máquina, localizando las cuatro, visualizando la escena en una pantalla y, entonces, cruzando la puerta hacia ese sitio/momento.


Cerrando el círculo

En el futuro, pasan los años y Diktor no aparece y Wilson llega a pensar que está en un futuro alternativo, distinto. Pero un día, tras diez años en aquel lugar, alguien aparece en la sala. Un hombre, magullado, en el suelo. Y entonces, se da cuenta de lo que ha pasado. Ese hombre es él mismo, recién expulsado de su cuarto cuando estaba escribiendo su tesis. ¿Y Diktor? Él era Diktor.

Permaneció totalmente inmóvil durante un periodo de tiempo imposible de precisar, contemplando los dos objetos que no debían estar ahí, el sombrero y el hombre, mientras los vientos de la locura barrían su mente haciéndola vacilar. No le hacía falta examinar la silueta inconsciente para identificarla. Sabía…, sabía que era su yo más joven, impulsado de forma involuntaria a través de la Puerta.

No era el hecho en si lo que le hacía estremecerse. No había esperado que ocurriera, pues poco a poco había ido llegando a la conclusión de que vivía en un futuro distinto, un futuro alternativo al otro en que había sido originalmente transmitido por la Puerta. Con todo, había sido consciente de que podía ocurrir y el que ocurriera no le sorprendía.

Y cuando ocurrió, ¡estaba él como único espectador!

Él era Diktor. Era el Diktor. ¡Era el único Diktor!

Jamás encontraría a Diktor y no podría dejar las cosas claras con él. No debía temer su aparición. Jamás había existido y jamás existiría otra persona llamada Diktor, porque Diktor jamás había sido o sería nadie aparte de él mismo.

Wilson había llegado a entender que sus tres yo estuvieran en su habitación en cierto momento; pero no que ese hombre del año 30000 fuera él mismo. Pero ahora lo veía claro. Ahora llegaba el Wilson primigenio y él, Diktor, le enviaría al pasado para que todo el circulo siguiera girando hasta llegar a ser él, el que había vivido como un Rey en el futuro. Y mandaría al siguiente a recopilar todas aquellas cosas que le han servido estos años. Y finalmente acabaría diez años antes, empezando de nuevo para convertirse en Diktor.

Pensando ahora en ello, parecía obvio que él debía ser Diktor, y había muchas evidencias que señalaban en tal dirección. Y, con todo, no había sido obvio. Recordó que todas las similitudes entre él mismo y el Diktor habían surgido de causas racionales, normalmente de su deseo por imitar las características más ostensibles del otro y con ello consolidar su propia posición de poder y autoridad antes de que el otro Diktor apareciera. Por esa razón se había instalado en los mismos aposentos que había utilizado ese Diktor, para que así fueran suyos antes de su llegada.

Cierto que su pueblo le llamaba Diktor, pero eso no le había hecho pensar nada raro: llamaban con ese título a cualquiera que les gobernara, incluso a los pequeños jefes locales que tenía como administradores suyos.

En cualquier caso, había estado buscando a un hombre camino de los cincuenta, cuyo rostro recordaba vagamente después de diez años y del que no tenía imagen alguna. Nunca se le había ocurrido conectar ese rostro borroso con su cara actual, naturalmente que no.


El Jinn

Previamente, ya habíamos visto algún detalle que le acercaba a ser Diktor. Aquella libreta con vocabulario que le quitó a Diktor se había hecho vieja y él decidió reescribirla para que durase. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de que la libreta que le quitó a Diktor era la libreta que él mismo había reescrito (o reescribiría desde el punto de vista del momento del robo).

Esta libreta es lo que se ha venido a llamar un jinn, un objeto sin origen. A se convierte en B, que termina siendo el A que se convierte en B. Y todo porque nunca hubo A o B, sólo existe una realidad moviéndose en una línea de tiempo circular, sin principio o final. Esa libreta, el jinn, no tiene origen, nadie la escribió por primera vez y los conocimientos escritos en ella nunca fueron creados, sólo copiados.

Jamás existieron dos cuadernos de notas. El que tenía ahora se convertiría, tras haber sido llevado mediante la Puerta a un punto situado diez años en el pasado, en el cuaderno de notas del cual lo había copiado. Eran, sencillamente, segmentos distintos del mismo proceso físico, manipulados mediante la Puerta para que durante cierta longitud de tiempo corrieran paralelos uno al otro.

Como había hecho él mismo… una tarde.

Deseó no haber tirado el viejo cuaderno. Si lo tuviera a mano podría compararlos y convencerse a sí mismo de que eran idénticos, salvo por el desgaste de la creciente entropía sufrida.

Pero ¿cuándo había aprendido el idioma para poder preparar tal vocabulario? Naturalmente, cuando lo copió conocía el idioma y, en realidad, no le hacía falta copiarlo.

Pero lo había copiado.

Había dejado claro el proceso físico en su mente, pero el proceso intelectual que representaba era totalmente circular. Su yo más anciano le había enseñado a su yo más joven un idioma que el más anciano conocía porque el más joven, después de haber sido enseñado, creció hasta convertirse en el yo más anciano y fue, por lo tanto, capaz de enseñárselo.

Pero ¿dónde había empezado todo? […] ¿Quién escribió el cuaderno de notas? ¿Quién dio comienzo a la cadena?


La paradoja de la predeterminación

Lo que nos muestra de manera tan compleja y original este relato, como hemos dicho, es la paradoja de la predestinación (que alcanza su mayor esplendor en otro relato de Heinlein, ‘Todos vosotros, zombies’, adaptado al cine con el título de ‘Predestination’).

Según esta teoría, todo aquello que hagamos al viajar al pasado ya había sucedido en nuestro pasado y nos había llevado a ese punto de viajar al pasado para que pasara, porque teníamos que hacerlo ya que habíamos llegado a ese punto gracias a ese cambio. Es todo un círculo. Hemos pasado de A a B y entonces viajamos al pasado y provocamos A, porque es necesario que A tenga lugar para llegar a B y, entonces, poder viajar al pasado y provocar A. Todo es un círculo perfecto que tiene que seguir girando y no puede parar porque tanto A es causa de B como B es causa de A.

Como hemos dicho, la idea es que todo lo que haremos en nuestro viaje al pasado ya formaba parte de nuestro pasado antes de partir, ya que había sido hecho previamente (en el pasado) por nuestro yo futuro. Todo sucede en una línea temporal única e inmutable. Al viajar en el tiempo, éste deja de ser lineal para ser circular por lo que nuestro futuro y pasado se unen en un perfecto círculo causal.

Aquí, el Wilson primigenio viajó al futuro para volver al pasado a convencerse de viajar al futuro. Y luego viajó de nuevo al futuro y regresó al pasado para evitar lo anterior, algo inevitable porque ya había sucedido, es decir, iba a suceder. Y, finalmente, había vuelto al pasado a recopilar ciertas cosas para volver al futuro y situarse en un pasado más cercano a ese futuro. Tan cercano que, con el paso normal de los años, se convertiría en el hombre que le había mandado a convencer al Wilson primigenio (a sí mismo) de viajar al futuro para poder reiniciar todo el proceso. Y el círculo sigue girando…

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Un futuro en el pasado (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006)

9 noviembre 2015 Deja un comentario
Un futuro en el pasado

El autor ofrece la descarga gratuita de esta novela en ePUB y Kindle en su web

Con la posibilidad de viajar en el tiempo, se suele fantasear con visitar grandes eventos de la historia o vivir de primera mano grandes tragedias como el hundimiento de Titanic o la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya y volver al presente antes de que esos eventos acaben con nosotros. Pero lo que no solemos plantearnos es que los viajeros del tiempo sean gente que vivió esas tragedias en su tiempo y que salvaron la vida viajando al futuro. Ese es el punto de arranque de ‘Un futuro en el pasado‘ (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006).

En esta novela, David es un físico que trabaja en una empresa que tiene sus oficinas en las Torres Gemelas de Nueva York. De espaldas a la empresa, trabaja en un método para viajar en el tiempo. Pero unas semanas antes de probarlo consigo mismo, el día 11 de septiembre de 2001, dos aviones chocan contra sendas torres poniendo su vida en peligro. Sin otra salida, probará su invento… y funcionará. Huirá de la tragedia al año 2029.

Es un arranque espectacular y muy atractivo. Y el viaje, como el de muchas películas, es sólo en el tiempo, no en el espacio. Aparece en el año 2029 en el mismo lugar en el que estaba. Obviamente, las Torres Gemelas ya no están; pero en ese año otro edificio ya se ha alzado en la Zona Cero. Afortunadamente, el nuevo edificio también es un rascacielos (si no, hubiera aparecido en el aire y hubiera caído) y ningún tabique nuevo ni ninguna persona o mueble ni un suelo entre planta y planta están en el lugar donde él estaba.


Te conocí porque ya te había conocido

En el futuro, David pasará varias aventuras y problemas y de ellos le sacará Leroy, un chico que está en el lugar adecuado en el momento adecuado y que le invitará a quedarse con él en su casa tras conocer su increíble historia. Pero lo verdaderamente interesante desde el punto de vista del viaje en el tiempo es por qué coincidieron David y Leroy, algo que se revela bien avanzada la novela.

Y es que Leroy, ciudadano de 2029, pertenece a un grupo de científicos que también ha logrado idear un método para viajar en el tiempo. Y en uno de esos viajes cortos de prueba al futuro (realizado unos días antes de conocer a David), Leroy está en su casa y se encuentra allí a David, sentado tranquilamente y sabiendo quién es Leroy.

Leroy no le conoce, no sabe qué hace ahí, pero es consciente de que acaba de viajar unos días al futuro y no sabe qué ha pasado en ese periodo, así que sutilmente logra que David le vuelva a contar su historia (aunque para Leroy será la primera vez que la oye). Gracias a eso, Leroy podrá estar en el sitio adecuado para conocer a David y llevarle a su casa.


Predeterminación

Veamos lo que ha pasado. David aparece el día 11 de septiembre de 2029. Allí se encuentra a Leroy, que le acoge en su casa. Pero es que Leroy sabía que estaría allí porque ya había conocido a David en su viaje al futuro y se lo había explicado. Y es que Leroy, el día 5, viajó unos días al futuro (al día 19) y ya se encontró a David en casa. Y gracias a tenerlo allí y escuchar ‘otra vez’ su historia, al volver al día 5 sólo tuvo que esperar unos días para conocerle, sabiendo cómo iba a suceder todo y dónde debía estar para conocerle.

Pero ¿cómo puede ser conocerle el día 11 consecuencia de ver el día 19 que ya le había conocido? ¿Cómo pudo conocerle por haberle conocido en el futuro antes de haberle conocido? Esta situación la explica bastante bien la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Según esta teoría, las acciones que realizamos en un viaje al pasado no son cambios en la historia, sino que siempre formaron parte de nuestra historia y nos llevaron hasta el presente en el que decidimos viajar al pasado.

Y esto es así porque basándonos en el paradigma de que sólo hay una línea temporal fija, las cosas que hacemos al viajar al pasado pasan a formar parte de nuestro pasado. Y como es nuestro pasado, esos hechos siempre formaron parte de la historia de nuestra vida. No harás nada en tu viaje al pasado que tu yo futuro no haya hecho ya en ese pasado. No reescribes la historia, ya había sido escrita así… por ti mismo.

En este caso, al viajar al futuro unos días, Leroy sólo vio las consecuencias de lo que haría al volver al presente. Claro que lo que hará al volver al presente es gracias a haber visto las consecuencias en el futuro, pero es que esas consecuencias tienen lugar solamente porque Leroy volverá al presente para causarlas. Siempre había sido así. Por eso David estaba ahí, porque el Leroy que le ayudó ya había estado en el futuro y había vuelto para ayudarle, aunque le había conocido antes de ayudarle y en ese momento aún no sabía lo que debía hacer.

El viaje en el tiempo hace que la línea temporal deje de ser lineal para ser circular, lo que hace que parezca que los efectos precedan a las causas y sus papeles parezcan intercambiarse. Se crea un círculo perfecto en el que aunque veamos que ‘a’ lleva a ‘b’ y, a su vez, ‘b’ lleva a ‘a’ para llevar ésta otra vez a ‘b’, no se rompe la causalidad y la situación es posible.


La fuerza electromagnética

Zaragoza propone en su novela un viaje basado en la energía electromagnética. No explica, en el fondo, cómo funciona, pero da una explicación científica al salto al futuro de su protagonista.

David estaba plenamente convencido de que la teletransportación era un fenómeno de carácter electromagnético que te permitía cambiar de plano temporal. Sostenía la idea de que el tiempo era una continua sucesión de planos dentro del mismo espacio. Por lo tanto, lo único que se necesitaría para cambiar de plano sería un impulso electromagnético que fuera capaz de cambiar la frecuencia de la vibración de nuestros átomos. Si se lograba aumentar esa frecuencia, el cuerpo sería transportado al pasado. En cambio, si la frecuencia se disminuía, el viaje sería al futuro. Este era el objetivo de David. Él quería viajar solo al futuro. En este momento, no se sentía atraído en absoluto por el pasado.

Así leído, parece una explicación plausible; pero no existe ninguna teoría que realmente relacione la fuerza electromagnética con un salto temporal como el de David. Aún así, esta fuerza es, quizá, la más utilizada por el cine de ciencia ficción que intenta dar un tono científico al viaje en el tiempo. Actualmente, de las cuatro fuerzas elementales del Universo (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravedad) sólo la fuerza gravitatoria parece poder influir en el tejido del espacio-tiempo (tal y como veremos en un futuro post sobre la dilatación temporal gravitatoria).

Sea como sea, la novela aporta ese toque necesario de ciencia que requiere la ciencia ficción. E introduce el concepto de plano temporal. Habla de una sucesión de planos como si fueran cuentas de un collar que gracias al viaje en el tiempo no tenemos que recorrer una por una y por orden. Se lo intenta explicar de forma simplificada a su novia:

—Lo sé, pero, ¿cómo pudieron pasarte veintiocho años en menos de un segundo? —siguió preguntando Jennifer que estaba sumergida en un mar de contradicciones.

—Sencillamente, porque yo cambié de plano mediante una teletransportación cuántica y me salté todos los planos intermedios. Tú, en cambio, no te saltaste ninguno y los recorriste todos —contestó David.


Dueño de tu futuro

En el futuro y ya en contacto con el grupo de científicos crononautas de Leroy, uno de ellos explica una experiencia temporal muy interesante. Se trata del viaje de uno de los primeros viajeros del grupo, uno de los fundadores, que realizó su salto temporal en noviembre de 1999 y que decidió ‘saltar’ a Sydney en fin de año para vivir la llegada del año 2000. Un viaje que tuvo éxito y que repitió en Hong Kong, Atenas y Londres, viviendo la llegada del nuevo milenio una y otra vez. Sin embargo, después de esta experiencia dejó de viajar. Pero ¿por qué?

Y es que el viajero presenció un fenómeno que no acababa de comprender. El 31 de diciembre vio, desde su casa en Nueva York, en la televisión, la retransmisión de la llegada del año nuevo en Sydney y se vio a sí mismo en la grabación. Sí, él había estado allí en su viaje al futuro; pero la imagen era en directo, lo que quería decir que ahora estaba en dos sitios a la vez, algo que parecía contradecir la teoría de los planos sucesivos que manejaba. Otro miembro del grupo lo intenta explicar.

— Ralph sabía que le era imposible volver a vivir todos los futuros que había vivido en sus saltos. Era técnicamente imposible. No había ninguna combinación posible de aviones que le permitiera vivir el comienzo del año 2000 en Sydney, luego en Hong Kong, después en Atenas, posteriormente en Londres y finalmente en New York. Por eso decidió no ir. Su única opción era repetir la experiencia de Sydney y luego ir realizando pequeños saltos al futuro para estar en todas esas ciudades, pero también decidió no hacerlo y no fue. Cambió su decisión y, por lo tanto, de plano. Lo que realmente sucedió después es que Ralph se vio en una grabación de otro de sus planos. Esto demuestra que cuando viajamos al futuro lo hacemos únicamente a uno de nuestros futuros. Sólo viajamos a uno de los miles de millones que tenemos. Cuando regresamos a lo que denominamos nuestro presente, podemos decidir que nuestra vida transcurra hacia ese futuro que conocemos o cambiar nuestras decisiones para que el futuro sea distinto. No sabemos si será mejor o peor. Solo sabemos que será otro. Sabemos que será diferente —concluyó diciendo Howard.

Sólo estaba viendo la grabación de uno de sus futuros. Volviendo a la metáfora del collar de cuentas, el pasado está formado por las cuentas que hemos recorrido, no pueden ser otras. Pero en el futuro se extienden distintas ramificaciones del collar y nuestras decisiones marcan qué camino y qué cuentas pisaremos. El futuro no es fijo e inalterable. Todos nosotros tendremos sólo un futuro, sólo llegaremos a uno de los millones de posibles futuros que nos aguardan según las decisiones que tomemos. Pero Ralph, que había viajado al futuro, que conocía el futuro, uno de sus futuros, era libre de redirigir su destino tras regresar al presente.


Un futuro en el pasado

Leroy y su grupo aceptan como miembro a David y quieren que viaje al pasado de nuevo. Las reglas del grupo prohíben el viaje al pasado, ellos sólo viajan al futuro y regresan. Pero, técnicamente, David no estaría viajando al pasado, sino volviendo a su presente. Sin embargo, David no tiene ninguna intención de volver a 2001, sobre todo porque en el futuro ha conocido a una chica, Jennifer.

Pero ella será la clave, ya que cuando era un bebé en 2001, la operación de corazón que Jennifer necesitaba se retrasó unos días por culpa del atentado, y ahora tiene problemas por causa de ese retraso. Así, David deberá viajar para adelantar la operación unos días, para evitar que coincida con los atentados y se tenga que posponer. Así salvará a la Jennifer del futuro. Un futuro que ya es presente para David. Pero debe volver porque la clave de su futuro está en el pasado.

Pero ¿por qué no evitar, directamente, los atentados salvando, así, muchas más vidas? Pues porque un cambio tan grande tendría muchas consecuencias incontrolables debido al efecto mariposa, que nos dice que las consecuencias de un cambio en el pasado crecen exponencialmente. Si evitara el atentado, podría no llegar a conocer a Jennifer y a Leroy y él no quiere perder su vida en el futuro.

Ahí es donde vuelve a entrar esa teoría de los planos temporales sucesivos. ¿El cambio de algo en un plano temporal alteraría todos los siguientes? ¿Podría evitar los atentados y que todo siguiera igual? ¿Podría adelantar la operación de Jennifer sin que eso alterara los planos temporales sucesivos que les permitieron conocerse?

Uno de los miembros del grupo ofrece esta explicación:

– Nuestras vidas no son más que una cadena de sucesión de planos que han implicado una decisión anterior. […] Cuando tenemos que hacer un viaje convencional, lo primero que nos toca decidir es si lo haremos en tren o en autobús. Es evidente que si lo hacemos en tren pasaremos por lugares distintos y a determinadas horas distintas a si lo hubiéramos realizado en autobús. Cada una de las posibilidades nos habrá llevado por una sucesión de planos distinta. Sin embargo, eso no va a impedir que esas dos sucesiones de planos que eran distintas en esos momentos puedan volver a confluir otra vez en una sola cuando, por ejemplo, estemos durmiendo en la habitación del hotel que ya teníamos reservado con antelación. Cada plano es sólo dependiente del anterior. El estar durmiendo en la cama del hotel no depende de si has venido en tren o en autobús. Sólo depende de la decisión de acostarse.

Esa teoría nos dice que podemos hacer ciertos cambios intermedios en el pasado sin alterar la situación de la que partimos del presente. Podemos tomar una decisión, cambiar un plano concreto y cambiar un detalle del futuro; pero aún así la nueva sucesión de planos puede llegar a ser coincidente en casi todos sus aspectos con la que se produciría si no hubiéramos hecho el cambio (con el plano del que venimos). Sin duda, la complicación es hacer los cambios justos para no alterar el producto final, para no eliminar el plano futuro al que queremos llegar.


Regresar al pasado

David debe volver al pasado, pero no será un viaje al pasado como el que estamos acostumbrados a ver en las películas. La teoría de los planos temporales sucesivos nos dice que hay distintos caminos que seguir en el futuro, pero sólo hay un camino por el que regresar, el que ya se ha hecho. David deberá regresar a un plano que ya ha vivido, a un momento y lugar concreto. En su viaje al pasado, no habrá duplicidad. No se encontrará con su yo de pasado, sino que lo ‘sustituirá’, pasará a ser su yo del pasado, pero consciente de donde viene.

En el pasado, salvo adelantar la operación de Jennifer, deberá hacerlo todo lo más parecido a como lo hizo para cambiar la menor cantidad de planos temporales posible. De hecho, el propio David tiene la teoría de que, irremediablemente, hará todo tal y como lo hizo. “Si regreso a un plano anterior en el que yo ya he estado, estoy convencido de que volveré a hacer lo mismo que hice. Otra cosa muy distinta es cómo lo haré y cómo volveré a vivir y sentir ese momento en concreto”, explica.

Así, en su viaje, vemos ‘secuencias’ que ya habíamos visto al principio de la novela, hablando con su madre en casa y con su compañero de trabajo John en un bar y en la oficina. Y lo cierto es que esos momentos cobran relevancia en este segundo viaje. Lo que dice en estos pasajes, palabras vacías al principio, ahora tienen relevancia.

—Mamá, te quiero mucho. Recuérdame que mañana cuando me levante tengo que echar una carta al correo —le dijo.

—Espero que el destinatario o la destinataria sepa interpretar tus palabras y tus sentimientos conforme a tus deseos, hijo mío —contestó Evelyn muy emocionada por el extraordinario comportamiento de su hijo.

—Tienes razón, mamá. El futuro que más deseo depende absolutamente de ello. Ojalá que pueda lograrlo, mamá —dijo David retirándose a su habitación.

El sábado, 8 de septiembre, comenzó lluvioso pero rápidamente el sol comenzó a lucir en el cielo neoyorquino. David no se quedó recluido en su casa. Después de hablar casi media hora con su madre le dijo que salía a depositar la carta en el correo y a comprar algo que pudiera ser testimonial. Algo que pudiera representar un recuerdo muy significativo.

Evelyn no dejó pasar la ocasión para exteriorizar sus deseos.

—Quizás lo más acertado sea algo que logre recordar ese día tan especial. Algo que pueda perdurar a través de los años —dijo Evelyn entusiasmada—. ¿Verdad que sí, hijo mío? —añadió.

—Sí, mamá. Tiene que ser una cosa que recuerde y certifique la fecha, el origen y el porqué de todo —dijo David.

No entendemos bien de qué habla David cuando leemos este diálogo antes de su viaje (parece que sólo quiere contentar a su madre fingiendo que tiene novia); pero tiene pleno sentido si sabemos que esa carta es la que comunicará al doctor de Jennifer que debe adelantar la operación.

Algo parecido pasa el bar con John, cuando David no quiere hablar de una supuesta chica que ha conocido en sus vacaciones (y que nos parece, entonces, que se refiere a una azafata que le había gustado).

—¿Ni siquiera me lo vas a contar a mí? —volvió a preguntar John.

—Ni siquiera a ti.

—Dime, al menos, si tiene los ojos azules. A mí me encantan los ojos azules —confesó John.

—No son azules, John. Son unos profundos y preciosos ojos negros. No puedo decirte más —contestó David.

—Está bien, amigo mío. No hay que insistir cuando el corazón está de por medio. Solamente dime cómo fue.

—Solo puedo decirte que resultó maravilloso. Dudo que pudieras entenderme —volvió a contestar David, escudándose una vez más en la mayor de las ambigüedades.

“Dudo que pudieras entenderme”. Cuando dice eso, parece que sólo quiere dejar de hablar del tema. Pero cuando vuelve a tener lugar este diálogo, tiene más sentido. ¿Cómo iba a comprender que había viajado en el tiempo?

Pero el momento crucial de repetición tiene lugar más tarde, cuando vuelve a las Torres Gemelas. La noche anterior, estuvieron bebiendo en el bar y eso trajo una mañana de resaca.

—¿Cómo has pasado la noche? —le preguntó David.

—Fatal —contestó John—. Ayer me excedí —añadió frotándose los ojos.

—Muchas veces una noche no es solo una noche —dijo David.

—No tengo la cabeza para pensar mucho. ¿De verdad crees que eso que has dicho lo justifica todo? —preguntó John.

—En buena parte creo que sí —dijo David mirando a la bahía desde su mesa de trabajo.

—Voy a buscar un café. A ver si logro despertarme. He estado a punto de no venir —dijo John.

—En cambio yo estaba seguro de que sí que vendrías —contestó David mirando a John.

De nuevo, parece un comentario sin importancia cuando lo leemos al principio de la novela, pero aquí tiene todo el sentido del mundo. ¡Claro que sabía que iría a trabajar! Él ya había vivido ese momento.

Ahora bien. ¿Qué significan estos momentos repetidos que cobran significado con el tiempo? Él sólo está haciendo lo que ya hizo, está reescribiendo su pasado tal y como lo escribió en su momento. Pero la cuestión es que si lo hace en su plano del pasado, lo que está haciendo ahora durante su viaje se está convirtiendo en su pasado. Esas frases sin sentido tuvieron lugar en su pasado porque él las diría (con sentido) al reescribirlo en su futuro viaje. Las dijo en el pasado para poder decirlas cuando volviera del futuro. Él quizá no sabía por qué las decía (simples comentarios), pero lo que haría en el futuro (en su propio pasado), su regreso a este plano temporal, le estaba condicionando.


De vuelta a las Torres Gemelas

Así, David viaja al pasado y consigue su objetivo, cambia en un detalle mínimo, pero crucial, el futuro de Jennifer, salvándola en el futuro, pero sin variar su sucesión de planos temporales para poder reencontrarse con ella. Pero él debe hacer lo mismo, así que tiene que volver a las Torres Gemelas y viajar (volver) al futuro tras el impacto del avión.

Y ahí tiene lugar otro curioso hecho temporal. En su primer y accidentado viaje, David estaba en la Torre Norte con su compañero John, que se lanzó, desesperado, por una ventana. Así que esta vez, cuando David vuelve al rascacielos el día 11 con la intención de volver al futuro, decide llevarse a John con él.

Algo sale mal y John viaja en el tiempo, al igual que David; pero no a la misma fecha. El campo de energía no les afecta por igual (por la diferencia de sus masas corporales y la distancia de la fuente de energía) y viajan a distinto año. David no viaja a 2030, de cuando partió y que era su objetivo, sino a 2042. Y allí le esperan sus conocidos del futuro, 12 años más viejos. Allí le estaban esperando, sabían que llegaría. Pero ¿cómo lo sabían, si viajar tan al futuro había sido un error?


Salir más tarde, llegar antes

Aquí llega el punto más interesante. Y es que John había viajado al año 2008. El lugar había sido el mismo, el sótano de Leroy; pero en 2008 era el laboratorio de Howard Moore, otro de los miembros del grupo de crononautas. John había llegado herido y murió pocos días después; pero antes le contó a Moore lo que había vivido junto a David. Moore se lo cayó, tampoco lo entendía muy bien; pero empezó a atar cabos cuando David apareció en 2029 (en su primer viaje).

Y es que aunque John hizo el viaje cuando David hacía su segundo viaje desde 2001, la llegada de John fue anterior a la primera llegada de David, ya que John viajó a una fecha anterior que David en su primer viaje (pese a haber partido del presente después). John salió después, pero llegó antes, y cuando Moore conoció a David ya sabía quién era gracias a John. No le cuadraba que David decía que había viajado solo, pero lo que no sabía era que el viaje de John había sido en el segundo viaje de David, un viaje que aún no había realizado. De nuevo, se veían las consecuencias antes de las causas.

Más tarde, llegó el plan del segundo viaje de David y Moore lo entendió todo. Y al ver que no volvía al 2030, de cuando partió, Moore empezó a elucubrar, pero sin contar nada a sus compañeros. Gracias a la información de John, Moore pudo calcular cuándo llegaría David y por eso le estaban esperando. Y allí se encuentra con Jennifer… y con su hija de 12 años. Y es que Jennifer estaba embarazada cuando David se fue a salvarla en el pasado. Y la niña pudo nacer porque él logró, viajando al pasado, que Jennifer no sufriera del corazón en el futuro. Efectivamente, la clave de su futuro estaba en el pasado.

Soluciones a la paradoja del abuelo: 3 paradigmas del espacio-tiempo

2 noviembre 2015 19 comentarios

Una de las paradojas más famosas y repetidas sobre viajes en el tiempo es la paradoja del abuelo. Y es una paradoja porque esta situación provocada por un viaje al pasado parece no poder explicarse. Hoy plantearemos posibles soluciones a esta paradoja; pero, antes, veámosla.

Imaginemos que un hombre viaja al pasado, va en busca de su abuelo cuando aún era un adolescente (y aún no había conocido a su abuela ni tenido hijos) y lo mata. Al matar a su abuelo antes incluso de concebir a su padre, el viajero del tiempo no podrá nacer. Su abuelo no tuvo a su padre y su padre no le tuvo a él. Nunca nacerá. Pero, si nunca nacerá, ¿cómo ha podido viajar al pasado para matar a su abuelo?

Aparentemente, se trata de una situación sin solución, por eso se la llama paradoja. Si no nace, no podría ir al pasado a matar a su abuelo, por lo que el abuelo viviría y engendraría al padre y el padre le tendría a él. Entonces, sí nacería y sí podría viajar al pasado para matar al abuelo, pero al matarlo no nacería y no podría matar a su abuelo… y así hasta el infinito en un círculo eterno donde la paradoja se repite una y otra vez sin solución.

Cualquier posible solución a esta paradoja requiere establecer unas normas, un funcionamiento y una estructura del espacio-tiempo. Un paradigma. Los científicos han postulado distintas teorías que suponen una visión y un paradigma distinto del espacio-tiempo, y en cada una de ellas esta paradoja tendrá un final distinto.


Líneas temporales alternativas

La primera solución se basa en la teoría de las líneas temporales alternativas. Según esta teoría, si hacemos un viaje al pasado y allí realizamos un cambio, si hacemos algo que no había sucedido en el pasado y que tiene consecuencias, en ese momento estamos creando una línea temporal alternativa; es decir, una línea temporal en la que hay cosas que sucederán de manera distinta de como sucedieron (o sucederán) en nuestra línea temporal original. El devenir de la historia ha cambiado con nuestro acto en el pasado, pero esas consecuencias sólo serán reales en la línea temporal alternativa. La original, de la que venimos, no se verá modificada.

Aplicado a la paradoja del abuelo, en el momento en el que matamos a nuestro abuelo creamos una línea temporal alternativa en la que nuestro abuelo no tuvo a nuestro padre ni nuestro padre a nosotros. Nunca naceremos. Pero no hay paradoja, porque toda esta sucesión de acontecimientos formará parte de la línea temporal alternativa, por eso no nos afecta, ya que nosotros venimos de otra línea temporal en la que si nacimos.

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Eso sí, ahora, tras crear la línea temporal alternativa en la que nunca naceremos, no podremos volver a nuestra línea temporal. Todo el tiempo que queda en el futuro respecto al punto en el que hemos hecho el cambio forma parte de la línea temporal alternativa. Seguimos existiendo porque nuestra existencia depende de nuestro nacimiento en la línea temporal original, pero no podemos volver a ella, estamos atrapados en la nueva.


Línea temporal única y fija

La segunda solución a la paradoja del abuelo se basa en la idea de que existe una única linea temporal y que esta es fija e inalterable. Se trata de un universo que se rige por el llamado principio de autoconsistencia de Novikov. Explicaremos este principio con profundidad en un post más adelante; pero básicamente nos dice que no podemos hacer algo en un viaje al pasado que nos impida, más adelante, hacer ese viaje al pasado, ya que sería una situación inconsistente, imposible.

Según esta teoría, sólo existe una línea temporal y no es modificable, todos los cambios que hagamos viajando al pasado no cambiarán nuestro presente y futuro porque ya habían sucedido en nuestro pasado, ya formaban parte de él (aquí entra también en juego la teoría de la predeterminación). Puede parecer difícil de entender, pero no lo es. Si viajamos al pasado y hacemos algo, aunque no lo sepamos ese algo ya había sucedido en nuestro pasado, ya formaba parte de nuestra historia. Ya había sucedido porque sólo hay una línea temporal y es fija, y si hacemos algo en el pasado (aunque sea yendo desde el futuro), lo estamos haciendo en nuestro pasado, del que depende nuestro yo presente. Y es nuestro yo futuro (que depende de nuestro yo presente y pasado) el que viajará al pasado para hacer algo. Ese algo es justamente lo que ha hecho que todo suceda tal y como sucedió hasta llegar a nuestro presente.

Nuestro yo niño tiene un pasado que considera que nunca ha sido modificado y por eso pudo nacer. Nuestro yo adulto decide viajar al pasado (cuando nuestro abuelo era joven) y lo mata, pero en realidad eso no es un cambio, siempre había sido hecho en el pasado y no había impedido nuestro nacimiento. Nuestro yo niño no lo sabía, pero su yo del futuro (nosotros en el presente) ya había ido al pasado y lo había hecho.

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El cambio que hacemos en nuestro viaje al pasado ya formaba parte de nuestra historia, porque nuestro yo futuro irá al pasado para hacerlo, porque lo hemos hecho en nuestro pasado, que es lo que rige nuestro presente. Y en una línea temporal única y fija, lo que hagamos viajando a nuestro pasado siempre ha sido parte de nuestro pasado. No podemos cambiar el pasado, sólo recrear lo que ya sucedió porque lo que siempre sucedió es que viajamos al pasado e hicimos algo.

Aplicado a la paradoja del abuelo, esta teoría nos da dos escenarios y en ninguno de los dos muere nuestro abuelo, ya que eso no sería consistente con nuestra existencia dentro de una línea temporal única y fija.

El primer escenario es que viajamos al pasado y, por una cosa o por otra, no conseguimos matar a nuestro abuelo. Por mucho que lo intentemos, siempre hay algo que nos lo impide. El Universo conspira contra nosotros, el tejido del espacio-tiempo se resiste a ser cambiado. Así se elimina la paradoja. Nuestro abuelo no murió en el pasado que conocemos y tuvo a nuestro padre y así sigue. Es consistente.

El otro escenario es que viajamos al pasado y matamos a nuestro abuelo. Tampoco hay paradoja porque resultará que, si lo hemos podido matar antes de concebir a nuestro padre, eso significa que ese señor no era nuestro abuelo biológico. Lo considerábamos nuestro abuelo, pero resulta que a nuestro padre lo concibió otra persona. Y tampoco hemos hecho ningún cambio al matarlo porque en nuestro pasado ese hombre siempre había sido asesinado… por nosostros desde el futuro.

Son soluciones muy lógicas y algo tramposas, podríamos decir, pero es que si sólo hay una línea temporal y es fija, nada que hagamos viajando al pasado podrá suponer que nuestro presente no sea como es y que no podamos viajar al pasado. Lo que hagamos en nuestro pasado ya formaba parte de nuestro pasado porque nuestro yo futuro ya había viajado al pasado para hacerlo.


Línea temporal única y variable

La tercera solución a la paradoja del abuelo se basa en la idea de que existe una única línea temporal, pero que ésta es variable; es decir, que podemos hacer cambios en el pasado que nunca habían ocurrido y que pueden afectar a nuestro presente. Este es el paradigma del espacio-tiempo que se puede ver en la mayoría de películas e historias sobre viajes en el tiempo, ya que da mucho juego al causar muchos problemas al viajero del tiempo. Hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos en el pasado, ya que de lo que hagamos en nuestro viaje depende nuestro presente y puede que incluso nuestra existencia.

Y es que aplicado a la paradoja del abuelo… este paradigma del espacio-tiempo no puede solucionar la paradoja. Si matamos a nuestro abuelo en una línea temporal única y variable, nosotros nunca llegaremos a nacer, y si no nacemos no podremos viajar al pasado para viajar a nuestro abuelo… De nuevo ese círculo interminable que no nos deja nada más que una paradoja sin solución.

Abuelo-Linea-temporal-varia

Es por esta imposibilidad de resolver este tipo de paradojas que la mayoría de científicos no creen que la línea temporal única y variable sea el paradigma verdadero en el caso de ser posible viajar al pasado. El universo no puede permitir situaciones no consistentes ni sin solución, por lo que son más aceptados los otros dos paradigmas.

Padre de Familia 1×4: ‘Cuestión de Matarlo’

29 octubre 2015 1 comentario

‘Padre de Familia’ ha jugado en varios episodios con el viaje en el tiempo. La primera vez fue en el cuarto episodio de la primera temporada, ‘Cuestión de matarlo’, en el que Stewie decide inventar una máquina del tiempo para “mover el tiempo” y superar la edad en la que le están saliendo los dientes, lo que le hace sufrir mucho.

La verdad es que ya el planteamiento da ciertos problemas. Si viaja al futuro, seguirá siendo un bebé y, por tanto, seguirá teniendo dolor de dientes. Pero lo cierto es que él dice, literalmente, “mover el tiempo”, lo que plantea una idea interesante: tú no viajas al futuro, haces que el tiempo se mueva, todo el mundo viaja contigo al futuro y tú te haces mayor, lo que sí solucionaría su problema.

1x04 - Cuestión de matarlo.[17-56-14]

A efectos prácticos, lo que haría Stewie es un viaje en el tiempo sin duplicidad; es decir, viaja al futuro o al pasado, pero lo que tenemos no son dos Stewies de diferentes épocas, sino al Stewie del presente en el cuerpo del Stewie de otro tiempo. 

Sin duda, es algo que se escapa a la física. Y en el caso de poder ‘mover el tiempo’, simplemente todo iría hacia delante o hacia atrás, pero también lo harían las mentes del viajero del tiempo y de los demás. Así que si viajara hacia atrás, el viajero no recordaría haber viajado, todo se habría rebobinado, incluidos sus recuerdos.


Un viaje para evitar viajar

De todos modos, el plan de Stewie cambia cuando, por culpa de su madre, otras personas ven sus planos de la máquina del tiempo, por lo que cambia su plan: decide viajar al pasado para evitar dibujar los planos. Finalmente, ‘mueve el tiempo’ hacia el pasado, evitando que sus padres se quemen en un incendio en el sótano provocado por la trama principal del capítulo. Y una vez en el pasado, Peter rompe la máquina y el capítulo termina. Pero ¿podría haber viajado Stewie al pasado y evitar haber dibujado los planos?

La teoría nos dice que no. Si viaja al pasado y no dibuja los planos nunca construirá la máquina, por lo que no podría viajar al pasado y evitar destruir los planos. Nos encontramos frente al llamado principio de autoconsistencia de Novikov. No puede viajar al pasado y, allí, hacer algo que le impida viajar en el tiempo. No es una situación consistente. No podemos hacer algo en nuestro viaje al pasado que impedirá que podamos, más adelante, viajar al pasado, ya que entonces no podríamos hacer ese viaje en el futuro y que tuviera lugar lo que hemos hecho en el pasado.

1x04 - Cuestión de matarlo.[17-58-13]

Eso sí, esto sólo es válido si aceptamos que no son posibles las líneas temporales alternativas. Si nuestra línea temporal es única (que sería este caso, ya que no viaja en el tiempo, sino que sólo lo mueve, como si rebobinamos), las situaciones deben ser consistentes. Pero si al realizar un cambio en el pasado estamos creando una línea temporal alternativa, la situación sigue siendo consistente aunque no lo parezca. Stewie podría evitar diseñar la máquina, ya que estaría en una línea temporal alternativa. En ella, no se podría viajar en el tiempo; pero la situación seguiría siendo consistente porque en la línea temporal original todavía se puede viajar en el tiempo, por lo que su viaje sí ha podido tener lugar. Eso sí, Stewie no podría volver a su línea temporal original.


Sólo un poco de ciencia

Por otro lado, además de hacer una referencia a ‘Regreso al futuro‘ cuando uno de los que ven los planos menciona el condensador de fluzo, Stewie le explica a una chica que su máquina del tiempo utiliza “axiomas de la teoría cuántica de propulsión molecular” y silicio.

1x04 - Cuestión de matarlo.[17-58-38]

Así como en futuros capítulos de ‘Padre de Familia’ sí hay mucha ciencia real en sus viajes en el tiempo (es una de las series que mejor ha tratado este tema desde el punto de vista científico), esta es la única mención a la ciencia que se hace en el capítulo en referencia a la máquina del tiempo.

Y lo cierto es que aunque no dice nada que no exista, no está claro que la propulsión molecular tenga mucho que ver con el viaje en el tiempo. Pero puesto que la propulsión molecular hace referencia, entre otras cosas, a la quimiotaxis (el movimiento de las células en respuesta a estímulos químicos externos), no podemos descartar que a gran escala eso pueda mover a Stewie… en el tiempo. Ahí es nada.

Expediente X 4×19: ‘Synchrony’

15 octubre 2015 Deja un comentario

Una serie como ‘Expediente X‘, que jugaba cada semana con lo inexplicable, con lo misterioso y con las bases de la ciencia ficción, no podía evitar de ninguna manera recurrir al viaje en el tiempo en alguno de sus capítulos. Ese momento (que se repetiría) llegó en el capítulo 19 de la cuarta temporada, ‘Synchrony‘, en el que se mostraba a un viajero del futuro intentando algo muy arriesgado: evitar en el pasado que se llegue a descubrir cómo viajar en el tiempo.

Dejemos para más adelante hablar de si su misión es posible (ya que su misión se descubre más tarde) y veamos como se presenta la historia.

Un hombre mayor se acerca a dos científicos, Jason y Lucas, y visiblemente alterado les avisa de que a Lucas le va a atropellar un autobús dentro de dos minutos. Los científicos le toman por loco y éste es este detenido por la policía. Mientras lo arrestan, llama a Jason por su nombre y le pide que evite el atropello. Dos minutos después, pasa todo tal y como el hombre lo ha dicho y Lucas muere.

XFiles 4x19 Synchrony[17-09-58]

Esta es sólo la secuencia precréditos, pero ya nos pone en un escenario propio de los viajes en el tiempo: una profecía exacta sobre un evento por llegar que sólo puede saber un viajero en el tiempo. Tiene la posibilidad de evitarlo o dejar que pase. Pero este hombre, aunque lo intenta, no logra evitar la tragedia. Más tarde veremos que el hombre es el propio Jason 40 años más viejo intentando evitar que su compañero muera, algo más o menos evidente para el espectador durante todo el capítulo, pero que el Jason joven no es capaz de deducir al vivirlo desde dentro.

Mulder lo deducirá tras irrumpir en la habitación del hotel donde se aloja el Jason del futuro y ver una fotografía que parece antigua; pero que muestra a Jason, Lisa (su novia y también investigadora) y un científico japonés brindando. Algo que todavía no ha sucedido y que sucederá varios años en el futuro.


Destruir su propio trabajo

La cuestión es que el Jason del futuro acecha e intenta matar a sus socios de la foto y lo hace con una inyección que les congela en cuestión de segundos. Resulta que el Jason joven y Lisa están trabajando en un producto como ese en su estudio de criobiología, pero están a años de conseguirlo. Así, ya está claro que el viejo viene del futuro, de cuando ya se domina la criobiología; pero ¿por qué Jason querría boicotear su propio invento en el pasado?

Y es que resulta que la criobiología es una de las claves para el viaje en el tiempo. Pero no para ver el futuro mediante la criogenización (como vemos en películas como ‘Demolition Man’ o series como ‘Futurama’), sino para viajar al pasado.

XFiles 4x19 Synchrony[17-10-36]

Al parecer, diez años más tarde, un científico descubrirá los taquiones, partículas que se mueven a mayor velocidad que la luz y que posibilitarán el viaje en el tiempo (no se explica cómo, pero es cierto que los científicos han jugado con los aún hipotéticos taquiones para posibles teorías de viaje en el tiempo). La cuestión es que, según la serie, la única manera de viajar en el tiempo con esa tecnología es a temperaturas bajo cero. De ahí que los avances en criobiología de Jason y su equipo sean claves para viajar en el tiempo y que matando a los que lo investigan el viaje en el tiempo ya no sea posible.


Evitar el viaje en el tiempo

¿Puede un viajero del futuro evitar que sean posibles los viajes en el tiempo? Al parecer, el Jason mayor quiere evitarlo porque la posibilidad de viajar en el tiempo ha sumido el futuro en un caos. “Un mundo sin historia, sin esperanza, en el que cualquier persona puede saber todo lo que va a pasar. He visto ese mundo”, le dice el Jason del futuro al del presente. Sin duda, su misión tiene sentido y es loable, pero ¿es posible?

La lógica estricta nos dice que no puede. Si Jason evitara en el pasado que en el futuro se llegara a ‘inventar la máquina del tiempo’, él mismo no habría podido viajar en el tiempo para evitarlo, ya que no se habría creado ninguna máquina del tiempo. Se trata de la llamada teoría de la autoconsistencia de Novikov, por la que no podemos hacer un cambio en el pasado que evite que, más adelante, viajemos al pasado para hacer ese cambio. Asumiendo el paradigma de que existe una única línea temporal, esta no sería una situación consistente, no podría suceder. Al parecer, el Jason del futuro nunca repara en esta paradoja y por eso sigue adelante con su matanza científica.

XFiles 4x19 Synchrony[17-10-52]

Vemos que el Jason del futuro, que ha conseguido matar a uno de los tres desarrolladores de la criobiología, ha fallado con la segunda (Lisa, la novia del Jason joven) y tiene en sus manos al tercero, que es él mismo. ¿Puede matarse a sí mismo en el pasado? No sin desaparecer de la existencia él también. Aunque estamos en la misma paradoja que antes. Si se mata a sí mismo, no descubriría lo necesario para viajar en el tiempo y no podría viajar. Y más aún, si se mata a sí mismo, no podría llegar a mayor para viajar en el tiempo y matarse a sí mismo. Al final, el Jason mayor rodea con sus brazos al Jason joven y ambos arden en llamas hasta morir.

Luego, nos enteramos de que la policía sólo encuentra un cadáver, el del Jason joven. ¿Cómo puede ser? Bien, si el Jason joven muere en el presente, el Jason viejo no llegará a existir, así que su cuerpo no tendría que existir. Pero si no llega a existir, ¿cómo ha venido y lo ha matado?. Sí, complicado. Esta parte no es del todo consistente con la teoría de Novikov. Pero hay que tener en cuenta que esa teoría se basa en el paradigma de que sólo existe una única línea temporal. Pero, ¿y si no fuera así?


Lineas temporales alternativas

Llegado este punto, con el joven Jason muerto, ¿qué ha pasado? ¿Ha conseguido su misión? ¿Ha cambiado el futuro? ¿Ha evitado que se pueda viajar en el tiempo? Como hemos dicho, no puede evitar que se pueda viajar en el tiempo, porque entonces no hubiera podido viajar para evitarlo. Pero eso sólo es así si descartamos la posibilidad de las líneas temporales alternativas.

XFiles 4x19 Synchrony[17-13-17]

Y es que sí, puede haber evitado que se pueda viajar en el tiempo; pero no en su línea temporal. Al viajar atrás y hacer un cambio, puede haber creado una línea temporal alternativa en la que todo se desarrolle de otra forma sin que eso afecte a su viaje, ya que él proviene de otra línea temporal. En su futuro, todo sigue igual; pero en la línea temporal que ha creado al realizar el cambio el futuro será distinto y no se podrá viajar en el tiempo.

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Cambios intermedios

La línea temporal alternativa es sólo una posibilidad. El capítulo no se define claramente, pero Mulder se decanta, al final, por la historia inalterable. Dice: “Aunque la multidimensionalidad sugiere infinitos resultados y un infinito número de universos, cada universo sólo puede producir un resultado […] El futuro no puede ser alterado, lo que significa que el anciano Jason Nichols no podrá detener su propia investigación y que finalmente su compuesto y los viajes en el tiempo serán factibles”.

Una forma de verlo, desde esta reflexión final de Mulder, es que aunque ha logrado hacer lo que pretendía (detener que ellos inventen el compuesto congelador), ese sólo ha sido un cambio intermedio, pero no final. Es decir, ha cambiado el pasado, que no es inmutable, pero ese cambio sólo ha sido un paso eliminable que no evita el resultado final, que es conseguir dominar la criobiología para viajar en el tiempo.

XFiles 4x19 Synchrony[17-13-36]

De hecho, aunque ha matado a dos de los creadores, todavía queda viva Lisa, que ahora tiene información y evidencias de la sustancia gracias al viajero en el tiempo, así que seguramente conseguirá los mismos resultados (de hecho, al final del capítulo se la ve investigando). Y si no lo hace ella, lo hará otro. La cuestión es que el resultado final, el futuro del que vienes y que te ha traído aquí, es inalterable.

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