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Estación Hawksbill (Robert Silverberg, 1967)

1 febrero 2016 Deja un comentario

Hawksbill Station - Robert SilverbergHace siglos, uno de los peores castigos impartidos por la justicia era el exilio, expulsar a los delincuentes de su propia tierra. Pero ¿y si se pudiera exiliar a alguien mucho más lejos, a un lugar desde el que no pudiera volver? Eso es lo que propone Robert Silverberg en su novela de 1967 ‘Estación Hawksbill’, una obra de ciencia ficción política en la que los disidentes y revolucionarios contra el Gobierno son expulsados… de su propio tiempo.

En esta novela se nos plantea una historia de Estados Unidos alternativa (en su momento hablaba del futuro, aún se podía dar; pero ahora casi todos sus hechos ya han quedado en el pasado y no han tenido lugar) en el que la democracia estadounidense se vino abajo a mediados de los 80 y subió al poder un Gobierno autoritario que reprime a los disidentes; pero que ha logrado calar en la población pareciendo benevolente y retomando el control de un país sumido en el caos.

Dos décadas después del cambio de régimen político, un científico financiado por el Gobierno ha logrado crear una máquina del tiempo unidireccional, es decir, con la que sólo se puede viajar al pasado. El Gobierno utilizará esta máquina para exiliar a los disidentes a una prisión situada a mil millones de años de distancia: la Estación Hawksbill.

Sin duda, no hay mayor destierro. Para esos presos, es como haber sido exiliados a otro planeta a una distancia insondable. Viven en un páramo donde no hay vida terrestre ni apenas marina y estarán allí hasta su muerte de forma irremediable. Un viaje sin retorno al pasado tan remoto es como desaparecer de la existencia.


Cambiar el pasado

Pero ¿mandarlos allí puede suponer un cambio en la historia de la evolución? ¿Sus actos podrían cambiar el pasado de alguna forma? Sin duda, la presencia de una gran número de personas en el pasado durante mucho tiempo tiene que tener consecuencias; pero los creadores de la Estación Hawksbill lo estudiaron bien para que no las hubiera. Jim Barrett, el protagonista, lo explica así:

—Buscaban una era en la que no pudiéramos dañar su medio ambiente. Eso significaba que tenían que mandarnos a un tiempo anterior a la evolución de los mamíferos, no fuera que por accidente agarráramos al antepasado de toda la humanidad y le retorciéramos el pescuezo. Y ya que estaban, decidieron escondernos en un pasado tan remoto que estaríamos a una enorme distancia de toda vida terrestre, siguiendo la teoría de que si matábamos a una cría de dinosaurio, podíamos afectar todo el curso del futuro. Su mundo.

—¿No les importa que atrapemos unos pocos trilobites?

—Es evidente que creen que no hay riesgos —dijo Barrett—. Los hechos parecen darles la razón. La Estación Hawksbill lleva aquí veinticinco años y no da la sensación de que hayamos alterado la historia futura de manera perceptible. Todo sigue igual, a pesar de nuestra presencia en este sitio.

Se trata de un pasado tan remoto y separado no sólo por tiempo, sino por cambios biológicos y geológicos tan grandes en la Tierra, que no parece que sus actos en el pasado puedan tener consecuencias directas sobre la evolución.


Restos de vida

Bien, quizá no pueden cambiar el rumbo de la evolución, pero su presencia allí dejará restos, lo que podría desconcertar a futuros arqueólogos y alterar la historia. Vida humana inteligente mil millones de años antes de que surgieran los hombres. Hahn, un recién llegado a la estación, se lo pregunta:

—He estado pensando en eso —dijo Hahn—. ¿Cómo es posible que nadie de Arriba haya encontrado jamás los restos fósiles de la Estación Hawksbill? ¿No les preocupa que alguno de los primeros cazadores de fósiles los encuentre en los estratos del cámbrico y arme un escándalo? Por ejemplo, alguno de los excavadores de dinosaurios del siglo XIX. Qué sorpresa se llevaría si encontrara chozas y huesos humanos y herramientas en un estrato más antiguo que los dinosaurios.

Barrett movió negativamente la cabeza.

—En primer lugar, ningún paleontólogo, desde el origen de la ciencia hasta la fundación de Hawksbill en el año 2005, desenterró la Estación. De eso hay datos: no sucedió, así que no hay de qué preocuparse. Y si la Estación apareciera después de 2005, todo el mundo sabría qué es y no pasaría nada. No habría ninguna paradoja.

—Además —dijo Rudiger con tristeza—, dentro de otros mil millones de años esta cadena rocosa estará en el fondo del Atlántico, con tres kilómetros de sedimento encima. Es imposible que nos encuentren.

Sin duda, es un panorama desolador. Sin duda les han condenado al mayor exilio del mundo. El viaje en el tiempo, usado para un fin inhumano.


Viajar al pasado

Aunque no explica el viaje en el tiempo en profundidad, esta novela sí que habla de la ciencia implicada en el viaje. Barrett, el protagonista y líder del grupo revolucionario que va en contra del nuevo Gobierno, habla con el científico que investiga sobre el viaje en el tiempo, que en su día también era parte de la revolución. Hawksbill, el científico, le explica que en teoría es posible viajar al pasado y que ya se ha conseguido, en el laboratorio, “invertir la senda temporal de un electrón y enviarlo hacia atrás un segundo“.

La novela se sitúa en un final del siglo XX alternativo, pero ese experimento no es ciencia ficción. De lo que habla Hawksbill es de una teoría propuesta por Richard Feynman para probar un modelo teórico de positrón en el que los electrones se mueven atrás en el tiempo con carga positiva. En este modelo, como explica Hawskbill en la novela, “el electrón, cuando se lo acelera, altera su carga y se transforma en positrón. Eso estaría bien, pero tiende a buscar un electrón que avanza por su misma senda y se aniquilan mutuamente”.

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Este diagrama de Feynman representa una neutralización electrón-positrón con el tiempo circulando de izquierda a derecha. Bajo una interpretación retrocausal, aquí el electrón no se destruye, sino que se transforma en positrón y se mueve hacia atrás en el tiempo. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Retrocausalidad

Es algo bastante complicado de explicar (y aun más de entender), pero lo importante es que el viaje en el tiempo en la novela tiene esta base científica, aunque Feynman y su colega John Wheeler no estuvieran buscando la forma de viajar en el tiempo cuando propusieron esta teoría. Al parecer, esta teoría ya ha quedado algo obsoleta, pero no lo estaba cuando se escribió la novela a mediados de los años 60. Sea como sea, lo que propone la novela es que esa teoría se ha podido llevar a la práctica con éxito. El viaje al pasado del electrón es una realidad.

Así, Hawksbill explica que en cuestión de un par de décadas podrán pasar de ese viaje al pasado de un electrón a poder enviar al pasado objetos macroscópicos y hasta personas. Sin duda, las dificultades para poder pasar de una cosa a la otra son mayores y tardarían más tiempo en superarse de lo que dice Hawksbill; pero, como él dice: “Lo que cuenta es la teoría. La teoría es sólida”.

Hoy por hoy, la teoría más aceptada por la comunidad científica para poder viajar al pasado (y aún está basada en conjeturas) es la utilización de agujeros de gusano, una especie de pasadizos en el espacio-tiempo de los que hablaremos en otro post más adelante. Pero lo cierto es que, totalmente válida o no, Silverberg aporta un buen grano de ciencia al viaje en el tiempo de su novela.

Una ciencia que se desvía un poco cuando el científico explica porqué no se puede viajar al futuro (hoy por hoy, lo más factible):

—Oh —dijo Hawksbill—, nadie podrá ir y venir por el tiempo. Las ecuaciones solo se refieren al viaje hacia atrás. Ni siquiera me he planteado el movimiento hacia adelante. De todos modos, no creo que sea posible. La entropía es la entropía, y no se la puede invertir, al menos en el sentido que yo empleo. El viaje por el tiempo será en una sola dirección, tal como nos ocurre hoy a todos los pobres mortales. Solo cambiará de sentido, eso es todo.

Hawksbill pone como obstáculo la entropía, que no se puede invertir. Y es cierto, la entropía, la tendencia al desorden en el Universo, que es lo que nos marca la flecha del tiempo y nos sitúa las causas antes de las consecuencias, no se puede invertir; pero es justo este hecho el que, en todo caso, impediría el viaje al pasado y no al futuro. El incremento de la entropía es lo que nos lleva al futuro ahora mismo. No tiene sentido que se ponga la entropía como obstáculo para viajar al futuro, en todo caso sería una barrera para viajar al pasado.


Viaje sin rumbo al pasado

La novela narra la historia de Barrett y otros personajes en su lucha política y su posterior ostracismo en el pasado, y en ella el viaje en el tiempo lleva ya años funcionando. Pero es interesante cómo plantea Silverberg la máquina del tiempo y los inicios del viaje temporal. Nos explica que la máquina que se utiliza para viajar al pasado es como un gran martillo de que sale un haz de luz por el que llega el viajero, que cae en una plataforma con forma de yunque. La cuestión es que el artefacto de salida desde el presente es igual que el de llegada en el pasado, hace falta una máquina de envío y otra de recepción.

Con los dos artefactos, se puede enviar a los presos desde el año 2029 a un año concreto del pasado. Sin embargo, los inicios no eran tan sencillos. Cuando empezaron a experimentar, no había un martillo y un yunque receptor, con lo que la máquina del presente no podía enviar con precisión nada a un punto concreto, ni del espacio ni del tiempo.

Así, al principio del proyecto (en 2005) enviaban material para construir la estación Hawksbill sin una certeza absoluta. Lo intentaban mandar siempre 1.000.000.000 de años en el pasado, pero muchas veces se desviaba un poco. Explica la novela:

Todo el tiempo aparecían materiales nuevos. Su meta era el año -1.000.000.2005 d.C., pero no llegaron hasta unas décadas más tarde. Ahora, en el año -1.000.000.2029 d.C., todavía seguían apareciendo cosas programadas para el primer año de funcionamiento de la Estación. La Estación Hawksbill necesitaba todo el equipo que podía conseguir, y Barrett no perdía ninguna oportunidad para recoger restos de envíos del futuro.

El relato usa años negativos después de Cristo para hacer entender que la distancia (en tiempo) del viaje en el tiempo era fija (mil millones de años antes según el año en el que estás). Así, si se enviaba algo desde el futuro ahora y luego algo un año después, la máquina receptora recibiría la segunda cosa un año después que la primera, porque cada envío se haría a un año después que la anterior entrega, el viaje al pasado siempre era de mil millones de años, no siempre al mismo año. Sin embargo, al principio, los envíos se desviaban un poco.

Así, los personajes salen de expedición cada año a ver si encuentran cosas nuevas enviadas desde el futuro. Lo curioso e interesante es que aunque salen cada año a buscar, no intentan encontrar nuevas cosas recién enviadas desde el futuro (esas cosas, ya se las van enviando al yunque de la Estación), sino cosas que se mandaron al principio del proyecto.

Ellos, los presos, enviados después que esos objetos útiles para la Estación, llegaron antes al pasado que esos materiales. Y años después de llegar allí, salen en busca de objetos que fueron enviados antes que ellos, aunque para ellos las cosas aparecen después.

Es un efecto fascinante y muy visual de la ruptura de la linealidad temporal provocada por la posibilidad de viajar en el tiempo. El antes y el después son difusos para un viajero en el tiempo, algo que el propio Barrett, así como el resto de presos, ha experimentado en sus propias carnes.


Futuro en el pasado/pasado en el futuro

La novela va narrando dos líneas temporales distintas: los sucesos de hace 1.000.000.000 de años, con los presos viviendo en la Estación, y los que tienen lugar de 1984 a 2006, periodo en el que Barrett empezó en el movimiento revolucionario y trabajó por la revolución hasta ser capturado y enviado a la Estación.

Dentro de la línea temporal habitual, la que todos vivimos, los sucesos prehistóricos suceden antes que los del siglo XX. Pero, curiosamente, para el protagonista, que vive en la prehistoria a sus 60 años (y desde hace más de 20), los hechos del siglo XX son el pasado, cuando era un joven revolucionario.

La línea temporal deja de ser recta y firmemente continua al lograr viajar en el tiempo. Así, en el pasado/futuro (el siglo XX), vemos cómo Barrett entró en el movimiento revolucionario y acabó preso. Y en el futuro/pasado (hace mil millones de años), vemos lo que le sucede en la Estación. Una prisión donde Barrett es el preso más respetado y a la que llega Hahn, un chico joven bastante misterioso.


Un visitante inesperado

En los más de veinte años que Barrett llevaba en la Estación, cada cierto tiempo iban llegando presos nuevos. Sin embargo, hacía seis meses que no llegaba nadie. Así que cuando llega Hahn es todo un acontecimiento. Él viene de 2029 y los presos tienen curiosidad por saber lo que ha pasado desde que fueron enviados a la Estación, algunos hace ya muchos años. Pero a Barrett no le encajan las pocas cosas que cuenta del futuro. No le parece un disidente político como ellos. Más tarde, descubre que escribe todo lo que ve en la Estación y, al leer sus notas, todo indica a Barrett y a sus compañeros que Hahn es un espía del Gobierno.

Pero, ¿para qué? ¿Qué más da lo que hagan si están allí atrapados para siempre? El Gobierno, al parecer no del todo inhumano, les envía algunos víveres y objetos para que sobrevivan en el pasado. Pero, ¿para qué es necesario un espía en un lugar como ese? Esa duda se disipa cuando descubren que una noche Hahn viaja al futuro con la máquina y vuelve a la Estación. La posibilidad que ni contemplaban de que se pudiera viajar al futuro, de que se pueda volver al futuro, trastoca todas sus teorías y todos sus planteamientos.


El tiempo retoma su orden

El destierro ya no es tal y ahora el futuro y el pasado están realmente cerca. Obviamente, pillan a Hahn por banda y le hacen confesar. Y sí, resulta ser un espía del Gobierno, pero no como lo habían imaginado. Hahn les cuenta que la revolución ha triunfado en 2029 y que le han enviado para ver cómo estaban, mandarlos al futuro (su presente, realmente) y cerrar la Estación.

La novela indaga en la psicología de los personajes, cómo les ha afectado el destierro y lo que supone para ellos, tanto el destierro como una posible vuelta al futuro. Pero centrándonos en el regreso al presente (esto no es una crítica de la novela, sino un análisis del viaje en el tiempo en ella) vemos cómo el pasado, el futuro y el presente vuelven a su orden.

Como hemos dicho antes, el pasado de Barrett está en el futuro de la línea temporal, y su presente (futuro desde el punto de vista del Barrett joven) está en el pasado de la línea. Sin embargo, si cierran la Estación y regresan todos a 2029, no viajan simplemente al futuro, sino que regresan a su presente, aunque nunca hayan estado ahí.

Barrett tenía 37 años cuando le enviaron al pasado en 2006. Ha pasado 23 años en la prehistoria, en el pasado. Ahora tiene 60 años y la posibilidad de viajar al futuro, a 2029. Pero no es simplemente una fecha del futuro. Es el presente, un presente en el que Barrett también tendría 60 años si no hubiera sido capturado. Barrett está viajando al futuro, un tiempo en el que nunca ha estado y donde todo es muy diferente al 2006 que dejó atrás; pero no es un viaje al futuro estrictamente hablando, es simplemente un regreso al presente que le correspondía.

El viaje en el tiempo en la literatura

7 diciembre 2015 1 comentario

El viaje en el tiempo es uno de los temas más apasionantes y más tratados en la literatura fantástica y de ciencia ficción. Hoy no analizamos ninguna obra concreta, sino que, a continuación, tenéis un repaso exhaustivo y apasionante de la huella del viaje en el tiempo en la literatura. Se trata de un magnífico reportaje que escribieron Javier Esteban y Enric Quílez para la web Cyberdark hace más de diez años. Autores célebres como Asimov, Aldiss, Clarke y Heinlein se codean con otros no tan conocidos en una panorámica de la literatura de ciencia ficción que se adentra en el viaje en el tiempo. Muchos de los relatos que incluye el reportaje serán analizados en esta web con el paso del tiempo (si es que es el tiempo el que pasa y no nosotros a través de él). Mientras, esperamos que os sirva de referencia de lectura y de verdadero análisis crononáutico. Para leer el reportaje, haced clic en el rastro que ha dejado la máquina del tiempo aquí abajo…

delorean

Y aquí, un buen listado de obras con viajes en el tiempo. ¡A leer!

El restaurante del fin del mundo – Adams, Douglas
El bosque de hielo – Aguilera, Juan Miguel
La ruta a trascendencia – Alonso, Alejandro
Hombre en su tiempo – Aldiss, Brian W.
La noche en que todo el tiempo escapó – Aldiss, Brian W.
Pobrecito guerrero – Aldiss, Brian W.
La nave de un millón de años / Anderson, Poul
La patrulla del tiempo (rec.) / Anderson, Poul
Tau Cero / Anderson, Poul
¿Intercambio justo? / Asimov, Isaac
El día de los cazadores / Asimov, Isaac
El fin de la eternidad / Asimov, Isaac
El niño feo / Asimov, Isaac
El pasado muerto / Asimov, Isaac
Guijarro en el cielo / Asimov, Isaac
La carrera de la reina encarnada / Asimov, Isaac
La última pregunta / Asimov, Isaac
Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada / Asimov, Isaac
Los vientos del cambio / Asimov, Isaac
Tiotimolina para las estrellas / Asimov, Isaac
Una estatua para papá / Asimov, Isaac
Los viajeros de las gafas azules / Atienza, Juan G.
La compañía del tiempo / Baker, Kage
El espectáculo de la televisión más grande de la Tierra / Ballard, J.G.
El otoño de las estrellas / Barceló, Miquel & Jorge Romero, Pedro
Las naves del tiempo / Baxter, Stephen
Una y otra vez / Piper, Henry Beam
A través del mar de soles / Benford, Gregory
Cronopaisaje / Benford, Gregory
Computer Connection / Bester, Alfred
El orinal floreado / Bester, Alfred
La opción de Hobson / Bester, Alfred
La presión de un dedo / Bester, Alfred
Solo un enemigo: el tiempo / Bishop, Michael
Tren al infieno / Bloch, Robert
El convector Toynbee / Bradbury, Ray
Ruido atronador / Bradbury, Ray
El efecto práctica / Brin, David
El triunfo de la Fundación / Brin, David
Experimento / Brown, Fredric
La flota vengadora / Brown, Fredric
El Fin / Brown, Fredric
¿Quién anda ahí? / Campbell, John W.
2001: Una odisea del espacio / Clarke, Arthur C.
3001: Odisea final / Clarke, Arthur C.
Cánticos de la lejana Tierra / Clarke, Arthur C.
La flecha del tiempo / Clarke, Arthur C.
Némesis / Clarke, Arthur C.
Luz de otros días / Clarke, Arthur C. & Baxter, Stephen
Tiempo muerto / José Antonio Cotrina
Rescate en el tiempo / Crichton, Michael
El hombre deforme / de Camp, Sprague
Autor, autor / Dick, Philip K.
Desayuno en el crepúsculo / Dick, Philip K.
Minority report / Dick, Philip K.
Jeffty tiene cinco años / Ellison, Harlan
El anacronópete / Gaspar, Enrique
La guerra interminable / Haldeman, Joe
Compradores de tiempo / Haldeman, Joe
Las cien vidas de Lazarus Long / Heinlein, Robert A.
Por sus propios medios / Heinlein, Robert A.
Puerta al verano / Heinlein, Robert A.
Tiempo para amar / Heinlein, Robert A.
Herejes de Dune / Herbert, Frank
Vamos al Gólgota / Kilworth, Garry
Oh tiempo retrocede / Knight, Damon
Época dorada / Kuttner, Henry & Moore, Catherine L.
En El Dorado / Landis, Geoffrey A.
El gran tiempo / Leiber, Fritz
El soldado más veterano / Leiber, Fritz
Intenta cambiar el pasado / Leiber, Fritz
La mañana de la condenación / Leiber, Fritz
Al margen del tiempo / Leinster, Murray
Fiasco / Lem, Stanislaw
El mensaje perdido / Mallorquí, José
El hombre que despertó / Manning, Laurence
Mein Fürher / Marín, Rafael
Contra el tiempo / Marín, Rafael & Aguilera, Juan Miguel
Con dados cargados / Martínez, Rodolfo
Memorias / McQuay, Mike
El reloj que marchaba hacia atrás / Mitchel, Edward Page
Un mundo fuera del tiempo / Niven, Larry
La ecuación de Einstein / Pohl, Frederik
Mundo al final del tiempo / Polh, Frederik
Pórtico / Polh, Frederik
Tras el incierto horizonte / Pohl, Frederik
El mundo invertido / Priest, Cristopher
Dragones en el centro / Revuelta, Joaquín
Otros días, otros ojos / Shaw, Bob
Doble indemnización / Sheckley, Robert
El hombre afectado / Sheckley, Robert
Los deseos del rey / Sheckley, Robert
Entre los latidos de la noche / Sheffield, Charles
E de esfuerzo / Sherred, T. L.
Cuando fuimos a ver el fin del mundo / Silverberg, Robert
El hijo del hombre / Silverberg, Robert
El hijo del tiempo / Silverberg, Robert
El libro de los cráneos / Silverberg, Robert
La estación Hawbskill / Silverberg, Robert
Las máscaras del tiempo / Silverberg, Robert
Por el tiempo / Silverberg, Robert
La gruta de los ciervos danzarines / Simak, Clifford D.
Atrapados en la prehistoria / Swanwick, Michael
Legiones en el tiempo / Swanwick, Michael
Houston, Houston ¿me reciben? / Tiptree Jr., James
El visitante / Torres Quesada, Ángel
16 de junio en Anna’s / Traviss, Karen
Caminando en círculos / Utley, Steven
Incursión aérea / Varley, John
El pusher / Varley, John
La guerra de la paz / Vinge, Vernor
Naufragio en tiempo real / Vinge, Vernor
Un abismo en el cielo / Vinge, Vernor
El círculo de cero / Weinbaum, Stanley G.
La máquina del tiempo / Wells, Herbert George
The Chronic Argonauts / Wells, Herbert George
El libro del día del Juicio Final / Willis, Connie
Los sueños de Lincoln / Willis, Connie
Por no mencionar al perro / Willis, Connie
Servicio de vigilancia / Willis, Connie
Los cronolitos / Wilson, Robert C.
Las llaves de diciembre / Zelazny, Roger

Categorías:Relatos y Novelas

Por sus propios medios (Robert A. Heinlein, 1941)

23 noviembre 2015 Deja un comentario

18370412¿Quiénes somos? ¿Qué determina nuestro ‘yo’? ¿Lo que hacemos determina quién somos o quién seremos? ¿Podemos decidir lo que haremos?. ‘Por sus propios medios’ es, junto a ‘Todos vosotros, zombies’, uno de los relatos más famosos de Robert A. Heinlein. Aquí, Heinlein reflexiona mediante el viaje en el tiempo sobre la propia identidad y sobre el libre albedrío y recurre para ello a su amada paradoja de la predeterminación en un juego temporal impecable. Se trata de un relato complejo y apasionante sobre el viaje en el tiempo y sus paradojas.

Bob Wilson está en su habitación escribiendo su tesis. A su espalda aparece un hombre que le resulta familiar, pero no reconoce. Le cuenta que ha llegado por una puerta temporal, un círculo que parece flotar en su cuarto, y le pide que lo cruce. Wilson no quiere, pero tras unas copas se envalentona y dice que sí. Pero aparece un tercer hombre, que al parecer se conoce con el segundo, y le dice que no cruce la puerta, que es una trampa, que le están utilizando. Se pelean y Wilson cruza la puerta.

Esta es la situación inicial del relato, un punto de partida que el lector no acaba de comprender y al que se volverá irremediablemente. Al cruzar la puerta, Wilson aparece en un lugar extraño que resulta estar 30000 años en el futuro, y allí le recibe un hombre llamado Diktor, que le cura las heridas de la pelea, le da de comer y le deja descansar. Ese hombre, que también tiene una puerta temporal, le pide a Wilson que la cruce para cumplir una misión muy importante; pero no le explica cuál es ni lo que va a encontrarse al otro lado. No muy receloso y maravillado por la aventura que está viviendo, Wilson cruza la puerta y ahí es donde todo vuelve a empezar y todo empieza a cobrar sentido.


Regreso al pasado

Al llegar allí, reconoce su cuarto y piensa que está en otra época en la que su cuarto está igual que cuando marchó. Pero al mirar hacia el escritorio, ahí está él, escribiendo su tesis. Es entonces cuando se da cuenta de quién es él: él es el hombre que apareció a su espalda y le pidió cruzar la puerta y el hombre sentado es él antes de saber nada sobre puertas temporales.

Y entonces Wilson empieza a repetir lo mismo que dijo aquel hombre que se presentó en su cuarto. Quiere variar, no decir lo mismo, él tiene libre albedrío; pero acaba diciendo lo mismo, la situación le lleva a ello.

Y es que no puede variarlo. Eso ya ha pasado y decir lo que dijo le llevó a cruzar la puerta. Sin meternos aún de lleno en la paradoja de la predeterminación, que es la que engloba todo el relato y explicaremos después, lo que también vive ahora Wilson es el llamado principio de autoconsistencia de Novikov.


El principio de autoconsistencia de Novikov

Esta teoría nos dice que en nuestro viaje al pasado no podemos (aunque queramos) hacer nada que impida que, más tarde, realicemos ese viaje al pasado. Wilson quiere variar su discurso, no quiere hacer que su yo anterior cruce la puerta temporal. Pero no lo puede evitar. Y es que ya ha cruzado la puerta. Si lo evitara, su yo pasado no iría al futuro y luego no volvería para evitarlo, y si no vuelve para evitarlo, ¿cómo lo evitó? No podemos impedir con nuestro viaje al pasado que podamos viajar al pasado. La situación no sería consistente, no sería posible.

Esta imposibilidad marcada por el principio de autoconsistencia se basa en el paradigma de que el continuo espacio-tiempo maneja una única línea temporal y no podemos hacer una modificación en el pasado de esa línea que no nos permita ir a ese punto del pasado a hacer esa modificación. Y si, además, consideramos que esa única línea temporal es fija, inmutable, Wilson se enfrenta a la predeterminación, la teoría que englobará todo el relato.

Así, ahí está Wilson, sentado a su mesa escuchando a su yo futuro (aunque él no lo sabe); pero cruzará la puerta al cabo de poco para volver y hacerse cruzar la puerta (como ya había pasado). No mucho después, Wilson lo habla con Diktor.

—Por eso te mandé hacia atrás… Para que pudieras aparecer antes por la Puerta.

—¿Eh? Espera un momento… Ya había aparecido por la Puerta.

Diktor meneó la cabeza.

—¿De veras? Piénsalo un poco. Cuando volviste a tu propio tiempo y a tu propio lugar encontraste ahí a tu yo anterior, ¿no?

—Mmmmm…, si.

—Él…, tu yo anterior…, todavía no había cruzado la Puerta, ¿verdad?

—No. Yo…

—¿Cómo podía haber cruzado la Puerta, a menos que tú le persuadieras para que entrara en ella?

A Bob Wilson le estaba empezando a dar vueltas la cabeza. Estaba empezando a preguntarse quién le hizo qué a quién y qué le ocurrió entonces.

—¡Pero eso es imposible! Me estás diciendo que hice algo porque iba a hacer algo.

—Bueno, ¿es que no lo hiciste? Estuviste aquí.

—No, yo no…, bueno, quizá lo hice pero no tuve la sensación de hacerlo.

—¿Por qué ibas a tenerla? Era algo totalmente nuevo para tu experiencia.

—Pero…, pero… —Wilson aspiró una buena bocanada de aire y logró controlarse. Después echó mano de sus conceptos de filosofía académica y extrajo de ellos la idea que había estado luchando por expresar—. Eso niega todas las teorías racionales de la causalidad. Me harías creer que la causalidad puede ser totalmente circular. Crucé la Puerta porque volví a cruzarla para convencerme de que la cruzara. Eso es ridículo.

—Bueno, ¿no lo hiciste acaso?

Wilson no tenía preparada una respuesta para eso.

Todo ello le lleva a reflexionar sobre el libre albedrío en el viaje al pasado. Sin duda, parece que puede decidir, pero sólo lo que ya decidió porque eso le llevó hasta ese momento y, en su momento, también estaba intentando decidir otra cosa distinta a la que había visto que pasaba.

El libre albedrío era otro asunto. No era algo de lo que pudiera reírse, pues le había sido posible experimentarlo directamente…, y, con todo, su propia y libre voluntad había trabajado para crear la misma escena una y otra vez. Al parecer la voluntad humana debía ser considerada como uno de los factores que creaban los procesos dentro del continuo: libre para el yo, mecánica para quienes la observaran desde fuera.


Yo, erayó y sereyó

La cuestión es que cuando Wilson está intentando convencer a su yo anterior de que cruce la puerta, aparece el tercer hombre. Y Wilson se da cuenta de que ese hombre es él mismo y no entiende por qué va a detenerlo; pero entiende que viene del futuro, de un tiempo en el que él aún no ha estado. Entonces llega la pelea y el Wilson que estaba sentado escribiendo cruza la puerta y los otros dos se quedan en la habitación.

¿Quién es Bob Wilson ahora? ¿El que estaba escribiendo fue al futuro y volvió para convencerse a sí mismo que cruzara; el que acaba de cruzar y volverá al pasado para convencerse de cruzar, o el tercero, que ha llegado para evitar que Wilson convenza a su yo pasado de cruzar? Esta mezcla es la que hace a Wilson (y a Heinlen) pensar sobre la propia identidad.

—Maldita sea, no puedes hacerme esto. ¿Qué fue de los otros dos?

—¿Los otros dos qué?

—Mis otros dos yo. ¿Dónde están? ¿Cómo voy a conseguir encontrar la salida de todo este lío?

—No estás metido en ningún lío. No tienes la sensación de ser más de una persona. ¿Verdad?

—No, pero…

—Entonces, no te preocupes por ello.

Somos quien somos en este momento. Nuestros otros yo de otro tiempo no somos nosotros, ya que nuestro propio tiempo hace que seamos quien somos, aunque quien fuimos (en el pasado) condiciona quien somos y quién seremos (en el futuro).

Y, en este caso, nuestro yo futuro influye en nuestro yo presente al viajar él al pasado. Pero, de todos modos, sólo tenemos la sensación de ser uno (nuestro yo de ahora), ya que sin viajes en el tiempo vivimos en un continuo temporal lineal. Y aún con viajes en el tiempo, sólo somos nosotros mismos en relación con nuestro propio tiempo, aunque tengamos delante de nosotros a nuestro yo de otro tiempo, aunque estemos en el tiempo de nuestro otro yo.

Somos nosotros mismos aquí y ahora. No somos quien éramos ayer. Podemos recordar varios yo: de niño, de adolescente, de ayer por la tarde; pero esos son nuestros yo de otro tiempo, no somos nosotros. Lo que nos une es la sensación de identidad debida a que nuestra memoria pasa del uno al otro de forma lineal.

Pero Wilson puede ver en un mismo espacio a los Wilson de otro tiempo. El viaje en el tiempo le ha permitido disociar el espacio-tiempo, que siempre está unido. Eso le hace dudar de su propia identidad, poder tocar a su yo de ayer. Nuestro yo de ayer siempre está ahí, pero no trastoca nuestra identidad porque está en otro plano temporal y son las cuatro dimensiones las que nos caracterizan.


Mis otros yo sin mí

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‘Por sus propios medios’ fue publicado por primera vez en la revista ‘Astounding Science Fiction’ en octubre de 1941. Heinlein lo publicó bajo el seudónimo literario Anson MacDonald

Con tantos Wilson en juego, será mejor ponerles número para identificarlos mejor. Wilson 1 es el del principio, que cruzó la puerta y luego volvió al pasado. Wilson 2 sería su yo pasado, que ahora acaba de cruzar la puerta. Y Wilson 3 es quien intenta evitar este círculo vicioso.

Y es que ahora Wilson 2 acaba de cruzar la puerta impulsado por su yo pasado y ya sabemos lo que hará. Pasará un tiempo con Diktor y viajará al pasado para convencer a su yo pasado para cruzar. Pero, ¿qué pasa con los otros dos Wilson, Wilson 1 (que ya ha cruzado la puerta una vez y ha vuelto) y Wilson 3, que no sabemos de donde viene?. Lo único que podemos tener claro es que lo que haga Wilson 1 ahora le llevará a ser Wilson 3 y volver al punto inicial para evitar que el primero de todos los Wilson cruce por primera vez la puerta.

Wilson 1 (el que estaba al principio escribiendo, cruzó la puerta y volvió para convencerse) se pelea con Wilson 3 y decide volver a cruzar la puerta. Allí se vuelve a encontrar con Diktor y le pide explicaciones por lo que ha sucedido y por el tercer Wilson. Diktor no le da las explicaciones que requiere, pero es entonces cuando le explica la verdadera misión: Wilson debe viajar al pasado y recopilar unas cuantas cosas que ya no hay en el futuro y que les reportarán riqueza y poder en el año 30000. Diktor le da una lista y le explica cómo funciona la máquina.


La máquina del tiempo

Detengámonos aquí un momento para analizar cómo funciona la máquina del tiempo de este relato. Obviamente, no explican científicamente cómo se logra viajar en el tiempo; pero sí hacen referencia a la cuarta dimensión (el tiempo) como si fuera una más que se puede recorrer con libertad e incluir en un diagrama de coordenadas para llegar a un lugar.

Cuatro esferas de colores tan grandes como canicas colgaban de unas varillas de cristal dispuestas formando los cuatro ejes principales de un tetraedro. Las tres esferas que formaban la base del tetraedro eran de color rojo, amarillo y azul: la cuarta, en el ápice, era blanca.

—Tres controles espaciales. Un control temporal —explicó Diktor—. Es muy sencillo. Usando el aquí y el ahora como referencia cero, mover cualquier control alejándolo del centro hace que el otro extremo de la Puerta se aparte del aquí y del ahora. Adelante o atrás, derecha o izquierda, arriba o abajo. Pasado o futuro…, todo eso es controlado haciendo mover la esfera adecuada en su varilla.

Y es que el tiempo no es más que otra dimensión necesaria para establecer nuestro yo y lo que hacemos. Imaginemos que queremos invitar a alguien a una fiesta. Esa persona no necesita tres dimensiones para poder vernos en la fiesta, sino cuatro. Hemos de darle la x (el ancho), la calle Mayor. La y (el largo), el número 24 de la calle. La z (el alto), el cuarto piso de ese número. Pero también hay que darle la t (el tiempo), las 22.00 horas. Porque sin este dato no puede acudir a la fiesta, llegaría tarde o pronto, pero no estaría en la fiesta. Y, a la vista está, es una coordenada que se puede recorrer con libertad, llegando a la hora adecuada.

Pues la máquina funciona igual. Sólo hay que ajustar las cuatro coordenadas y allí aparecerá el otro extremo de la puerta temporal.


¿Cerrar el círculo?

Wilson 2 (que ya ha cruzado al futuro, ha vuelto para convencerse de hacerlo y ha regresado con Diktor al futuro) ahora tiene la misión de volver al pasado a recopilar cosas que tiene en una lista. Pero no lo hace, desconfía de Diktor y decide viajar al pasado (cuando él mismo estaba sentado en su cuarto hablando consigo mismo) para evitar que su yo pasado cruce la puerta y así evitar todo este círculo vicioso.

He dicho que lo decide, pero ¿es así?. Lo cierto es que sabe que ya ha pasado (bueno, que pasará). Siendo el primer Wilson se vio aparecer, aunque no sabía de qué iba nada. Siendo el Wilson que había regresado para convencerse de cruzar también lo había visto, sabiendo que era un yo futuro, pero sin saber qué hacía allí. Ahora lo iba a hacer, y lo iba a hacer de la misma forma. Así, Wilson 2 se iba a convertir en Wilson 3.

En el cuarto todo pasa como había pasado. El Wilson primigenio había cruzado y el segundo Wilson del cuarto había vuelto al futuro, como había hecho él ya antes, para convertirse en él. Así, Wilson 3 (el que avisaba al Wilson primigenio de que no debía cruzar la puerta) se había quedado sólo en el cuarto. ¿Había cerrado así el círculo? Ahora era Wilson 3, los demás habían cruzado la puerta para convertirse en el siguiente Wilson y él estaba allí, donde todo empezó. ¿Qué podía hacer? Decide sentarse y seguir con su tesis, como si todo hubiera acabado y el círculo se hubiera cerrado; pero eso ya no es para él.

Así, Wilson 3 (que antes había sido Wilson 2 y Wilson 1 y el Wilson primigenio, aunque él era sólo él en ese tiempo) decide hacer lo que le ha dicho Diktor, recopilar las cosas de la lista; pero no hacerlo para él, sino para sí mismo. Las recopila, viaja al futuro y, sin que Diktor se entere (está con los Wilson pasados), viaja, desde el año 30000 (y pico, en el que vive Diktor), a diez años antes, donde se encuentra en el mismo lugar, pero sin rastro de Diktor. Allí podrá ser él quien viva bien en el futuro con todo lo recopilado y ya verá qué hace cuando Diktor aparezca.


Consecuencias que preceden a las causas

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista 'Astounding Science Fiction', donde se publicó por primera vez en 1941

Primera página del relato (ilustrado por Rogers) en la revista ‘Astounding Science Fiction’, donde se publicó por primera vez en 1941

Es durante la recopilación de las cosas de la lista en la que vemos un buen ejemplo de consecuencias que preceden a la causas. Durante las diferentes veces que vemos a los tres Wilson en el cuarto provocando e intentando evitar que el Wilson primigenio cruce la puerta del tiempo, ese Wilson recibe una llamada de su novia en la que ella asegura que se han visto esa tarde, aunque él no lo recuerda.

Para él, había estado todo el día en el cuarto y no había visto a su novia. Pero es este Wilson que está recopilando las cosas de la lista unas horas antes de toda la escena en la habitación el que visita a su novia.

Así, la consecuencia de la visita (la llamada) Wilson la percibe antes de la causa (la visita). Es lógico, aún no lo ha hecho, le faltan varios viajes adelante y atrás en el tiempo. Pero como lo hará en el pasado, la causa habrá precedido a la consecuencia, respetando la flecha del tiempo.

Así funciona la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Cualquier cosa que haces viajando al pasado ya formaba parte de tu pasado, ya que lo estás haciendo en el pasado de una línea temporal única y fija y lo que se hace en el pasado (viajando desde el futuro) tiene que formar parte, por fuerza, del pasado que ha desembocado en tu presente. Él no había visitado todavía a su novia; pero como lo haría su yo futuro viajando al pasado, esa visita ya había sucedido en el pasado del Wilson primigenio, el del presente.


El futuro

Una vez diez años antes del tiempo de Diktor, Wilson descubre el mundo del futuro que le había anticipado en parte Diktor. Los Grandes, que habían dominado la Tierra, ya no estaban, y había personas que vivían en una sociedad muy distinta y que hablaban un idioma también distinto. Se logra comunicar con ellos gracias a una libreta con vocabulario que le había quitado a Diktor antes de viajar 10 años atrás. Y esa gente le empieza a considerar su líder, ya que vive en la casa de los Grandes (la futura casa de Diktor).

Y allí también reflexiona sobre el viaje en el tiempo y las múltiples dimensiones necesarias para llevarse a cabo.

Otra idea le hizo concluir irremediablemente que era probable que existiera al menos una dimensión más aparte de las cuatro que podían percibir sus sentidos, y esa idea vino de la propia Puerta. Llegó a ser muy hábil manejando sus controles, pero nunca consiguió hacerse ni la más vaga idea de cómo funcionaba o cómo había sido construida. Le parecía que sus constructores debían ser necesariamente capaces de situarse fuera de los límites que le confinaban a él para anclar la Puerta en la estructura del espacio-tiempo. El concepto se le escapaba.

Tenía la sospecha de que los controles que veía eran, sencillamente, la parte que asomaba en el espacio conocido por él. El propio Palacio podía no ser más que una sección tridimensional de una estructura más compleja, y ello ayudaría a explicar la naturaleza de su arquitectura, de otro modo inexplicable.

La lógica le lleva a pensar esto. Al igual que para dibujar unas coordenadas de tres dimensiones para un mapa tenemos que estar fuera del mapa, es necesario estar fuera de las cuatro dimensiones para moverse libremente por el tiempo de la forma en la que lo hacía la máquina, localizando las cuatro, visualizando la escena en una pantalla y, entonces, cruzando la puerta hacia ese sitio/momento.


Cerrando el círculo

En el futuro, pasan los años y Diktor no aparece y Wilson llega a pensar que está en un futuro alternativo, distinto. Pero un día, tras diez años en aquel lugar, alguien aparece en la sala. Un hombre, magullado, en el suelo. Y entonces, se da cuenta de lo que ha pasado. Ese hombre es él mismo, recién expulsado de su cuarto cuando estaba escribiendo su tesis. ¿Y Diktor? Él era Diktor.

Permaneció totalmente inmóvil durante un periodo de tiempo imposible de precisar, contemplando los dos objetos que no debían estar ahí, el sombrero y el hombre, mientras los vientos de la locura barrían su mente haciéndola vacilar. No le hacía falta examinar la silueta inconsciente para identificarla. Sabía…, sabía que era su yo más joven, impulsado de forma involuntaria a través de la Puerta.

No era el hecho en si lo que le hacía estremecerse. No había esperado que ocurriera, pues poco a poco había ido llegando a la conclusión de que vivía en un futuro distinto, un futuro alternativo al otro en que había sido originalmente transmitido por la Puerta. Con todo, había sido consciente de que podía ocurrir y el que ocurriera no le sorprendía.

Y cuando ocurrió, ¡estaba él como único espectador!

Él era Diktor. Era el Diktor. ¡Era el único Diktor!

Jamás encontraría a Diktor y no podría dejar las cosas claras con él. No debía temer su aparición. Jamás había existido y jamás existiría otra persona llamada Diktor, porque Diktor jamás había sido o sería nadie aparte de él mismo.

Wilson había llegado a entender que sus tres yo estuvieran en su habitación en cierto momento; pero no que ese hombre del año 30000 fuera él mismo. Pero ahora lo veía claro. Ahora llegaba el Wilson primigenio y él, Diktor, le enviaría al pasado para que todo el circulo siguiera girando hasta llegar a ser él, el que había vivido como un Rey en el futuro. Y mandaría al siguiente a recopilar todas aquellas cosas que le han servido estos años. Y finalmente acabaría diez años antes, empezando de nuevo para convertirse en Diktor.

Pensando ahora en ello, parecía obvio que él debía ser Diktor, y había muchas evidencias que señalaban en tal dirección. Y, con todo, no había sido obvio. Recordó que todas las similitudes entre él mismo y el Diktor habían surgido de causas racionales, normalmente de su deseo por imitar las características más ostensibles del otro y con ello consolidar su propia posición de poder y autoridad antes de que el otro Diktor apareciera. Por esa razón se había instalado en los mismos aposentos que había utilizado ese Diktor, para que así fueran suyos antes de su llegada.

Cierto que su pueblo le llamaba Diktor, pero eso no le había hecho pensar nada raro: llamaban con ese título a cualquiera que les gobernara, incluso a los pequeños jefes locales que tenía como administradores suyos.

En cualquier caso, había estado buscando a un hombre camino de los cincuenta, cuyo rostro recordaba vagamente después de diez años y del que no tenía imagen alguna. Nunca se le había ocurrido conectar ese rostro borroso con su cara actual, naturalmente que no.


El Jinn

Previamente, ya habíamos visto algún detalle que le acercaba a ser Diktor. Aquella libreta con vocabulario que le quitó a Diktor se había hecho vieja y él decidió reescribirla para que durase. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de que la libreta que le quitó a Diktor era la libreta que él mismo había reescrito (o reescribiría desde el punto de vista del momento del robo).

Esta libreta es lo que se ha venido a llamar un jinn, un objeto sin origen. A se convierte en B, que termina siendo el A que se convierte en B. Y todo porque nunca hubo A o B, sólo existe una realidad moviéndose en una línea de tiempo circular, sin principio o final. Esa libreta, el jinn, no tiene origen, nadie la escribió por primera vez y los conocimientos escritos en ella nunca fueron creados, sólo copiados.

Jamás existieron dos cuadernos de notas. El que tenía ahora se convertiría, tras haber sido llevado mediante la Puerta a un punto situado diez años en el pasado, en el cuaderno de notas del cual lo había copiado. Eran, sencillamente, segmentos distintos del mismo proceso físico, manipulados mediante la Puerta para que durante cierta longitud de tiempo corrieran paralelos uno al otro.

Como había hecho él mismo… una tarde.

Deseó no haber tirado el viejo cuaderno. Si lo tuviera a mano podría compararlos y convencerse a sí mismo de que eran idénticos, salvo por el desgaste de la creciente entropía sufrida.

Pero ¿cuándo había aprendido el idioma para poder preparar tal vocabulario? Naturalmente, cuando lo copió conocía el idioma y, en realidad, no le hacía falta copiarlo.

Pero lo había copiado.

Había dejado claro el proceso físico en su mente, pero el proceso intelectual que representaba era totalmente circular. Su yo más anciano le había enseñado a su yo más joven un idioma que el más anciano conocía porque el más joven, después de haber sido enseñado, creció hasta convertirse en el yo más anciano y fue, por lo tanto, capaz de enseñárselo.

Pero ¿dónde había empezado todo? […] ¿Quién escribió el cuaderno de notas? ¿Quién dio comienzo a la cadena?


La paradoja de la predeterminación

Lo que nos muestra de manera tan compleja y original este relato, como hemos dicho, es la paradoja de la predestinación (que alcanza su mayor esplendor en otro relato de Heinlein, ‘Todos vosotros, zombies’, adaptado al cine con el título de ‘Predestination’).

Según esta teoría, todo aquello que hagamos al viajar al pasado ya había sucedido en nuestro pasado y nos había llevado a ese punto de viajar al pasado para que pasara, porque teníamos que hacerlo ya que habíamos llegado a ese punto gracias a ese cambio. Es todo un círculo. Hemos pasado de A a B y entonces viajamos al pasado y provocamos A, porque es necesario que A tenga lugar para llegar a B y, entonces, poder viajar al pasado y provocar A. Todo es un círculo perfecto que tiene que seguir girando y no puede parar porque tanto A es causa de B como B es causa de A.

Como hemos dicho, la idea es que todo lo que haremos en nuestro viaje al pasado ya formaba parte de nuestro pasado antes de partir, ya que había sido hecho previamente (en el pasado) por nuestro yo futuro. Todo sucede en una línea temporal única e inmutable. Al viajar en el tiempo, éste deja de ser lineal para ser circular por lo que nuestro futuro y pasado se unen en un perfecto círculo causal.

Aquí, el Wilson primigenio viajó al futuro para volver al pasado a convencerse de viajar al futuro. Y luego viajó de nuevo al futuro y regresó al pasado para evitar lo anterior, algo inevitable porque ya había sucedido, es decir, iba a suceder. Y, finalmente, había vuelto al pasado a recopilar ciertas cosas para volver al futuro y situarse en un pasado más cercano a ese futuro. Tan cercano que, con el paso normal de los años, se convertiría en el hombre que le había mandado a convencer al Wilson primigenio (a sí mismo) de viajar al futuro para poder reiniciar todo el proceso. Y el círculo sigue girando…

Un futuro en el pasado (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006)

9 noviembre 2015 Deja un comentario
Un futuro en el pasado

El autor ofrece la descarga gratuita de esta novela en ePUB y Kindle en su web

Con la posibilidad de viajar en el tiempo, se suele fantasear con visitar grandes eventos de la historia o vivir de primera mano grandes tragedias como el hundimiento de Titanic o la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya y volver al presente antes de que esos eventos acaben con nosotros. Pero lo que no solemos plantearnos es que los viajeros del tiempo sean gente que vivió esas tragedias en su tiempo y que salvaron la vida viajando al futuro. Ese es el punto de arranque de ‘Un futuro en el pasado‘ (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006).

En esta novela, David es un físico que trabaja en una empresa que tiene sus oficinas en las Torres Gemelas de Nueva York. De espaldas a la empresa, trabaja en un método para viajar en el tiempo. Pero unas semanas antes de probarlo consigo mismo, el día 11 de septiembre de 2001, dos aviones chocan contra sendas torres poniendo su vida en peligro. Sin otra salida, probará su invento… y funcionará. Huirá de la tragedia al año 2029.

Es un arranque espectacular y muy atractivo. Y el viaje, como el de muchas películas, es sólo en el tiempo, no en el espacio. Aparece en el año 2029 en el mismo lugar en el que estaba. Obviamente, las Torres Gemelas ya no están; pero en ese año otro edificio ya se ha alzado en la Zona Cero. Afortunadamente, el nuevo edificio también es un rascacielos (si no, hubiera aparecido en el aire y hubiera caído) y ningún tabique nuevo ni ninguna persona o mueble ni un suelo entre planta y planta están en el lugar donde él estaba.


Te conocí porque ya te había conocido

En el futuro, David pasará varias aventuras y problemas y de ellos le sacará Leroy, un chico que está en el lugar adecuado en el momento adecuado y que le invitará a quedarse con él en su casa tras conocer su increíble historia. Pero lo verdaderamente interesante desde el punto de vista del viaje en el tiempo es por qué coincidieron David y Leroy, algo que se revela bien avanzada la novela.

Y es que Leroy, ciudadano de 2029, pertenece a un grupo de científicos que también ha logrado idear un método para viajar en el tiempo. Y en uno de esos viajes cortos de prueba al futuro (realizado unos días antes de conocer a David), Leroy está en su casa y se encuentra allí a David, sentado tranquilamente y sabiendo quién es Leroy.

Leroy no le conoce, no sabe qué hace ahí, pero es consciente de que acaba de viajar unos días al futuro y no sabe qué ha pasado en ese periodo, así que sutilmente logra que David le vuelva a contar su historia (aunque para Leroy será la primera vez que la oye). Gracias a eso, Leroy podrá estar en el sitio adecuado para conocer a David y llevarle a su casa.


Predeterminación

Veamos lo que ha pasado. David aparece el día 11 de septiembre de 2029. Allí se encuentra a Leroy, que le acoge en su casa. Pero es que Leroy sabía que estaría allí porque ya había conocido a David en su viaje al futuro y se lo había explicado. Y es que Leroy, el día 5, viajó unos días al futuro (al día 19) y ya se encontró a David en casa. Y gracias a tenerlo allí y escuchar ‘otra vez’ su historia, al volver al día 5 sólo tuvo que esperar unos días para conocerle, sabiendo cómo iba a suceder todo y dónde debía estar para conocerle.

Pero ¿cómo puede ser conocerle el día 11 consecuencia de ver el día 19 que ya le había conocido? ¿Cómo pudo conocerle por haberle conocido en el futuro antes de haberle conocido? Esta situación la explica bastante bien la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Según esta teoría, las acciones que realizamos en un viaje al pasado no son cambios en la historia, sino que siempre formaron parte de nuestra historia y nos llevaron hasta el presente en el que decidimos viajar al pasado.

Y esto es así porque basándonos en el paradigma de que sólo hay una línea temporal fija, las cosas que hacemos al viajar al pasado pasan a formar parte de nuestro pasado. Y como es nuestro pasado, esos hechos siempre formaron parte de la historia de nuestra vida. No harás nada en tu viaje al pasado que tu yo futuro no haya hecho ya en ese pasado. No reescribes la historia, ya había sido escrita así… por ti mismo.

En este caso, al viajar al futuro unos días, Leroy sólo vio las consecuencias de lo que haría al volver al presente. Claro que lo que hará al volver al presente es gracias a haber visto las consecuencias en el futuro, pero es que esas consecuencias tienen lugar solamente porque Leroy volverá al presente para causarlas. Siempre había sido así. Por eso David estaba ahí, porque el Leroy que le ayudó ya había estado en el futuro y había vuelto para ayudarle, aunque le había conocido antes de ayudarle y en ese momento aún no sabía lo que debía hacer.

El viaje en el tiempo hace que la línea temporal deje de ser lineal para ser circular, lo que hace que parezca que los efectos precedan a las causas y sus papeles parezcan intercambiarse. Se crea un círculo perfecto en el que aunque veamos que ‘a’ lleva a ‘b’ y, a su vez, ‘b’ lleva a ‘a’ para llevar ésta otra vez a ‘b’, no se rompe la causalidad y la situación es posible.


La fuerza electromagnética

Zaragoza propone en su novela un viaje basado en la energía electromagnética. No explica, en el fondo, cómo funciona, pero da una explicación científica al salto al futuro de su protagonista.

David estaba plenamente convencido de que la teletransportación era un fenómeno de carácter electromagnético que te permitía cambiar de plano temporal. Sostenía la idea de que el tiempo era una continua sucesión de planos dentro del mismo espacio. Por lo tanto, lo único que se necesitaría para cambiar de plano sería un impulso electromagnético que fuera capaz de cambiar la frecuencia de la vibración de nuestros átomos. Si se lograba aumentar esa frecuencia, el cuerpo sería transportado al pasado. En cambio, si la frecuencia se disminuía, el viaje sería al futuro. Este era el objetivo de David. Él quería viajar solo al futuro. En este momento, no se sentía atraído en absoluto por el pasado.

Así leído, parece una explicación plausible; pero no existe ninguna teoría que realmente relacione la fuerza electromagnética con un salto temporal como el de David. Aún así, esta fuerza es, quizá, la más utilizada por el cine de ciencia ficción que intenta dar un tono científico al viaje en el tiempo. Actualmente, de las cuatro fuerzas elementales del Universo (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravedad) sólo la fuerza gravitatoria parece poder influir en el tejido del espacio-tiempo (tal y como veremos en un futuro post sobre la dilatación temporal gravitatoria).

Sea como sea, la novela aporta ese toque necesario de ciencia que requiere la ciencia ficción. E introduce el concepto de plano temporal. Habla de una sucesión de planos como si fueran cuentas de un collar que gracias al viaje en el tiempo no tenemos que recorrer una por una y por orden. Se lo intenta explicar de forma simplificada a su novia:

—Lo sé, pero, ¿cómo pudieron pasarte veintiocho años en menos de un segundo? —siguió preguntando Jennifer que estaba sumergida en un mar de contradicciones.

—Sencillamente, porque yo cambié de plano mediante una teletransportación cuántica y me salté todos los planos intermedios. Tú, en cambio, no te saltaste ninguno y los recorriste todos —contestó David.


Dueño de tu futuro

En el futuro y ya en contacto con el grupo de científicos crononautas de Leroy, uno de ellos explica una experiencia temporal muy interesante. Se trata del viaje de uno de los primeros viajeros del grupo, uno de los fundadores, que realizó su salto temporal en noviembre de 1999 y que decidió ‘saltar’ a Sydney en fin de año para vivir la llegada del año 2000. Un viaje que tuvo éxito y que repitió en Hong Kong, Atenas y Londres, viviendo la llegada del nuevo milenio una y otra vez. Sin embargo, después de esta experiencia dejó de viajar. Pero ¿por qué?

Y es que el viajero presenció un fenómeno que no acababa de comprender. El 31 de diciembre vio, desde su casa en Nueva York, en la televisión, la retransmisión de la llegada del año nuevo en Sydney y se vio a sí mismo en la grabación. Sí, él había estado allí en su viaje al futuro; pero la imagen era en directo, lo que quería decir que ahora estaba en dos sitios a la vez, algo que parecía contradecir la teoría de los planos sucesivos que manejaba. Otro miembro del grupo lo intenta explicar.

— Ralph sabía que le era imposible volver a vivir todos los futuros que había vivido en sus saltos. Era técnicamente imposible. No había ninguna combinación posible de aviones que le permitiera vivir el comienzo del año 2000 en Sydney, luego en Hong Kong, después en Atenas, posteriormente en Londres y finalmente en New York. Por eso decidió no ir. Su única opción era repetir la experiencia de Sydney y luego ir realizando pequeños saltos al futuro para estar en todas esas ciudades, pero también decidió no hacerlo y no fue. Cambió su decisión y, por lo tanto, de plano. Lo que realmente sucedió después es que Ralph se vio en una grabación de otro de sus planos. Esto demuestra que cuando viajamos al futuro lo hacemos únicamente a uno de nuestros futuros. Sólo viajamos a uno de los miles de millones que tenemos. Cuando regresamos a lo que denominamos nuestro presente, podemos decidir que nuestra vida transcurra hacia ese futuro que conocemos o cambiar nuestras decisiones para que el futuro sea distinto. No sabemos si será mejor o peor. Solo sabemos que será otro. Sabemos que será diferente —concluyó diciendo Howard.

Sólo estaba viendo la grabación de uno de sus futuros. Volviendo a la metáfora del collar de cuentas, el pasado está formado por las cuentas que hemos recorrido, no pueden ser otras. Pero en el futuro se extienden distintas ramificaciones del collar y nuestras decisiones marcan qué camino y qué cuentas pisaremos. El futuro no es fijo e inalterable. Todos nosotros tendremos sólo un futuro, sólo llegaremos a uno de los millones de posibles futuros que nos aguardan según las decisiones que tomemos. Pero Ralph, que había viajado al futuro, que conocía el futuro, uno de sus futuros, era libre de redirigir su destino tras regresar al presente.


Un futuro en el pasado

Leroy y su grupo aceptan como miembro a David y quieren que viaje al pasado de nuevo. Las reglas del grupo prohíben el viaje al pasado, ellos sólo viajan al futuro y regresan. Pero, técnicamente, David no estaría viajando al pasado, sino volviendo a su presente. Sin embargo, David no tiene ninguna intención de volver a 2001, sobre todo porque en el futuro ha conocido a una chica, Jennifer.

Pero ella será la clave, ya que cuando era un bebé en 2001, la operación de corazón que Jennifer necesitaba se retrasó unos días por culpa del atentado, y ahora tiene problemas por causa de ese retraso. Así, David deberá viajar para adelantar la operación unos días, para evitar que coincida con los atentados y se tenga que posponer. Así salvará a la Jennifer del futuro. Un futuro que ya es presente para David. Pero debe volver porque la clave de su futuro está en el pasado.

Pero ¿por qué no evitar, directamente, los atentados salvando, así, muchas más vidas? Pues porque un cambio tan grande tendría muchas consecuencias incontrolables debido al efecto mariposa, que nos dice que las consecuencias de un cambio en el pasado crecen exponencialmente. Si evitara el atentado, podría no llegar a conocer a Jennifer y a Leroy y él no quiere perder su vida en el futuro.

Ahí es donde vuelve a entrar esa teoría de los planos temporales sucesivos. ¿El cambio de algo en un plano temporal alteraría todos los siguientes? ¿Podría evitar los atentados y que todo siguiera igual? ¿Podría adelantar la operación de Jennifer sin que eso alterara los planos temporales sucesivos que les permitieron conocerse?

Uno de los miembros del grupo ofrece esta explicación:

– Nuestras vidas no son más que una cadena de sucesión de planos que han implicado una decisión anterior. […] Cuando tenemos que hacer un viaje convencional, lo primero que nos toca decidir es si lo haremos en tren o en autobús. Es evidente que si lo hacemos en tren pasaremos por lugares distintos y a determinadas horas distintas a si lo hubiéramos realizado en autobús. Cada una de las posibilidades nos habrá llevado por una sucesión de planos distinta. Sin embargo, eso no va a impedir que esas dos sucesiones de planos que eran distintas en esos momentos puedan volver a confluir otra vez en una sola cuando, por ejemplo, estemos durmiendo en la habitación del hotel que ya teníamos reservado con antelación. Cada plano es sólo dependiente del anterior. El estar durmiendo en la cama del hotel no depende de si has venido en tren o en autobús. Sólo depende de la decisión de acostarse.

Esa teoría nos dice que podemos hacer ciertos cambios intermedios en el pasado sin alterar la situación de la que partimos del presente. Podemos tomar una decisión, cambiar un plano concreto y cambiar un detalle del futuro; pero aún así la nueva sucesión de planos puede llegar a ser coincidente en casi todos sus aspectos con la que se produciría si no hubiéramos hecho el cambio (con el plano del que venimos). Sin duda, la complicación es hacer los cambios justos para no alterar el producto final, para no eliminar el plano futuro al que queremos llegar.


Regresar al pasado

David debe volver al pasado, pero no será un viaje al pasado como el que estamos acostumbrados a ver en las películas. La teoría de los planos temporales sucesivos nos dice que hay distintos caminos que seguir en el futuro, pero sólo hay un camino por el que regresar, el que ya se ha hecho. David deberá regresar a un plano que ya ha vivido, a un momento y lugar concreto. En su viaje al pasado, no habrá duplicidad. No se encontrará con su yo de pasado, sino que lo ‘sustituirá’, pasará a ser su yo del pasado, pero consciente de donde viene.

En el pasado, salvo adelantar la operación de Jennifer, deberá hacerlo todo lo más parecido a como lo hizo para cambiar la menor cantidad de planos temporales posible. De hecho, el propio David tiene la teoría de que, irremediablemente, hará todo tal y como lo hizo. “Si regreso a un plano anterior en el que yo ya he estado, estoy convencido de que volveré a hacer lo mismo que hice. Otra cosa muy distinta es cómo lo haré y cómo volveré a vivir y sentir ese momento en concreto”, explica.

Así, en su viaje, vemos ‘secuencias’ que ya habíamos visto al principio de la novela, hablando con su madre en casa y con su compañero de trabajo John en un bar y en la oficina. Y lo cierto es que esos momentos cobran relevancia en este segundo viaje. Lo que dice en estos pasajes, palabras vacías al principio, ahora tienen relevancia.

—Mamá, te quiero mucho. Recuérdame que mañana cuando me levante tengo que echar una carta al correo —le dijo.

—Espero que el destinatario o la destinataria sepa interpretar tus palabras y tus sentimientos conforme a tus deseos, hijo mío —contestó Evelyn muy emocionada por el extraordinario comportamiento de su hijo.

—Tienes razón, mamá. El futuro que más deseo depende absolutamente de ello. Ojalá que pueda lograrlo, mamá —dijo David retirándose a su habitación.

El sábado, 8 de septiembre, comenzó lluvioso pero rápidamente el sol comenzó a lucir en el cielo neoyorquino. David no se quedó recluido en su casa. Después de hablar casi media hora con su madre le dijo que salía a depositar la carta en el correo y a comprar algo que pudiera ser testimonial. Algo que pudiera representar un recuerdo muy significativo.

Evelyn no dejó pasar la ocasión para exteriorizar sus deseos.

—Quizás lo más acertado sea algo que logre recordar ese día tan especial. Algo que pueda perdurar a través de los años —dijo Evelyn entusiasmada—. ¿Verdad que sí, hijo mío? —añadió.

—Sí, mamá. Tiene que ser una cosa que recuerde y certifique la fecha, el origen y el porqué de todo —dijo David.

No entendemos bien de qué habla David cuando leemos este diálogo antes de su viaje (parece que sólo quiere contentar a su madre fingiendo que tiene novia); pero tiene pleno sentido si sabemos que esa carta es la que comunicará al doctor de Jennifer que debe adelantar la operación.

Algo parecido pasa el bar con John, cuando David no quiere hablar de una supuesta chica que ha conocido en sus vacaciones (y que nos parece, entonces, que se refiere a una azafata que le había gustado).

—¿Ni siquiera me lo vas a contar a mí? —volvió a preguntar John.

—Ni siquiera a ti.

—Dime, al menos, si tiene los ojos azules. A mí me encantan los ojos azules —confesó John.

—No son azules, John. Son unos profundos y preciosos ojos negros. No puedo decirte más —contestó David.

—Está bien, amigo mío. No hay que insistir cuando el corazón está de por medio. Solamente dime cómo fue.

—Solo puedo decirte que resultó maravilloso. Dudo que pudieras entenderme —volvió a contestar David, escudándose una vez más en la mayor de las ambigüedades.

“Dudo que pudieras entenderme”. Cuando dice eso, parece que sólo quiere dejar de hablar del tema. Pero cuando vuelve a tener lugar este diálogo, tiene más sentido. ¿Cómo iba a comprender que había viajado en el tiempo?

Pero el momento crucial de repetición tiene lugar más tarde, cuando vuelve a las Torres Gemelas. La noche anterior, estuvieron bebiendo en el bar y eso trajo una mañana de resaca.

—¿Cómo has pasado la noche? —le preguntó David.

—Fatal —contestó John—. Ayer me excedí —añadió frotándose los ojos.

—Muchas veces una noche no es solo una noche —dijo David.

—No tengo la cabeza para pensar mucho. ¿De verdad crees que eso que has dicho lo justifica todo? —preguntó John.

—En buena parte creo que sí —dijo David mirando a la bahía desde su mesa de trabajo.

—Voy a buscar un café. A ver si logro despertarme. He estado a punto de no venir —dijo John.

—En cambio yo estaba seguro de que sí que vendrías —contestó David mirando a John.

De nuevo, parece un comentario sin importancia cuando lo leemos al principio de la novela, pero aquí tiene todo el sentido del mundo. ¡Claro que sabía que iría a trabajar! Él ya había vivido ese momento.

Ahora bien. ¿Qué significan estos momentos repetidos que cobran significado con el tiempo? Él sólo está haciendo lo que ya hizo, está reescribiendo su pasado tal y como lo escribió en su momento. Pero la cuestión es que si lo hace en su plano del pasado, lo que está haciendo ahora durante su viaje se está convirtiendo en su pasado. Esas frases sin sentido tuvieron lugar en su pasado porque él las diría (con sentido) al reescribirlo en su futuro viaje. Las dijo en el pasado para poder decirlas cuando volviera del futuro. Él quizá no sabía por qué las decía (simples comentarios), pero lo que haría en el futuro (en su propio pasado), su regreso a este plano temporal, le estaba condicionando.


De vuelta a las Torres Gemelas

Así, David viaja al pasado y consigue su objetivo, cambia en un detalle mínimo, pero crucial, el futuro de Jennifer, salvándola en el futuro, pero sin variar su sucesión de planos temporales para poder reencontrarse con ella. Pero él debe hacer lo mismo, así que tiene que volver a las Torres Gemelas y viajar (volver) al futuro tras el impacto del avión.

Y ahí tiene lugar otro curioso hecho temporal. En su primer y accidentado viaje, David estaba en la Torre Norte con su compañero John, que se lanzó, desesperado, por una ventana. Así que esta vez, cuando David vuelve al rascacielos el día 11 con la intención de volver al futuro, decide llevarse a John con él.

Algo sale mal y John viaja en el tiempo, al igual que David; pero no a la misma fecha. El campo de energía no les afecta por igual (por la diferencia de sus masas corporales y la distancia de la fuente de energía) y viajan a distinto año. David no viaja a 2030, de cuando partió y que era su objetivo, sino a 2042. Y allí le esperan sus conocidos del futuro, 12 años más viejos. Allí le estaban esperando, sabían que llegaría. Pero ¿cómo lo sabían, si viajar tan al futuro había sido un error?


Salir más tarde, llegar antes

Aquí llega el punto más interesante. Y es que John había viajado al año 2008. El lugar había sido el mismo, el sótano de Leroy; pero en 2008 era el laboratorio de Howard Moore, otro de los miembros del grupo de crononautas. John había llegado herido y murió pocos días después; pero antes le contó a Moore lo que había vivido junto a David. Moore se lo cayó, tampoco lo entendía muy bien; pero empezó a atar cabos cuando David apareció en 2029 (en su primer viaje).

Y es que aunque John hizo el viaje cuando David hacía su segundo viaje desde 2001, la llegada de John fue anterior a la primera llegada de David, ya que John viajó a una fecha anterior que David en su primer viaje (pese a haber partido del presente después). John salió después, pero llegó antes, y cuando Moore conoció a David ya sabía quién era gracias a John. No le cuadraba que David decía que había viajado solo, pero lo que no sabía era que el viaje de John había sido en el segundo viaje de David, un viaje que aún no había realizado. De nuevo, se veían las consecuencias antes de las causas.

Más tarde, llegó el plan del segundo viaje de David y Moore lo entendió todo. Y al ver que no volvía al 2030, de cuando partió, Moore empezó a elucubrar, pero sin contar nada a sus compañeros. Gracias a la información de John, Moore pudo calcular cuándo llegaría David y por eso le estaban esperando. Y allí se encuentra con Jennifer… y con su hija de 12 años. Y es que Jennifer estaba embarazada cuando David se fue a salvarla en el pasado. Y la niña pudo nacer porque él logró, viajando al pasado, que Jennifer no sufriera del corazón en el futuro. Efectivamente, la clave de su futuro estaba en el pasado.

Patrulla del tiempo (Poul Anderson, 1955)

26 octubre 2015 3 comentarios
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‘La patrulla del tiempo’ (Ediciones B, 2000) incluye los nueve relatos de la serie, que se inicia con ‘Patrulla del tiempo’

La posibilidad de viajar en el tiempo abre la puerta a muchos peligros para el devenir de la historia, ya que ésta puede ser cambiada al realizar viajes al pasado. Por eso, no es descabellado pensar que si se llegara a dominar el viaje en el tiempo, los gobernantes harían algo para controlar esos cambios. Lo hemos visto en películas como ‘Timecop’ o series como ‘El Ministerio del Tiempo’. Y mucho antes se pudo ver en una serie de relatos y novelas cortas de Poul Anderson que se inició con ‘Patrulla del Tiempo’ (Time Patrol, 1955), en el que Manse Everard se enrola en una agencia del futuro que controla que nadie realice cambios en la historia.

Everard vive en 1954, momento en el que aún no se dominan los viajes en el tiempo. Pero eso no quiere decir que no pueda pertenecer a la Patrulla. De hecho, se presenta para un misterioso trabajo que resulta ser el de patrullero del tiempo, un equipo formado miles de años en el futuro y que recluta gente de distintas épocas. Tras varias pruebas y controles, le explican en qué consiste el trabajo y todo lo que hay detrás del viaje en el tiempo (cuándo se descubrió, quién ha organizado la Patrulla…) y le llevan a una estación de la Patrulla en el Oligoceno para su instrucción.

Esa base en el pasado ya lleva a una reflexión. ¿Si se construyó una base en el pasado, porqué no se han encontrado los restos? ¿Por qué construirla hace tantos años? ¿Aún perdura en algún lugar? Anderson explica el círculo perfecto que hace que todo funcione sin interferencias:

La Academia se encontraba en el Oeste americano. También estaba en el periodo Oligoceno, una época cálida de bosques y prados en la que los andrajosos antecesores del hombre huían de la amenaza de mamíferos gigantes. Se había construido hacía mil años; se mantendría otro medio millón —tiempo más que suficiente para graduar a todos los operativos que la Patrulla del Tiempo pudiese necesitar— y luego se demolería cuidadosamente para que no quedase ningún rastro de ella. Más tarde llegarían los glaciares, y habría hombres, y en el año 19352 d.C. […], esos hombres descubrirían la forma de viajar en el tiempo y volverían al Oligoceno para fundar la Academia.

Hombre sin origen

Es durante la instrucción que el propio Everard y algunos reclutas plantean cuestiones muy interesantes sobre el viaje en el tiempo y las consecuencias del cambio del pasado. Una de las reclutas no comprende que se pueda cambiar el pasado afectando al presente, pero sin afectarte a ti mismo al hacer el cambio.

—Creo que está describiendo una situación lógicamente imposible. Le concedo la posibilidad del viaje en el tiempo, ya que estamos aquí, pero un suceso no puede simultáneamente haber sucedido y no haber sucedido. Eso es una contradicción.

—Lo que sucede es algo así: supongamos que retrocedo en el tiempo e impido que su padre conozca a su madre. Usted no habría nacido. Esa porción de la historia universal sería diferente; siempre habría sido diferente, aunque yo conservara recuerdos de la situación «original».

—Bien, ¿y si hace lo mismo con usted? —preguntó Elizabeth—. ¿Dejaría usted de existir?

—No, porque yo pertenecería a una sección de la historia anterior a mi propia intervención. Apliquémoslo a usted. Si fuese usted a, supongamos, 1946 y actuase para evitar el matrimonio de sus padres en 1947, usted todavía existiría en ese año; no dejaría de existir sólo por haber influido en los acontecimientos. Lo mismo se aplicaría aunque sólo hubiese estado en 1946 un microsegundo antes de disparar al hombre que en caso contrario se hubiese convertido en su padre.

—Pero entonces yo existiría… ¡sin origen! —protestó ella—. Tendría vida, recuerdos y… todo… aunque nada los habría producido.

Kelm se encogió de hombros.

—¿Y qué importancia tiene? Usted insiste en que la ley de causalidad o, hablando estrictamente, la ley de conservación de la energía, sólo trata de funciones continuas. En realidad, las discontinuidades son más que posibles.

Esta explicación rompe lo que hemos visto en algunas películas como ‘Regreso al Futuro’. Puedes evitar que tus padres te engendren, y no nacerás. Pero tú, adulto que ha viajado en el tiempo, seguirás vivo. No desaparecerás a consecuencia de tus actos, ya que pertenecerás “a una sección de la historia anterior” a tu intervención, en la que sí habías nacido.

Al igual que puede haber dos ‘tú’ cuando te visitas en el pasado, puedes estar sin haber nacido (si no haber nacido se ha provocado después de que nacieras). Eso sí, en la nueva realidad temporal que has creado (y de la que no puedes escapar) nunca nacerás, no tendrás origen, serás un vagabundo en el tiempo.

Aunque el relato parece basarse en una línea temporal única y mutable, una forma de entender este razonamiento es bajo la teoría de las líneas temporales alternativas. Viajas al pasado y evitas tu nacimiento. Has creado una nueva línea temporal en la que no nacerás; pero tú, viajero en el tiempo, no desapareces, porque en la línea temporal original de la que viniste sí naciste, nadie lo impidió. Eso sí, no puedes regresar a esa línea temporal. Si viajas de nuevo al año del que viniste, será el futuro de la nueva línea temporal en la que nunca nacerás. El cambio no te afecta, pero vivirás en una línea temporal en la que serás un hombre sin origen.


La evolución, ¿en peligro?

Un cambio directo como matar a un padre antes de engendrar a sus hijos cambia su descendencia inmediata. Eso está claro. Pero ¿puede cambiar toda la humanidad futura? El protagonista reflexiona sobre esos cambios a largo plazo durante una cacería en el Oligoceno y la conclusión a la que llega su compañero es que no, que un sólo individuo no importa, que matar en el Oligoceno a un bicho no pone en peligro la humanidad ya que “un insectívoro por separado no importa, son todos los recursos genéticos de la especie lo que llevó al hombre“.

No se trata de una aportación de genes directa (de padre a hijo), que sí haría que fueses otra persona. Sino de esos “recursos genéticos” que nos definen como especie. Tras tantos siglos, todos somos descendientes de todos los individuos y no cambia la historia acabar con uno de ellos (otra cosa sería acabar con la especie). Sin duda, es un planteamiento mucho menos apocalíptico (no sé si más realista biológicamente, ¿hay algún genetista en la sala?) que el de ‘El sonido de un trueno‘, de Ray Bradbury, que nos condenaba a todos por un ratón muerto (ver artículo).

Estas portadas de 'Patrulla del Tiempo' y de las antologías de la serie muestran diversas interpretaciones del vehículo en el que se mueven y viajan en el tiempo los patrulleros

Estas portadas de ‘Patrulla del Tiempo’ y de las antologías de la serie muestran diversas interpretaciones del vehículo con el que se mueven y viajan en el tiempo los patrulleros

El pasado es obstinado

Aunque no vayamos a desaparecer como especie si matamos un bichito en el pasado, la Patrulla se encarga de que la historia no cambie sustancialmente. Y aunque el pasado se puede cambiar, se trata de un trabajo complicado. Explican que “es como si el continuo fuese una red de fuertes bandas de goma. No es fácil de deformar; tiende siempre a volver a su forma «anterior»”.

El continuo del tiempo se resiste a ser deformado por un pequeño cambio en el pasado. Uno tan directo como que tu padre no te engendre no deja margen al continuo a volver a su forma anterior; pero otros cambios pueden ser compensados por el propio tejido del tiempo, que tiene tantas ramificaciones entrelazadas que un sólo cambio no logra desenmarañarlas todas y darles otra configuración, cambiando completamente el futuro.

Esta resistencia del pasado la podemos ver, por ejemplo, en la novela de Stephen King ’22-11-63′ (de la que hablaremos también en este blog), en la que se incide en la idea de que “el pasado es obstinado” y se resiste a ser cambiado y lo duro que hay que trabajar para cambiarlo. Sin duda, es posible cambiarlo, pero no con un pequeño detalle que incluso podríamos cambiar sin querer. Desentrelazar el tejido del tiempo a largo plazo requiere cambios muy concretos y sin cabos sueltos. Y esos cambios son los que vigila la Patrulla del Tiempo.


La Patrulla del Tiempo

Así que la Patrulla es necesaria. Si se trabaja duro se puede modificar el continuo espacio-tiempo, y la especie dominante de la Tierra en el futuro (que son los que crean la Patrulla) no quiere que nadie cambie su presente y ponga en peligro su existencia.

Son conscientes de que es posible que su propia existencia haya sido provocada por un cambio en el continuo, pero quieren evitar que otro cambio les borre de la existencia. Por eso crearon la Patrulla del Tiempo, que busca indicios en la historia que puedan indicar que en cierto momento hubo una intervención extratemporal, alguna incongruencia, algún punto misterioso y demasiado coincidente que pueda haber sido consecuencia de la intervención de un viajero del tiempo. Se viaja hasta ese punto, se investiga, se sigue la pista al eventual viajero y se elimina ese cambio.


Hacer la misión para que siga hecha

La misión lleva a Everard, el protagonista, y a su compañero Whitcomb a la Inglaterra de la Edad Media. Una muerte misteriosa de un arqueólogo de finales del XIX al abrir una tumba medieval lleva a Everard a pensar que esa tumba guarda un secreto. En el siglo XIX descubrirán que el arqueólogo murió por un material radiactivo que había en la tumba. Al analizarlo, ven que es del siglo XXX y más tarde descrubren que la tumba era de un viajero en el tiempo que vivió en el siglo V, un hombre del siglo XXX que robó la máquina del tiempo a un patrullero.

Tras esas conclusiones, revisan los archivos históricos y ven que la máquina perdida se recuperó en el siglo V por dos patrulleros, los propios protagonistas.

– Fue finalmente recuperada en la Inglaterra del siglo V por dos patrulleros llamados, ¡ah!, Everard y Whitcomb.

—Si ya hemos tenido éxito, ¿por qué molestarnos? —El americano sonrió.

Mainwethering parecía asombrado.

—¡Pero querido amigo! Todavía no han tenido éxito. El trabajo está por hacer, en términos de su sentido de la duración y del mío. Y por favor, no den el éxito por supuesto sólo por los archivos históricos. El tiempo no es rígido; el hombre tiene libre albedrío. Si fracasan, la historia cambiará y nadie habrá registrado su éxito; no les habré hablado de él; yo no les habré informado. Eso sin duda es lo que pasó, si puedo usar el término «pasó», en los pocos casos en que la Patrulla ha registrado un fracaso. Esos casos todavía están siendo investigados, y si al final se consigue el éxito, la historia cambiará y siempre habrá habido éxito. Tempus non nascitur, fit, si puedo concederme un pequeño chiste.

Lo que van a hacer, como lo harán en el pasado, ya se hizo y ha quedado registrado. Pero, sin duda, tienen que hacerlo para que fuera hecho y quedara registrado. Si no lo hicieran o, por lo que fuera, fracasaran (el limitado libre albedrío dentro de los bucles temporales) harían cambiar la historia y siempre habría sido así.

Teóricamente, no pueden fallar. Ya se registró, se deciden a ir y lo hacen tal cual lo hicieron, es un circulo temporal perfecto avalado por la llamada paradoja de la predestinación (o predeterminación), por la que todo se repite pero todo se cierra como un círculo que requiere que todo se repita para que todo siga igual. ‘a’ lleva a ‘b’, pero ‘b’ lleva a ‘a’ para que ‘a’ luego lleve a ‘b’. Lo que haces en tu viaje al pasado ya formaba parte de tu pasadoFue hecho porque lo harás viajando al pasado, y lo harás en el pasado porque tuvo que ser hecho para que pudieras viajar y hacerlo. Un lío, sí, pero un círculo sin fin y sin fisuras.

Esta paradoja no deja espacio para el libre albedrío (existe, pero el que aplicas ahora en tu viaje es el que ya aplicaste en su momento, tu viaje ya sucedió en tu propio pasado); pero aquí, quien les supervisa la misión, explica que ha habido casos en los que el libre albedrío sí ha afectado al bucle.


Evitar los cambios

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Esta portada francesa de ‘La Patrulla del Tiempo’ no sólo muestra una versión del vehículo más propia de la ciencia ficción moderna, sino a personajes de diversas épocas como ejemplo de los distintos viajes de Everard

Al parecer, el hombre el siglo XXX que robó la máquina fue al siglo V y llegó a ser consejero del Rey. Le llamaron ‘hechicero’ ya que tenía una barra con la que lanzaba rayos que podían dividir rocas (un arma del siglo XXX inexplicable en el siglo V). Alguien le mató y se le enterró con sus pertenencias, entre las que se encontraba ese material radiactivo que mató al arqueólogo.

Al enterarse de eso y ver la tumba en el siglo V, deciden viajar tres años más atrás, hasta el momento en el que aún estaba vivo. Al llegar allí, logran audiencia con él y descubren qué hace allí. Ese hombre viajó al pasado para cambiar la historia… pero para bien, para construir un futuro mejor. Pero, aunque se trata de una misión elogiable, la Patrulla lo tiene que impedir y lo intentan arrestar. Sin embargo, durante el forcejeo, acaban matándolo.

De hecho, no había casi margen para que no muriera, ese hombre ya había muerto en el pasado de los protagonistas (la tumba estaba ahí antes, que en realidad es después), lo único es que no sabían que habían sido ellos (que serían ellos) lo que provocaron la muerte.

Y, en realidad, los cambios hechos en el pasado por ese hombre no habían llegado a tener verdaderos efectos; pero la Patrulla tenía que volver a viajar al pasado y matarlo para cerrar ese círculo y que no llegara más lejos. De hecho, no se había llegado a modificar el continuo, pero había sido así porque habían viajado al pasado y lo habían matado antes de que lo lograra. Así que lo que han hecho es viajar al pasado para provocar ese mismo hecho de su pasado, a cerrar el círculo.

Tras matarlo, los patrulleros se llevan todas las pertenencias del siglo XXX de ese hombre salvo el material radioactivo con el que lo enterrarán, ya que se tiene que quedar ahí para que el arqueólogo lo encuentre y muera, y ellos puedan dar con él y viajar al pasado para evitar los planes de ese hombre y matarlo. Volvemos a ese círculo de la paradoja de la predestinación que se tiene que dar una y otra vez.

Y, a su vez, observamos también el principio de autoconsistencia de Novikov, que nos dice que no podemos hacer algo en un viaje al pasado que impida que, más tarde, hagamos ese viaje al pasado. Si se hubieran llevado el material radiactivo, no hubieran podido localizarlo y no hubieran viajado para matarlo y llevarse el material radiactivo. No sería una situación consistente, no sería posible.


Fugitivo en el tiempo

Tras cumplir la misión, deben volver a la época victoriana para informar a su supervisor; pero Whitcomb, el compañero del protagonsita, no aparece. Everard intuye donde está. Y es que la novia de Whitcomb murió por una bomba en la II Guerra Mundial poco antes de que le reclutaran. Whitcomb sabe que no debe cambiar el pasado, pero no puede evitarlo.

Everard irá en su busca para evitar que cambie el pasado, ya que podría ser malo para el continuo y, además, le castigarían por ello. Y, de hecho, ni siquiera serviría para nada, por que enviarían a otros patrulleros para evitar que él hiciera el cambio. Sin embargo, una vez allí, él tampoco puede evitar salvar a una familia que moriría junto a la novia de Whitcomb y ponerse de su parte. Pero, ¿qué consecuencias podría tener haberlos salvado?

Al llamar a la puerta se preguntó qué representaría haber salvado a la familia Enderby. Esos niños crecerían, tendrían hijos propios; sin duda ingleses insignificantes de clase media, pero en algún lugar de los siglos por venir un hombre importante nacería, o no. Claro está, el tiempo no era muy flexible. Excepto en contados casos, los antepasados exactos no importaban, sólo la reserva genética y la sociedad humana. Aun así, ése podría ser uno de esos raros casos.

Tras salvar a esa familia, Everard va a ver a la novia de Whitcomb y al poco llega también él. ¿Qué deben hacer? A medio debate, otros dos patrulleros se presentan allí para evitar que la salven. En el futuro, sabían lo que habían hecho Everard y Whitcomb y habían mandado a dos patrulleros para evitarlo. ¿Significa eso que habían llegado a tener éxito?

Everard intenta convencer a los patrulleros de que les permitan cambiar el pasado, una excepción, y finalmente pide una audiencia con los Danelianos, los creadores de la Patrulla del Tiempo en el futuro, para pedirles que se lo permitan. Nada más pedirla, un Daneliano aparece en el cuarto.

Su apelación ha sido considerada —dijo la voz sin sonido—. Se conocía y se sopesó mucho antes de su nacimiento. Pero usted seguía siendo un eslabón necesario en la cadena del tiempo. Si hubiese fallado esta noche, no hubiese habido misericordia.

A nosotros nos constaba que Charles y Mary Whitcomb vivieron en la Inglaterra victoriana. También nos constaba que Mary Nelson murió con la familia que visitaba en 1944, y que Charles Whitcomb había vivido soltero y finalmente había muerto estando de servicio con la Patrulla. La discrepancia había sido percibida, y en cuanto incluso la más pequeña paradoja es una debilidad peligrosa en la estructura del espacio-tiempo, debía ser rectificada eliminando de la existencia uno u otro hecho. Usted ha decidido cuál será.

Everard ha pedido la apelación y en el futuro ha tenido lugar y se ha tomado una decisión. Él aún no lo ha visto, pero desde el futuro ya vienen para darle veredicto. Al ver que salvar a Mary no era crucial para la existencia y que Everard había hecho bien su misión en el siglo V (y que tendrá misiones importantes en el futuro, ellos ya lo saben) le permiten hacer el cambio y no le castigan severamente.

Pero, ¿cómo podía haber constancia, datos, de la muerte de la novia de Whitcomb y también de su salvación? Ella había muerto, pero tras el cambio de Everard se había salvado. Sin embargo, a ojos de la historia, pese a haberse hecho un cambio, tenía que constar su muerte. Los datos de su muerte por la bomba (reales inicialmente) habían sido falsificados para que todo siguiera igual que antes del cambio, para poder hacer esta excepción y que pudiera salvarse por la intervención de Everard. Se la daba por muerta tal y como tenía que suceder. Y a Whitcomb se le daba por desaparecido en combate. Mary desaparecía de la existencia dándola por muerta a causa de una bomba y todo seguía su curso. Así, ambos podían ser enviados cien años atrás y que vivieran tranquilos en otra época.

Supo que la historia ahora decía: «W.A.A.F Mary Nelson desaparecida, presumiblemente fallecida a causa de una bomba caída cerca de casa de los Enderby, que se encontraban en casa de ella cuando la suya propia fue destruida; Charles Whitcomb desapareció en 1947, presumiblemente ahogado por accidente.» Supo que a Mary se le había dicho la verdad, se la había condicionado para que no la revelase, y se la había enviado junto con Charlie a 1850. Y que vivirían su vida de clase media, sin sentirse del todo cómodos, durante el reinado de Victoria, que Charlie a menudo fantasearía sobre cómo le hubiese ido en la Patrulla… y luego miraría a su mujer y a sus hijos y decidiría que, después de todo, no había sido un sacrificio tan grande.

No se habla de las consecuencias que puede tener que Whitcomb y su novia vivan en el pasado ni de que tengan hijos. Seguramente serán una parte insignificante de la historia, como la familia que Everard salva. La cuestión es que se le permite cambiar el pasado ya que, sin duda, ya lo ha hecho. Se elimina una de las dos realidades y se sigue adelante. Una excepción que se le hace a Everard por su buen servicio, además de no castigarle severamente, lo que sirve para que Poul Anderson escriba más aventuras de este patrullero del tiempo que ya analizaremos más adelante en este blog.

El sonido de un trueno (Ray Bradbury, 1952)

12 octubre 2015 1 comentario

Si una máquina del tiempo llegara a inventarse, no hay duda de que se buscaría sacarle un beneficio económico al invento. Si sólo unos pocos tienen la máquina y la explotan comercialmente, ¿quién no pagaría por pasar unas vacaciones en otra época? En ‘El Sonido de un Trueno’ (1952), de Ray Bradbury, vemos esta versión lúdica del viaje en el tiempo en forma de safari temporal.

Ese es sólo el planteamiento, ya que el relato de Bradbury trata realmente sobre lo que Edward Lorenz vino a llamar dependencia sensible en condiciones iniciales, teoría más conocida como efecto mariposa. Se trata de una reacción en cadena por la que un hecho en un momento dado (en el caso que nos ocupa, un cambio en el pasado), por pequeño que sea, puede suponer otros hechos mayores con el paso del tiempo, una multiplicación exponencial de las consecuencias. Curiosamente, este relato se publicó años antes de que Lorenz promulgara sus teorías. La ciencia ficción adelantándose a la teoría científica.

El relato está ambientado en el año 2055, año en el que ya se dominan los viajes temporales y una empresa organiza safaris al pasado. Cualquiera puede viajar a épocas remotas y cazar animales ya extintos pagando el precio adecuado. Y eso es lo que hace el protagonista, Eckels, que quiere evadirse de su vida, viajar al cretácico y cazar un Tyrannosaurus Rex.

El efecto mariposa

Es este propio viaje y el acto de matar un animal del pasado lo que plantea el problema del efecto mariposa. ¿Qué consecuencias puede tener para la evolución de la vida en la Tierra la muerte de un dinosaurio o la modificación del ecosistema prehistórico? La muerte de un animal o la destrucción de una planta en el pasado puede suponer un cambio en la evolución de la vida en la Tierra. La empresa lo tiene muy claro y se lo explica así a Eckels:

—No queremos cambiar el futuro. […] Una Máquina del Tiempo es un asunto delicado. Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un coleóptero, aun una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución de las especies. […] Digamos que accidentalmente matamos aquí un ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo […] ¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de posibles ratones!

—Bueno, ¿y eso qué? —inquirió Eckels.

—¿Eso qué? —gruñó suavemente Travis—. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus raíces. […] Tenga cuidado. No se salga del sendero. ¡Nunca pise afuera!

Esta apocalíptica explicación muestra a Eckels el efecto mariposa en su vertiente más biológica. El cambio que se realiza en el pasado es muy pequeño (matar a un insecto, pisar una planta…), pero los millones de años de por medio lo multiplica hasta tener consecuencias catastróficas. Ese insecto podría polinizar una flor, que se iba a comer otro bicho que debía ser alimento de otro animal. Cuanto más tiempo pasa, las consecuencias se van multiplicando más y más de forma exponencial.

La teoría de Lorenz estaba enfocada al tiempo atmosférico, ya que Lorenz era meteorólogo. Pero esta idea se incluyó en la teoría del caos y se popularizó gracias a la obra de James Gleick ‘Caos: la creación de una ciencia’, viendo que la idea de Edward Lorenz era válida en cualquier sistema caótico que dependa de las condiciones iniciales y en el cual puedan aparecer innumerables variables. Y ¿qué sistema se parece más a eso que el de la evolución biológica a lo largo de millones de años?

Matar a un dinosaurio

Pero, si la empresa tiene tan claro los efectos de cambiar el pasado, ¿por qué llevan a gente a matar un dinosaurio, con las consecuencias que puede tener? Pues porque se aseguran de que esa muerte no cambie la historia y sólo matan dinosaurios que iban a morir aplastados por un árbol o ahogados en un pozo de alquitrán. Viajan al pasado, observan a un dinosaurio morir de accidente y fijan el safari para un minuto antes.

Así que, mientras los cazadores no se salgan del sendero (flotante) y no toquen nada más que al dinosaurio al darle muerte con sus armas, no pasará nada. Sin embargo, Eckels se asusta mucho al ver al dinosaurio y sale corriendo. De seguida vuelve al sendero de la máquina del tiempo y entra en ella. Los que dirigen el safari se asustan, pero no parece que Eckels haya hecho nada y, de todos modos, ya ha pasado, no hay nada que hacer. Se enfadan con él, pero esperan que un poco de hierba pisada no suponga nada. Sin embargo, al regresar al presente, Eckels se da cuenta de que, sin querer, pisó una mariposa, que murió y quedó pegada en su zapato.

¿Qué consecuencias evolutivas puede tener la muerte de una mariposa? Ni ellos mismos lo saben. De hecho, dejan claro que el efecto mariposa es sólo una teoría que, por suerte, no han llegado a comprobar. El relato no indaga en los cambios a gran escala de esta muerte, lo deja para la imaginación del lector (que siempre es más escalofriante que la del escritor).

Las consecuencias

Al llegar al presente, sólo observan unos cambios mínimos (aunque de importancia para los personajes). Al principio del relato, los personajes habían hablado sobre las elecciones del día anterior. Todos coincidían en que había ganado el candidato correcto, ya que el otro hubiera supuesto poco menos que una dictadura. Así, tras el viaje, además de ciertos cambios en el idioma que aprecian al leer unos carteles en las oficinas de la empresa, se enteran de que quien ganó las elecciones fue, finalmente, el otro candidato, el temible ‘dictador’.

Es un cambio social, no biológico, algo más difícil de explicar por la muerte de un insecto; pero eso es sólo lo que llegan a averiguar dentro de las oficinas nada más llegar. No vemos los cambios que se han podido producir fuera, que pueden ser desde nada hasta algo inimaginable. Bradbury lo deja para nuestra imaginación, ya que el relato termina cuando el jefe del safari, tras enterarse de los cambios y sabiendo que todo ha sido por culpa de Eckels, mata a su cliente por lo que ha hecho. Un disparo. El sonido de un trueno.

Estas posibles consecuencias evolutivas y las llamadas olas temporales provocadas por el efecto mariposa se muestran en la no especialmente lograda versión cinematográfica de Peter Hyams, que veremos en otro post más adelante.

Como hemos dicho, el relato se publicó una década antes de que Lorenz escribiera sobre su teoría, pero el nombre de efecto mariposa no viene dado por este relato, por muy profético que pueda parecer. Este nombre llegó años después de formular la teoría, cuando Lorenz tuvo que dar una conferencia y no tenía un buen título para ella. Un compañero le dio este título (basándose en proverbios antiguos): “Does the flap of a butterfly’s wings in Brazil set off a tornado in Texas?”. Todos podemos ser consecuencia de ese aleteo, pero será mejor no introducir ninguno más.

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