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Un futuro en el pasado (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006)

Un futuro en el pasado

El autor ofrece la descarga gratuita de esta novela en ePUB y Kindle en su web

Con la posibilidad de viajar en el tiempo, se suele fantasear con visitar grandes eventos de la historia o vivir de primera mano grandes tragedias como el hundimiento de Titanic o la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya y volver al presente antes de que esos eventos acaben con nosotros. Pero lo que no solemos plantearnos es que los viajeros del tiempo sean gente que vivió esas tragedias en su tiempo y que salvaron la vida viajando al futuro. Ese es el punto de arranque de ‘Un futuro en el pasado‘ (Francisco Zaragoza Esbrí, 2006).

En esta novela, David es un físico que trabaja en una empresa que tiene sus oficinas en las Torres Gemelas de Nueva York. De espaldas a la empresa, trabaja en un método para viajar en el tiempo. Pero unas semanas antes de probarlo consigo mismo, el día 11 de septiembre de 2001, dos aviones chocan contra sendas torres poniendo su vida en peligro. Sin otra salida, probará su invento… y funcionará. Huirá de la tragedia al año 2029.

Es un arranque espectacular y muy atractivo. Y el viaje, como el de muchas películas, es sólo en el tiempo, no en el espacio. Aparece en el año 2029 en el mismo lugar en el que estaba. Obviamente, las Torres Gemelas ya no están; pero en ese año otro edificio ya se ha alzado en la Zona Cero. Afortunadamente, el nuevo edificio también es un rascacielos (si no, hubiera aparecido en el aire y hubiera caído) y ningún tabique nuevo ni ninguna persona o mueble ni un suelo entre planta y planta están en el lugar donde él estaba.


Te conocí porque ya te había conocido

En el futuro, David pasará varias aventuras y problemas y de ellos le sacará Leroy, un chico que está en el lugar adecuado en el momento adecuado y que le invitará a quedarse con él en su casa tras conocer su increíble historia. Pero lo verdaderamente interesante desde el punto de vista del viaje en el tiempo es por qué coincidieron David y Leroy, algo que se revela bien avanzada la novela.

Y es que Leroy, ciudadano de 2029, pertenece a un grupo de científicos que también ha logrado idear un método para viajar en el tiempo. Y en uno de esos viajes cortos de prueba al futuro (realizado unos días antes de conocer a David), Leroy está en su casa y se encuentra allí a David, sentado tranquilamente y sabiendo quién es Leroy.

Leroy no le conoce, no sabe qué hace ahí, pero es consciente de que acaba de viajar unos días al futuro y no sabe qué ha pasado en ese periodo, así que sutilmente logra que David le vuelva a contar su historia (aunque para Leroy será la primera vez que la oye). Gracias a eso, Leroy podrá estar en el sitio adecuado para conocer a David y llevarle a su casa.


Predeterminación

Veamos lo que ha pasado. David aparece el día 11 de septiembre de 2029. Allí se encuentra a Leroy, que le acoge en su casa. Pero es que Leroy sabía que estaría allí porque ya había conocido a David en su viaje al futuro y se lo había explicado. Y es que Leroy, el día 5, viajó unos días al futuro (al día 19) y ya se encontró a David en casa. Y gracias a tenerlo allí y escuchar ‘otra vez’ su historia, al volver al día 5 sólo tuvo que esperar unos días para conocerle, sabiendo cómo iba a suceder todo y dónde debía estar para conocerle.

Pero ¿cómo puede ser conocerle el día 11 consecuencia de ver el día 19 que ya le había conocido? ¿Cómo pudo conocerle por haberle conocido en el futuro antes de haberle conocido? Esta situación la explica bastante bien la llamada paradoja de la predeterminación (o predestinación). Según esta teoría, las acciones que realizamos en un viaje al pasado no son cambios en la historia, sino que siempre formaron parte de nuestra historia y nos llevaron hasta el presente en el que decidimos viajar al pasado.

Y esto es así porque basándonos en el paradigma de que sólo hay una línea temporal fija, las cosas que hacemos al viajar al pasado pasan a formar parte de nuestro pasado. Y como es nuestro pasado, esos hechos siempre formaron parte de la historia de nuestra vida. No harás nada en tu viaje al pasado que tu yo futuro no haya hecho ya en ese pasado. No reescribes la historia, ya había sido escrita así… por ti mismo.

En este caso, al viajar al futuro unos días, Leroy sólo vio las consecuencias de lo que haría al volver al presente. Claro que lo que hará al volver al presente es gracias a haber visto las consecuencias en el futuro, pero es que esas consecuencias tienen lugar solamente porque Leroy volverá al presente para causarlas. Siempre había sido así. Por eso David estaba ahí, porque el Leroy que le ayudó ya había estado en el futuro y había vuelto para ayudarle, aunque le había conocido antes de ayudarle y en ese momento aún no sabía lo que debía hacer.

El viaje en el tiempo hace que la línea temporal deje de ser lineal para ser circular, lo que hace que parezca que los efectos precedan a las causas y sus papeles parezcan intercambiarse. Se crea un círculo perfecto en el que aunque veamos que ‘a’ lleva a ‘b’ y, a su vez, ‘b’ lleva a ‘a’ para llevar ésta otra vez a ‘b’, no se rompe la causalidad y la situación es posible.


La fuerza electromagnética

Zaragoza propone en su novela un viaje basado en la energía electromagnética. No explica, en el fondo, cómo funciona, pero da una explicación científica al salto al futuro de su protagonista.

David estaba plenamente convencido de que la teletransportación era un fenómeno de carácter electromagnético que te permitía cambiar de plano temporal. Sostenía la idea de que el tiempo era una continua sucesión de planos dentro del mismo espacio. Por lo tanto, lo único que se necesitaría para cambiar de plano sería un impulso electromagnético que fuera capaz de cambiar la frecuencia de la vibración de nuestros átomos. Si se lograba aumentar esa frecuencia, el cuerpo sería transportado al pasado. En cambio, si la frecuencia se disminuía, el viaje sería al futuro. Este era el objetivo de David. Él quería viajar solo al futuro. En este momento, no se sentía atraído en absoluto por el pasado.

Así leído, parece una explicación plausible; pero no existe ninguna teoría que realmente relacione la fuerza electromagnética con un salto temporal como el de David. Aún así, esta fuerza es, quizá, la más utilizada por el cine de ciencia ficción que intenta dar un tono científico al viaje en el tiempo. Actualmente, de las cuatro fuerzas elementales del Universo (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravedad) sólo la fuerza gravitatoria parece poder influir en el tejido del espacio-tiempo (tal y como veremos en un futuro post sobre la dilatación temporal gravitatoria).

Sea como sea, la novela aporta ese toque necesario de ciencia que requiere la ciencia ficción. E introduce el concepto de plano temporal. Habla de una sucesión de planos como si fueran cuentas de un collar que gracias al viaje en el tiempo no tenemos que recorrer una por una y por orden. Se lo intenta explicar de forma simplificada a su novia:

—Lo sé, pero, ¿cómo pudieron pasarte veintiocho años en menos de un segundo? —siguió preguntando Jennifer que estaba sumergida en un mar de contradicciones.

—Sencillamente, porque yo cambié de plano mediante una teletransportación cuántica y me salté todos los planos intermedios. Tú, en cambio, no te saltaste ninguno y los recorriste todos —contestó David.


Dueño de tu futuro

En el futuro y ya en contacto con el grupo de científicos crononautas de Leroy, uno de ellos explica una experiencia temporal muy interesante. Se trata del viaje de uno de los primeros viajeros del grupo, uno de los fundadores, que realizó su salto temporal en noviembre de 1999 y que decidió ‘saltar’ a Sydney en fin de año para vivir la llegada del año 2000. Un viaje que tuvo éxito y que repitió en Hong Kong, Atenas y Londres, viviendo la llegada del nuevo milenio una y otra vez. Sin embargo, después de esta experiencia dejó de viajar. Pero ¿por qué?

Y es que el viajero presenció un fenómeno que no acababa de comprender. El 31 de diciembre vio, desde su casa en Nueva York, en la televisión, la retransmisión de la llegada del año nuevo en Sydney y se vio a sí mismo en la grabación. Sí, él había estado allí en su viaje al futuro; pero la imagen era en directo, lo que quería decir que ahora estaba en dos sitios a la vez, algo que parecía contradecir la teoría de los planos sucesivos que manejaba. Otro miembro del grupo lo intenta explicar.

— Ralph sabía que le era imposible volver a vivir todos los futuros que había vivido en sus saltos. Era técnicamente imposible. No había ninguna combinación posible de aviones que le permitiera vivir el comienzo del año 2000 en Sydney, luego en Hong Kong, después en Atenas, posteriormente en Londres y finalmente en New York. Por eso decidió no ir. Su única opción era repetir la experiencia de Sydney y luego ir realizando pequeños saltos al futuro para estar en todas esas ciudades, pero también decidió no hacerlo y no fue. Cambió su decisión y, por lo tanto, de plano. Lo que realmente sucedió después es que Ralph se vio en una grabación de otro de sus planos. Esto demuestra que cuando viajamos al futuro lo hacemos únicamente a uno de nuestros futuros. Sólo viajamos a uno de los miles de millones que tenemos. Cuando regresamos a lo que denominamos nuestro presente, podemos decidir que nuestra vida transcurra hacia ese futuro que conocemos o cambiar nuestras decisiones para que el futuro sea distinto. No sabemos si será mejor o peor. Solo sabemos que será otro. Sabemos que será diferente —concluyó diciendo Howard.

Sólo estaba viendo la grabación de uno de sus futuros. Volviendo a la metáfora del collar de cuentas, el pasado está formado por las cuentas que hemos recorrido, no pueden ser otras. Pero en el futuro se extienden distintas ramificaciones del collar y nuestras decisiones marcan qué camino y qué cuentas pisaremos. El futuro no es fijo e inalterable. Todos nosotros tendremos sólo un futuro, sólo llegaremos a uno de los millones de posibles futuros que nos aguardan según las decisiones que tomemos. Pero Ralph, que había viajado al futuro, que conocía el futuro, uno de sus futuros, era libre de redirigir su destino tras regresar al presente.


Un futuro en el pasado

Leroy y su grupo aceptan como miembro a David y quieren que viaje al pasado de nuevo. Las reglas del grupo prohíben el viaje al pasado, ellos sólo viajan al futuro y regresan. Pero, técnicamente, David no estaría viajando al pasado, sino volviendo a su presente. Sin embargo, David no tiene ninguna intención de volver a 2001, sobre todo porque en el futuro ha conocido a una chica, Jennifer.

Pero ella será la clave, ya que cuando era un bebé en 2001, la operación de corazón que Jennifer necesitaba se retrasó unos días por culpa del atentado, y ahora tiene problemas por causa de ese retraso. Así, David deberá viajar para adelantar la operación unos días, para evitar que coincida con los atentados y se tenga que posponer. Así salvará a la Jennifer del futuro. Un futuro que ya es presente para David. Pero debe volver porque la clave de su futuro está en el pasado.

Pero ¿por qué no evitar, directamente, los atentados salvando, así, muchas más vidas? Pues porque un cambio tan grande tendría muchas consecuencias incontrolables debido al efecto mariposa, que nos dice que las consecuencias de un cambio en el pasado crecen exponencialmente. Si evitara el atentado, podría no llegar a conocer a Jennifer y a Leroy y él no quiere perder su vida en el futuro.

Ahí es donde vuelve a entrar esa teoría de los planos temporales sucesivos. ¿El cambio de algo en un plano temporal alteraría todos los siguientes? ¿Podría evitar los atentados y que todo siguiera igual? ¿Podría adelantar la operación de Jennifer sin que eso alterara los planos temporales sucesivos que les permitieron conocerse?

Uno de los miembros del grupo ofrece esta explicación:

– Nuestras vidas no son más que una cadena de sucesión de planos que han implicado una decisión anterior. […] Cuando tenemos que hacer un viaje convencional, lo primero que nos toca decidir es si lo haremos en tren o en autobús. Es evidente que si lo hacemos en tren pasaremos por lugares distintos y a determinadas horas distintas a si lo hubiéramos realizado en autobús. Cada una de las posibilidades nos habrá llevado por una sucesión de planos distinta. Sin embargo, eso no va a impedir que esas dos sucesiones de planos que eran distintas en esos momentos puedan volver a confluir otra vez en una sola cuando, por ejemplo, estemos durmiendo en la habitación del hotel que ya teníamos reservado con antelación. Cada plano es sólo dependiente del anterior. El estar durmiendo en la cama del hotel no depende de si has venido en tren o en autobús. Sólo depende de la decisión de acostarse.

Esa teoría nos dice que podemos hacer ciertos cambios intermedios en el pasado sin alterar la situación de la que partimos del presente. Podemos tomar una decisión, cambiar un plano concreto y cambiar un detalle del futuro; pero aún así la nueva sucesión de planos puede llegar a ser coincidente en casi todos sus aspectos con la que se produciría si no hubiéramos hecho el cambio (con el plano del que venimos). Sin duda, la complicación es hacer los cambios justos para no alterar el producto final, para no eliminar el plano futuro al que queremos llegar.


Regresar al pasado

David debe volver al pasado, pero no será un viaje al pasado como el que estamos acostumbrados a ver en las películas. La teoría de los planos temporales sucesivos nos dice que hay distintos caminos que seguir en el futuro, pero sólo hay un camino por el que regresar, el que ya se ha hecho. David deberá regresar a un plano que ya ha vivido, a un momento y lugar concreto. En su viaje al pasado, no habrá duplicidad. No se encontrará con su yo de pasado, sino que lo ‘sustituirá’, pasará a ser su yo del pasado, pero consciente de donde viene.

En el pasado, salvo adelantar la operación de Jennifer, deberá hacerlo todo lo más parecido a como lo hizo para cambiar la menor cantidad de planos temporales posible. De hecho, el propio David tiene la teoría de que, irremediablemente, hará todo tal y como lo hizo. “Si regreso a un plano anterior en el que yo ya he estado, estoy convencido de que volveré a hacer lo mismo que hice. Otra cosa muy distinta es cómo lo haré y cómo volveré a vivir y sentir ese momento en concreto”, explica.

Así, en su viaje, vemos ‘secuencias’ que ya habíamos visto al principio de la novela, hablando con su madre en casa y con su compañero de trabajo John en un bar y en la oficina. Y lo cierto es que esos momentos cobran relevancia en este segundo viaje. Lo que dice en estos pasajes, palabras vacías al principio, ahora tienen relevancia.

—Mamá, te quiero mucho. Recuérdame que mañana cuando me levante tengo que echar una carta al correo —le dijo.

—Espero que el destinatario o la destinataria sepa interpretar tus palabras y tus sentimientos conforme a tus deseos, hijo mío —contestó Evelyn muy emocionada por el extraordinario comportamiento de su hijo.

—Tienes razón, mamá. El futuro que más deseo depende absolutamente de ello. Ojalá que pueda lograrlo, mamá —dijo David retirándose a su habitación.

El sábado, 8 de septiembre, comenzó lluvioso pero rápidamente el sol comenzó a lucir en el cielo neoyorquino. David no se quedó recluido en su casa. Después de hablar casi media hora con su madre le dijo que salía a depositar la carta en el correo y a comprar algo que pudiera ser testimonial. Algo que pudiera representar un recuerdo muy significativo.

Evelyn no dejó pasar la ocasión para exteriorizar sus deseos.

—Quizás lo más acertado sea algo que logre recordar ese día tan especial. Algo que pueda perdurar a través de los años —dijo Evelyn entusiasmada—. ¿Verdad que sí, hijo mío? —añadió.

—Sí, mamá. Tiene que ser una cosa que recuerde y certifique la fecha, el origen y el porqué de todo —dijo David.

No entendemos bien de qué habla David cuando leemos este diálogo antes de su viaje (parece que sólo quiere contentar a su madre fingiendo que tiene novia); pero tiene pleno sentido si sabemos que esa carta es la que comunicará al doctor de Jennifer que debe adelantar la operación.

Algo parecido pasa el bar con John, cuando David no quiere hablar de una supuesta chica que ha conocido en sus vacaciones (y que nos parece, entonces, que se refiere a una azafata que le había gustado).

—¿Ni siquiera me lo vas a contar a mí? —volvió a preguntar John.

—Ni siquiera a ti.

—Dime, al menos, si tiene los ojos azules. A mí me encantan los ojos azules —confesó John.

—No son azules, John. Son unos profundos y preciosos ojos negros. No puedo decirte más —contestó David.

—Está bien, amigo mío. No hay que insistir cuando el corazón está de por medio. Solamente dime cómo fue.

—Solo puedo decirte que resultó maravilloso. Dudo que pudieras entenderme —volvió a contestar David, escudándose una vez más en la mayor de las ambigüedades.

“Dudo que pudieras entenderme”. Cuando dice eso, parece que sólo quiere dejar de hablar del tema. Pero cuando vuelve a tener lugar este diálogo, tiene más sentido. ¿Cómo iba a comprender que había viajado en el tiempo?

Pero el momento crucial de repetición tiene lugar más tarde, cuando vuelve a las Torres Gemelas. La noche anterior, estuvieron bebiendo en el bar y eso trajo una mañana de resaca.

—¿Cómo has pasado la noche? —le preguntó David.

—Fatal —contestó John—. Ayer me excedí —añadió frotándose los ojos.

—Muchas veces una noche no es solo una noche —dijo David.

—No tengo la cabeza para pensar mucho. ¿De verdad crees que eso que has dicho lo justifica todo? —preguntó John.

—En buena parte creo que sí —dijo David mirando a la bahía desde su mesa de trabajo.

—Voy a buscar un café. A ver si logro despertarme. He estado a punto de no venir —dijo John.

—En cambio yo estaba seguro de que sí que vendrías —contestó David mirando a John.

De nuevo, parece un comentario sin importancia cuando lo leemos al principio de la novela, pero aquí tiene todo el sentido del mundo. ¡Claro que sabía que iría a trabajar! Él ya había vivido ese momento.

Ahora bien. ¿Qué significan estos momentos repetidos que cobran significado con el tiempo? Él sólo está haciendo lo que ya hizo, está reescribiendo su pasado tal y como lo escribió en su momento. Pero la cuestión es que si lo hace en su plano del pasado, lo que está haciendo ahora durante su viaje se está convirtiendo en su pasado. Esas frases sin sentido tuvieron lugar en su pasado porque él las diría (con sentido) al reescribirlo en su futuro viaje. Las dijo en el pasado para poder decirlas cuando volviera del futuro. Él quizá no sabía por qué las decía (simples comentarios), pero lo que haría en el futuro (en su propio pasado), su regreso a este plano temporal, le estaba condicionando.


De vuelta a las Torres Gemelas

Así, David viaja al pasado y consigue su objetivo, cambia en un detalle mínimo, pero crucial, el futuro de Jennifer, salvándola en el futuro, pero sin variar su sucesión de planos temporales para poder reencontrarse con ella. Pero él debe hacer lo mismo, así que tiene que volver a las Torres Gemelas y viajar (volver) al futuro tras el impacto del avión.

Y ahí tiene lugar otro curioso hecho temporal. En su primer y accidentado viaje, David estaba en la Torre Norte con su compañero John, que se lanzó, desesperado, por una ventana. Así que esta vez, cuando David vuelve al rascacielos el día 11 con la intención de volver al futuro, decide llevarse a John con él.

Algo sale mal y John viaja en el tiempo, al igual que David; pero no a la misma fecha. El campo de energía no les afecta por igual (por la diferencia de sus masas corporales y la distancia de la fuente de energía) y viajan a distinto año. David no viaja a 2030, de cuando partió y que era su objetivo, sino a 2042. Y allí le esperan sus conocidos del futuro, 12 años más viejos. Allí le estaban esperando, sabían que llegaría. Pero ¿cómo lo sabían, si viajar tan al futuro había sido un error?


Salir más tarde, llegar antes

Aquí llega el punto más interesante. Y es que John había viajado al año 2008. El lugar había sido el mismo, el sótano de Leroy; pero en 2008 era el laboratorio de Howard Moore, otro de los miembros del grupo de crononautas. John había llegado herido y murió pocos días después; pero antes le contó a Moore lo que había vivido junto a David. Moore se lo cayó, tampoco lo entendía muy bien; pero empezó a atar cabos cuando David apareció en 2029 (en su primer viaje).

Y es que aunque John hizo el viaje cuando David hacía su segundo viaje desde 2001, la llegada de John fue anterior a la primera llegada de David, ya que John viajó a una fecha anterior que David en su primer viaje (pese a haber partido del presente después). John salió después, pero llegó antes, y cuando Moore conoció a David ya sabía quién era gracias a John. No le cuadraba que David decía que había viajado solo, pero lo que no sabía era que el viaje de John había sido en el segundo viaje de David, un viaje que aún no había realizado. De nuevo, se veían las consecuencias antes de las causas.

Más tarde, llegó el plan del segundo viaje de David y Moore lo entendió todo. Y al ver que no volvía al 2030, de cuando partió, Moore empezó a elucubrar, pero sin contar nada a sus compañeros. Gracias a la información de John, Moore pudo calcular cuándo llegaría David y por eso le estaban esperando. Y allí se encuentra con Jennifer… y con su hija de 12 años. Y es que Jennifer estaba embarazada cuando David se fue a salvarla en el pasado. Y la niña pudo nacer porque él logró, viajando al pasado, que Jennifer no sufriera del corazón en el futuro. Efectivamente, la clave de su futuro estaba en el pasado.

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